El arzobispo Francisco Cerro reclama una tecnología al servicio de las personas y un trabajo que permita vivir con dignidad

El arzobispo de Toledo llama a revitalizar la doctrina social de la Iglesia ante la precariedad y los desafíos tecnológicos. En el “Café de Trabajo” de la Pastoral del Trabajo, reivindica la justicia salarial, la protección de las personas trabajadoras y la estabilidad laboral a la luz de la encíclica Magnifica humanitas
El arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves, ha reivindicado salarios justos, la protección de las personas trabajadoras y la estabilidad en el empleo como exigencias de la dignidad humana, durante su participación en el “Café de Trabajo” organizado por la Pastoral del Trabajo de la archidiócesis. Su reflexión, centrada en la encíclica Magnifica humanitas de León XIV, ha planteado la necesidad de poner el progreso tecnológico y económico al servicio de las personas.
“Lo más importante es la dignidad humana. El ser humano, la persona”, ha afirmado Cerro en el encuentro celebrado el 19 de octubre. Desde esta convicción, ha llamado a revitalizar la doctrina social de la Iglesia mediante la formación, el discernimiento y la aplicación de sus principios a las circunstancias concretas de la vida, especialmente allí donde la pobreza, la precariedad y la exclusión provocan sufrimiento.
El arzobispo ha señalado que el progreso de una sociedad no puede valorarse únicamente por su capacidad económica, sus avances científicos o su desarrollo tecnológico. Su dimensión humana se reconoce también en el lugar que concede a cada persona y, de manera particular, a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.
El valor de la persona no depende de su productividad
Cerro ha explicado que la dignidad pertenece a cada persona por su propia existencia. Por tanto, no puede quedar condicionada por la posición social, las capacidades, la productividad o las circunstancias personales. Este principio adquiere especial relevancia ante las dinámicas que reducen el valor de las personas a su utilidad o rendimiento.
Al abordar la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, ha recuperado una afirmación de Magnifica humanitas: “Más poderoso no significa necesariamente mejor”. Con ella ha advertido del riesgo de aumentar las capacidades técnicas sin desarrollar, al mismo tiempo, la responsabilidad ética y social necesaria para orientarlas al bien común.
Esta preocupación tiene una expresión concreta en el mundo del trabajo. El prelado ha cuestionado que las personas deban adaptar toda su existencia a las exigencias de las máquinas y ha defendido que sea la tecnología la que se ponga al servicio de quienes trabajan.
Desde esta perspectiva, la eficiencia económica no puede determinar por sí sola el valor de una actividad ni el de la persona que la realiza. Los salarios justos, la estabilidad, la protección y unas condiciones laborales compatibles con una vida digna forman parte del horizonte irrenunciable de la doctrina social de la Iglesia.
Una fe comprometida con la justicia
El arzobispo ha situado el fundamento de esta defensa de la persona en el Evangelio y en Jesucristo. La Encarnación, ha recordado, vincula la fe con la historia, la fragilidad y la realidad humana. La defensa de la dignidad forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia y exige reconocer el rostro de Cristo en quienes sufren las consecuencias de la injusticia.
Su intervención ha abordado también la verdad, la libertad y las relaciones humanas, subrayando que el desarrollo integral incluye la dimensión espiritual. Las transformaciones sociales requieren una conversión del corazón que se traduzca en prácticas de justicia, solidaridad y cuidado de las personas más frágiles.
En el encuentro participaron Miguel Andrés Llorca Díaz, delegado episcopal de Pastoral del Trabajo; Mónica Moreno Alonso, secretaria general de Cáritas Diocesana; José Antonio Vaquerizo Rodríguez, responsable diocesano de Vida Ascendente, y Enrique del Álamo González, vicario episcopal para Laicos, Familia y Vida.
También asistieron militantes de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Toledo, acompañados por Ángel Aguas, responsable general de Difusión de este movimiento de trabajadoras y trabajadores de la Iglesia, junto con representantes de otras delegaciones y personas vinculadas a la pastoral del trabajo.
Escuchar la experiencia de quienes trabajan
El “Café de Trabajo” propone un espacio abierto y participativo para relacionar el Evangelio con la vida cotidiana del mundo del trabajo. La conversación y las experiencias de quienes participan permiten acercar la doctrina social a preocupaciones como los salarios, la conciliación, las migraciones, las condiciones laborales y las dificultades de las personas jóvenes para construir un proyecto de vida.
La iniciativa busca favorecer una reflexión comunitaria que ayude a comprender estas realidades y a reconocer a las personas que hay detrás de ellas. También ofrece un ámbito de escucha para una Iglesia llamada a acompañar y a contribuir a transformar las condiciones que generan sufrimiento.
Cerro ha cerrado su reflexión con la invitación de la encíclica a ser “constructores de comunión”: un compromiso para que el progreso sirva a las personas y la fraternidad, la justicia y el cuidado tengan una expresión concreta en la vida social.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



