El mundo rebasará los 1,5 °C y afronta el reto de reducir cuanto antes el calentamiento global

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte de que incluso el escenario más favorable llevará la temperatura hasta los 1,8 °C. El organismo reclama recortes inmediatos y sostenidos de las emisiones, una adaptación transformadora y mayor responsabilidad de los países que más han contribuido a la crisis climática
El aumento de la temperatura mundial se encamina a superar los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales, probablemente durante los próximos años. Evitar por completo ese rebasamiento parece ya fuera del alcance, pero todavía es posible limitar su magnitud y duración, reducir posteriormente las temperaturas y contener los efectos más graves de la crisis climática.
Es la principal conclusión del nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Limitar el rebasamiento, publicado al comienzo del Tiempo de la Creación, la celebración ecuménica que se prolonga desde el 1 de septiembre hasta el 4 de octubre y llama a las comunidades cristianas a renovar su compromiso con el cuidado de la casa común.
El escenario más favorable analizado por el organismo de Naciones Unidas sitúa el aumento máximo de la temperatura en 1,8 °C. La mayoría de las demás proyecciones apuntan a niveles superiores a los 2 °C. Ante esta situación, el PNUMA propone una trayectoria de “rebasamiento, punto máximo y descenso”: superar temporalmente el umbral, contener el calentamiento en el nivel más bajo posible y reducir después la temperatura hasta situarla de nuevo por debajo de 1,5 °C.
Esta posibilidad exige recortes “inmediatos y sostenidos” de las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente del metano, una transición acelerada desde los combustibles fósiles hacia las energías renovables y avances decididos hacia las emisiones netas cero. Mitigación y adaptación deberán desarrollarse al mismo tiempo y apoyarse mutuamente.
“Las abrasadoras olas de calor de este verano, los devastadores incendios de vegetación silvestre y las mortales inundaciones son una advertencia de lo que nos espera”, ha afirmado el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. Su conclusión señala directamente la distancia entre los compromisos anunciados y las políticas aplicadas: “Debemos lograr que la superación del límite de 1,5 grados sea lo más reducida y breve posible. Eso exige un rebasamiento de la ambición”.
Cada fracción de grado aumenta los daños
Superar el umbral establecido por el Acuerdo de París no convierte los 1,5 °C en una frontera a partir de la cual todos los escenarios sean equivalentes. El PNUMA subraya que cada fracción adicional de grado y cada año de permanencia por encima de ese nivel agravan los impactos climáticos y elevan el riesgo de provocar pérdidas irreversibles.
“No hay buenos resultados si permanecemos por encima de 1,5 °C”, advierte la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen. Las olas de calor extremo están demostrando que los efectos “llegarán más rápido, golpearán con mayor fuerza y durarán más tiempo”, con un coste creciente en vidas humanas y alteraciones sociales.
Entre las consecuencias previstas figuran la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de ecosistemas y la inundación de pequeños Estados insulares y ciudades costeras situadas en zonas bajas. También se esperan daños graves sobre la salud, la seguridad alimentaria, el abastecimiento de agua, la naturaleza, las infraestructuras y las economías.
La magnitud y la duración del calentamiento aumentarán, además, la posibilidad de cruzar puntos de inflexión capaces de producir transformaciones abruptas o irreversibles. El informe menciona la desestabilización de las grandes capas de hielo, la degradación de la selva amazónica y la alteración de la circulación de las corrientes del Atlántico, determinante para la regulación del clima.
Algunos de estos cambios podrían manifestarse de manera repentina, mientras que otros se acumularían durante décadas. Reducir cuanto antes las emisiones permitiría aminorar esos riesgos, facilitaría la adaptación y limitaría su coste humano y económico.
Pérdidas irreversibles y desplazamientos
Los años de insuficiente acción climática tendrán consecuencias incluso si la comunidad internacional consigue volver en el futuro a un calentamiento inferior a 1,5 °C. El PNUMA considera inevitables algunas pérdidas irreversibles y unas condiciones ambientales “permanentemente transformadas”.
Muchas comunidades podrían verse obligadas a desplazarse o modificar profundamente sus medios de vida. El informe sitúa así la emergencia climática más allá de la dimensión estrictamente ambiental: la adaptación a un planeta alterado plantea conflictos sobre “la justicia, el poder y la legitimidad política” y requerirá nuevos mecanismos de gobernanza inclusiva.
La advertencia adquiere una especial significación durante el Tiempo de la Creación. El diagnóstico científico coincide con el planteamiento de la ecología integral: la degradación ambiental y la desigualdad social forman parte de una misma crisis. Las poblaciones que menos han contribuido al calentamiento suelen disponer de menos recursos para protegerse frente a sus consecuencias, reconstruir sus viviendas, sostener sus empleos o abandonar territorios que han dejado de ser habitables.
El PNUMA reclama por ello que la equidad y la justicia sustenten todas las respuestas. Los países con mayor responsabilidad histórica y presente en el cambio climático deben actuar con más rapidez y ambición y aportar la financiación necesaria para que las naciones más expuestas puedan reducir su vulnerabilidad.
Voluntad política, cooperación multilateral, políticas eficaces, financiación y gobernanza inclusiva aparecen como condiciones indispensables. La adaptación deberá ser transformadora y prepararse para riesgos cambiantes, no lineales y de aparición repentina, en lugar de limitarse a reaccionar ante los daños después de que se produzcan.
La captura de carbono no sustituye la reducción de emisiones
El informe contempla también la extracción de dióxido de carbono de la atmósfera mediante la restauración forestal y otras prácticas y tecnologías. Estas intervenciones serían necesarias para alcanzar emisiones netas negativas y hacer posible una reducción posterior de la temperatura.
Sin embargo, el PNUMA advierte de que la captura de carbono debe aplicarse “además de, y no en lugar de” una disminución sostenida de las emisiones. Solo podría contribuir de forma creíble a volver por debajo de 1,5 °C si el calentamiento máximo se mantiene muy por debajo de los 2 °C y se reducen previamente todas las emisiones residuales.
Su desarrollo requerirá también marcos sólidos de gobernanza para evitar nuevos daños ambientales, desigualdades o falsas soluciones que permitan prolongar la utilización de combustibles fósiles. La transición hacia las energías renovables aportaría, además, beneficios inmediatos: mejor calidad del aire, protección de la salud pública, menores costes energéticos y mayor acceso a la electricidad.
El informe descarta tanto la resignación como la confianza en una futura solución tecnológica. Superar temporalmente los 1,5 °C no debe ser aceptado como un nuevo destino climático, sino afrontado como una situación peligrosa cuya intensidad y duración todavía dependen de las decisiones políticas, económicas y energéticas que se adopten ahora.
La nueva frontera de la acción climática consiste en impedir que el rebasamiento sea más elevado y prolongado, proteger a quienes ya sufren sus consecuencias y recuperar cuanto antes un nivel de calentamiento compatible con el Acuerdo de París. “Este es el momento de redoblar la acción climática”, concluye Andersen: “Podemos –y debemos– tomar el camino correcto”.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



