Más de la mitad del alumnado español utiliza inteligencia artificial cada semana para aprender

PISA 2025 constata que el uso de herramientas como ChatGPT o Gemini está más extendido entre el alumnado español que en la OCDE y la Unión Europea. El reto educativo ya no es su llegada a las aulas, sino aprender a utilizarlas de forma crítica, ética y eficaz
La inteligencia artificial generativa se ha incorporado con enorme rapidez a la vida escolar del alumnado español. Así lo muestran los resultados del Informe PISA 2025, publicado este martes 8 de septiembre por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y desarrollados para España por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.
Más de la mitad del alumnado español de 15 años utiliza ya chatbots de inteligencia artificial al menos semanalmente para ayudarse a aprender. PISA 2025 incorpora por primera vez de forma sistemática el análisis del uso de estas herramientas para el trabajo escolar.
El estudio analiza, entre otras prácticas, su utilización para resumir textos, investigar un tema, elaborar trabajos escritos o ayudar directamente al aprendizaje.
El 54% utiliza IA semanalmente para aprender
En España, el 30,2% del alumnado declara recurrir a herramientas de inteligencia artificial una o dos veces por semana para ayudarse en el aprendizaje y otro 23,9% lo hace todos o casi todos los días.
En conjunto, el 54,1% del alumnado utiliza IA al menos semanalmente para aprender, un porcentaje superior al de la OCDE y la Unión Europea.
Su utilización también está muy extendida para otras tareas escolares.
El 41,8% recurre a ella al menos semanalmente para realizar una investigación preliminar sobre un tema nuevo; cerca del 40% la utiliza para resumir textos y aproximadamente un 33% para elaborar trabajos escritos.
La fotografía que deja PISA es clara: la inteligencia artificial ya forma parte de las prácticas ordinarias de aprendizaje de una proporción muy considerable de adolescentes españoles.
La cuestión ya no es si la IA entrará en las aulas
La velocidad del cambio obliga a replantear el debate educativo. La difusión masiva de herramientas de inteligencia artificial generativa comenzó a finales de 2022 y apenas tres años después PISA ya registra su utilización habitual entre el alumnado de 15 años.
El desafío educativo, por tanto, ha cambiado de naturaleza. Ya no consiste únicamente en decidir si estas herramientas deben entrar en la escuela, sino en cómo aprender a utilizarlas sin sustituir los procesos cognitivos imprescindibles para aprender.
La OCDE aborda esta cuestión con cautela. La relación entre inteligencia artificial y rendimiento no es lineal: utilizar más estas herramientas no conduce necesariamente a mejores resultados.
El organismo internacional señala que el alumnado que no utiliza IA para determinadas tareas escolares obtiene, de promedio, mejores resultados que quienes sí recurren a ella. Sin embargo, cuando se observa su utilización general, quienes la emplean semanalmente y quienes no la utilizan pueden presentar rendimientos similares.
La clave parece encontrarse en cómo se emplea.
Una ayuda o un atajo
La OCDE reconoce las posibilidades educativas de la inteligencia artificial: retroalimentación inmediata, personalización del aprendizaje, acceso a explicaciones alternativas o apoyo para desarrollar determinadas habilidades.
Pero también alerta de sus riesgos.
Cuando la tecnología sustituye el esfuerzo necesario para comprender, razonar o elaborar una respuesta, puede reducir el aprendizaje. El informe internacional resume esta idea mediante una distinción fundamental: la tecnología debería funcionar como un andamiaje para pensar, no como un sustituto del pensamiento.
La preocupación tiene especial relevancia en un momento en el que PISA constata simultáneamente un fuerte deterioro internacional de la comprensión lectora.
La coincidencia no demuestra que la IA haya provocado esa caída. El informe no establece esa causalidad y sería incorrecto hacerlo. Pero obliga a formular una pregunta educativa difícil de evitar: qué parte del esfuerzo intelectual necesario para aprender se está delegando en las máquinas.
Aprender también a desconfiar de la respuesta
La alfabetización en inteligencia artificial emerge así como una nueva competencia.
No basta con saber formular una pregunta a un chatbot. El alumnado necesita aprender a comprobar la fiabilidad de las respuestas, detectar errores, identificar sesgos, contrastar fuentes y reconocer cuándo una respuesta aparentemente convincente carece de fundamento.
El informe español advierte de riesgos como la dependencia de respuestas automáticas, la disminución del esfuerzo cognitivo, la aceptación acrítica de contenidos falsos, el plagio y otros problemas relacionados con la integridad académica.
PISA encuentra además una asociación interesante: quienes utilizan la inteligencia artificial con frecuencia y, al mismo tiempo, han tenido oportunidades en la escuela para aprender a evaluar críticamente la información generada por estas herramientas tienden a obtener mejores resultados que quienes carecen de esa formación.
El riesgo de una nueva desigualdad
Pero tampoco todas las personas jóvenes llegan a este nuevo escenario en las mismas condiciones.
La OCDE advierte de que las oportunidades para adquirir alfabetización en inteligencia artificial son más frecuentes entre el alumnado socioeconómicamente favorecido. Esto abre la posibilidad de una nueva brecha: no solo entre quienes tienen o no acceso a la tecnología, sino entre quienes saben utilizarla críticamente y quienes se limitan a consumir sus respuestas.
La digitalización educativa deja así de ser esencialmente una cuestión de dispositivos.
PISA 2025 señala que el uso moderado de tecnología para aprender puede estar asociado con mejores resultados, mientras que el uso recreativo excesivo y la distracción digital se relacionan con peores rendimientos. Más de una cuarta parte del alumnado de la OCDE declara, además, que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias.
España presenta, al mismo tiempo, un rendimiento de 499 puntos en resolución computacional de problemas, prácticamente idéntico al promedio de la OCDE, y alrededor de una cuarta parte de su alumnado alcanza los niveles altos en esta competencia.
El reto no parece ser, por tanto, escoger entre tecnología y educación. Consiste en decidir qué tecnología, para qué aprendizaje y bajo qué criterios pedagógicos.
La inteligencia artificial ya está en las aulas y en las casas. La pregunta que deja PISA 2025 es si se convertirá en una herramienta para pensar mejor o en un mecanismo para evitar precisamente el esfuerzo que permite aprender.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



