Díaz reivindica el diálogo social y un cambio de rumbo para sacar a la OIT de la crisis

Díaz reivindica el diálogo social y un cambio de rumbo para sacar a la OIT de la crisis
La candidata española a dirigir la Organización Internacional del Trabajo advierte de que “la OIT está en peligro”, cuestiona la continuidad de la actual gestión y presenta su experiencia de diálogo social como aval para afrontar la crisis financiera, el retroceso de los derechos laborales y los desafíos de productividad

Yolanda Díaz ha situado el diálogo social y la necesidad de un cambio de rumbo en el centro de su candidatura para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En su comparecencia pública, ante los representantes de gobiernos, organizaciones sindicales y empleadores, la vicepresidenta segunda del Gobierno español ha advertido de que la institución atraviesa una situación de “máxima gravedad” y ha defendido que el momento exige una respuesta distinta a la actual.

“La OIT está en peligro”, afirmó Díaz al presentar las razones que sustentan su candidatura. Su diagnóstico parte de una crisis que considera no solo financiera, sino también relacionada con el retroceso de los derechos laborales y con las dificultades para responder a transformaciones económicas y productivas que están alterando profundamente el mundo del trabajo.

La vicepresidenta segunda del Gobierno fue especialmente explícita al referirse al rumbo de la organización. “La opción del continuismo no es posible. Es una gravísima irresponsabilidad”, afirmó en una intervención en la que no mencionó directamente al actual director general, Gilbert F. Houngbo, que opta a un segundo mandato.

Volver a la Declaración de Filadelfia

Díaz construyó el comienzo de su intervención alrededor de uno de los principales referentes históricos de la OIT: la Declaración de Filadelfia, aprobada en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial.

Recordó que, incluso en aquel contexto, los Estados fueron capaces de reunirse para reafirmar dos principios que siguen formando parte del núcleo normativo y político de la organización: que no puede existir una paz duradera sin justicia social y que el trabajo no es una mercancía.

A partir de ese precedente, estableció un paralelismo con la actual crisis del multilateralismo. Su argumento fue que las dificultades internacionales no justifican la parálisis institucional, sino precisamente una actuación más decidida.

“Estos dos mandatos, en plena crisis del multilateralismo, están hoy más vigentes que nunca”, sostuvo. Díaz recordó que quienes impulsaron la Declaración de Filadelfia “no detuvieron el tiempo” pese a encontrarse en plena guerra, sino que “se pusieron manos a la obra”.

La referencia sirve también para explicar el sentido que quiere imprimir a su candidatura: presentar la defensa y renovación de la OIT como respuesta a una crisis internacional que amenaza tanto al sistema multilateral como a los derechos laborales.

Una crisis que no atribuye a un solo país

La situación financiera ocupó una parte relevante de su exposición. Díaz cifró el déficit de la organización en 363 millones de dólares y rechazó que pueda explicarse exclusivamente por la falta de contribución de uno de sus Estados miembros.

“No es verdad que esta crisis se derive porque un único mandante no contribuye”, dijo sin citar a la Administración Trump.

Su crítica se dirigió a la capacidad de anticipación y gestión de la propia organización. Para argumentarlo, comparó la situación con la de otros organismos internacionales, entre ellos la Organización Mundial de la Salud, que también han tenido que afrontar problemas derivados de las dificultades del sistema multilateral.

Según Díaz, otras instituciones “se anticiparon a la crisis” y fueron capaces de gobernarla, mientras que la OIT necesita ahora modificar su respuesta.

La candidata española no limitó, sin embargo, la emergencia a las cuentas de la institución. Señaló también un retroceso mundial de los derechos laborales y una crisis de productividad, asuntos que, en su planteamiento, obligan a actualizar la capacidad de intervención de la organización.

“Tenemos que lanzar un plan para modernizar la OIT, para hablar de los problemas de nuestra época”, resumió.

En su intervención inicial no detalló todavía las medidas concretas que debería contener ese proceso de modernización, pero sí situó como objetivo una organización más capaz de intervenir ante las transformaciones que afectan al empleo, los derechos y la actividad productiva.

El diálogo social como credencial

Díaz presentó su propia experiencia política y profesional como uno de los principales avales de la candidatura.

Recordó su trayectoria como abogada laboralista y su gestión como ministra de Trabajo durante algunas de las crisis económicas de los últimos años. Citó la caída del PIB español durante la pandemia, el crecimiento posterior del empleo y su participación en iniciativas desarrolladas dentro de la Unión Europea y de Naciones Unidas.

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Pero reservó especialmente para el final la reivindicación del diálogo social, una cuestión central en una organización cuya propia estructura descansa sobre la participación conjunta de gobiernos, sindicatos y empleadores.

“En mi gestión me avalan treinta grandes acuerdos de diálogo social. Prácticamente todos ellos con acuerdo tripartito”, afirmó.

“Les digo que esto es posible”, añadió, vinculando su experiencia española con la forma en que pretende ejercer la dirección de la organización.

La referencia tiene un peso particular ante un electorado formado precisamente por esos tres grupos. El Consejo de Administración de la OIT es un órgano tripartito y serán sus miembros quienes elijan mediante votación secreta al próximo director general el 16 de noviembre.

“Sé lo que es estar al mando de un mundo en crisis”

Díaz cerró su presentación introduciendo también la perspectiva de género. Recuperó la figura de Frances Perkins, secretaria de Trabajo durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt y una de las mujeres vinculadas históricamente al desarrollo de las políticas sociales estadounidenses y a la proyección internacional de la legislación laboral.

“Soy mujer. Sé lo que es estar al mando de un mundo en crisis”, afirmó.

A partir de esa referencia reivindicó el legado de “tantas mujeres y hombres que han trabajado para construir la OIT” y vinculó ese recorrido con tres ideas que atravesaron toda su exposición: diálogo social, capacidad de acuerdo y empleo con derechos.

Houngbo defiende su gestión

Después de Díaz intervino Gilbert F. Houngbo, actual director general de la organización. El togolés reivindicó los resultados obtenidos desde su elección en 2022 y afirmó que su llegada al cargo como primer africano al frente de la OIT envió “un mensaje potente al mundo”.

Houngbo situó también la estabilidad financiera entre las prioridades inmediatas y defendió la necesidad de combinar derechos laborales, empresas productivas y diálogo social.

Además, planteó la creación de un grupo de especialistas para abordar las consecuencias de la inteligencia artificial sobre el trabajo y reivindicó que la dirección de la OIT debe ejercer como “constructor de puentes” y mantener una posición de imparcialidad entre los distintos mandantes.

Javier González-Olaechea, que cerró la jornada, puso especialmente el foco en los cambios tecnológicos y defendió que la transformación productiva debe acompañarse de acuerdos capaces de facilitar la reconversión laboral sin sacrificar los derechos fundamentales.

Las tres comparecencias formaron parte del procedimiento oficial para elegir a la persona que dirigirá la OIT a partir del 1 de octubre de 2027. La siguiente etapa serán las audiencias privadas ante el Consejo de Administración el 9 de noviembre. La votación secreta tendrá lugar el día 16.

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