Trabajadoras y trabajadores cristianos de Europa denuncian que el sobreturismo “conduce a un callejón sin salida” para las personas y la naturaleza

Trabajadoras y trabajadores cristianos de Europa denuncian que el sobreturismo “conduce a un callejón sin salida” para las personas y la naturaleza
El Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE) reclama un cambio profundo del modelo turístico ante sus efectos sobre el empleo, la vivienda, las comunidades locales y el medio ambiente. Tras su seminario internacional celebrado en Brixen, advierte de que la maximización de beneficios de la industria se sostiene sobre la precariedad de muchas personas trabajadoras y exige salarios dignos, condiciones laborales justas y participación de la población en las decisiones turísticas

El Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE) ha cerrado su seminario internacional sobre turismo con una contundente denuncia de las consecuencias sociales, laborales y ambientales del sobreturismo. “Una minoría disfruta y se beneficia, pero todos pagan las consecuencias”, afirma la declaración aprobada al término del encuentro celebrado del 10 al 12 de septiembre en Brixen, Tirol del Sur (Italia).

Con el título “El sobreturismo conduce a un callejón sin salida tanto para las personas como para la naturaleza”, el movimiento europeo de trabajadoras y trabajadores cristianos cuestiona un modelo que, a su juicio, convierte la promesa de prosperidad asociada al turismo en “una carga insoportable para muchos trabajadores y para gran parte de la población en los centros turísticos más concurridos”.

El documento es la conclusión del seminario internacional “El turismo como factor económico desde la perspectiva de los derechos y los retos de los trabajadores y trabajadoras”, que abordó durante tres días las condiciones laborales del sector, la sostenibilidad y el impacto del turismo en las comunidades receptoras.

Para el MTCE, el problema no es el turismo en sí mismo, sino una determinada configuración del turismo de masas orientada fundamentalmente a incrementar continuamente el número de visitantes y los beneficios empresariales.

“El sobreturismo, como consecuencia del turismo de masas en su forma actual, está destruyendo la relación entre las personas y la naturaleza”, sostiene la declaración, que considera que este modelo sirve principalmente “a los intereses de las corporaciones internacionales” y no a las necesidades de las poblaciones locales.

Vivienda inaccesible y comunidades desplazadas

Uno de los impactos en los que pone el foco el MTCE es la vivienda. El crecimiento de las grandes cadenas hoteleras y de plataformas de alojamiento y reservas como Airbnb o Booking está transformando, según el movimiento, barrios y regiones enteras en “monocultivos turísticos”.

El resultado es una reducción de la oferta residencial para quienes viven y trabajan de manera permanente en estos territorios y un incremento de los precios.

“La vivienda se está volviendo escasa e inaccesible porque los apartamentos se alquilan permanentemente a clientes con alto poder adquisitivo”, señala el texto. Una dinámica que conduce, añade, a la “sistemática expulsión de los residentes” y a la destrucción de estructuras comunitarias construidas durante décadas.

La crítica del MTCE también alcanza a una paradoja del propio crecimiento turístico: mientras la industria incrementa su volumen económico, una parte de las personas trabajadoras tiene cada vez más dificultades para disfrutar de unas vacaciones.

La organización eclesial señala que el encarecimiento de los viajes dejó fuera de las vacaciones a una quinta parte de las personas asalariadas en Francia en 2025 y apunta a una evolución semejante en Alemania.

Al mismo tiempo, advierte de que las consecuencias ambientales son asumidas por toda la sociedad; y pone como ejemplo el Tirol del Sur, donde asegura que durante el caluroso verano de 2026 el consumo de agua del turismo de lujo alcanzó los 500 litros diarios por persona, compitiendo por un recurso limitado con la agricultura y la población residente.

El MTCE introduce asimismo el papel de las redes sociales en la concentración turística. Instagram, TikTok y otras plataformas pueden convertir determinados enclaves en destinos masivos en muy poco tiempo, sin que las infraestructuras, los ecosistemas ni las comunidades estén preparados para recibir esa presión.

“Estos lugares se transforman en mera mercancía a una velocidad vertiginosa”, lamentan, que cuestiona también unos hábitos de consumo turístico que muchas veces prescinden de “las consecuencias climáticas y sociales” de los desplazamientos.

El trabajo que sostiene el turismo

La declaración reserva una parte central a las personas que hacen posible el funcionamiento diario del sector. “Es alarmante la situación de muchos trabajadores del sector turístico en su conjunto”, sostienen después de escuchar durante el seminario experiencias laborales procedentes de distintos países europeos.

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Personal de limpieza, camareras y camareros y personas contratadas temporalmente afrontan, según el documento, “condiciones laborales precarias, bajos salarios, presión de tiempo y falta de protección social”, además de deterioro de la salud y graves dificultades para acceder a una vivienda en los propios territorios donde trabajan. Las mujeres soportan especialmente estas condiciones.

El movimiento europeo señala también la situación de las personas trabajadoras contratadas en países de fuera de la Unión Europea con la expectativa de encontrar un empleo digno en las zonas turísticas. Mientras estas situaciones persisten, “las empresas de plataformas y las cadenas hoteleras internacionales” obtienen importantes beneficios.

“La estrategia de maximización de beneficios de la industria turística se basa en atraer cada vez más huéspedes a costa de una creciente explotación del personal”, denuncian. No se trata, por tanto, únicamente de ordenar los flujos de visitantes. El MTCE cuestiona la lógica económica sobre la que se ha desarrollado buena parte del turismo intensivo.

Desde su identidad cristiana, rechaza “la monetización y la cosificación de regiones y ciudades enteras según los principios de la maximización capitalista de beneficios” y contrapone esa lógica con el destino universal de los bienes.

La declaración cita en este sentido al papa León XIV y su defensa de que bienes como “suelo, agua, aire” y los recursos naturales han sido entregados a toda la humanidad para servir al sustento común y no para que “solo unos pocos se beneficien de sus ventajas”.

Salarios dignos y participación de las comunidades

Frente a este modelo, el MTCE no se limita a formular una denuncia. La declaración reclama a los poderes públicos y a las empresas salarios capaces de garantizar el sustento y condiciones laborales justas en el sector turístico, dentro de una orientación económica solidaria.

También exige que las poblaciones afectadas tengan una participación obligatoria en la planificación y en la toma de decisiones sobre el desarrollo turístico de sus territorios. “El turismo no puede ser un fin en sí mismo que explote los paisajes, destruya la vivienda y agote a los trabajadores”, resumen.

La alternativa planteada pasa por subordinar la actividad económica a las necesidades de las personas, las comunidades y los ecosistemas, en lugar de medir su éxito exclusivamente mediante el crecimiento del número de turistas o de la rentabilidad empresarial.

“Necesitamos un modelo que sirva a una economía solidaria, y no solo a los balances de las corporaciones internacionales”, aseveran.

Una transformación que el movimiento vincula también con una determinada concepción del desarrollo humano.

De nuevo con palabras de León XIV, la declaración recuerda que “el valor de una civilización no se mide por el poder de sus medios, sino por el cuidado que es capaz de brindar” y por “la capacidad de ver al prójimo como una persona y no solo como una función”, concluye el MTCE.

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