El calor extremo dispara la mortalidad en el mundo ante la falta de adaptación al cambio climático

El calor extremo dispara la mortalidad en el mundo ante la falta de adaptación al cambio climático
Foto: potjanun9643720 ( vecteezy)
El aumento de las olas de calor provocado por el calentamiento global está causando miles de muertes prematuras en todo el planeta y dejando al descubierto las limitaciones de las políticas de adaptación climática, según alertan organismos científicos y sanitarios.

Europa vive uno de los episodios más graves de mortalidad asociada al calor de las últimas décadas, mientras que millones de personas, especialmente niños, ancianos y colectivos vulnerables, afrontan riesgos crecientes para su salud.

En España, el verano de 2026 ya se ha convertido en el más mortífero por calor desde que existen registros del sistema de vigilancia.

El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), dependiente del Instituto de Salud Carlos III, atribuye a las altas temperaturas 5.030 fallecimientos hasta el 24 de agosto, una cifra superior a las registradas en los veranos de 2022 (4.789 muertes), 2025 (3.832) y 2023 (3.007).

Los datos reflejan una tendencia que se repite en gran parte de Europa. Según cifras provisionales recopiladas por diversos organismos nacionales y difundidas por medios internacionales, las olas de calor de este verano han provocado al menos 35.000 muertes adicionales en el continente, con Alemania, Francia y España concentrando más de 25.000 fallecimientos asociados al exceso de temperatura.

Los científicos sostienen que esta situación no puede entenderse como una sucesión de fenómenos meteorológicos aislados. El calentamiento global causado por la actividad humana está aumentando la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor. Europa occidental registró en 2026 el bimestre junio-julio más cálido desde al menos 1979, según los datos citados del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.

El calentamiento global está multiplicando los episodios de calor extremo y sus impactos sobre la salud, coinciden numerosos estudios internacionales. Las temperaturas extremas agravan enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales y elevan significativamente la mortalidad entre personas mayores, enfermos crónicos y colectivos socialmente vulnerables.

En España, el riesgo de muerte aumenta entre un 9,1 % y un 10,7 % por cada grado que la temperatura supera los umbrales considerados peligrosos para la salud.

560 millones de niños y niñas expuestos

La crisis climática también está afectando de forma cada vez más grave a la población infantil. Una investigación de la Universidad Libre de Bruselas estima que 560 millones de niños de entre cero y nueve años, equivalentes al 43 % de la población mundial de esa edad, están expuestos a al menos un mes adicional de calor peligroso debido al cambio climático.

La cifra podría elevarse a 620 millones si el calentamiento global alcanza 1,5 grados centígrados y hasta 650 millones en un escenario de aumento de 2 grados.

La investigadora Rosa Petroiusti, autora principal del estudio, advirtió que “los niños en países en desarrollo enfrentan una exposición desproporcionada a los fenómenos climáticos extremos ahora y en el futuro, a pesar de ser los que menos han contribuido a las emisiones históricas de gases de efecto invernadero”.

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La científica subrayó además que la pobreza, la precariedad de la vivienda, la falta de refrigeración y la saturación de los sistemas sanitarios reducen la capacidad de protección frente al calor extremo.

El trabajo concluye que el cambio climático ha multiplicado prácticamente por tres el número de niños expuestos a periodos prolongados de estrés térmico, pasando de 120 millones en un escenario sin calentamiento antropogénico a 350 millones en la actualidad.

Expertos en salud pública y adaptación climática sostienen que las cifras de mortalidad no son únicamente el resultado de temperaturas más elevadas, sino también de una insuficiente preparación de las ciudades y de los sistemas de protección social.

La falta de zonas verdes, viviendas energéticamente eficientes, refugios climáticos accesibles, sistemas de alerta temprana y atención específica a las personas vulnerables amplifica el impacto de las olas de calor.

El caso español ilustra esta realidad. Las personas mayores de 75 años concentran buena parte de las muertes asociadas al calor, aunque también están en situación de riesgo los menores de corta edad, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas.

Los especialistas advierten de que, sin una reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero y sin una adaptación más ambiciosa de las ciudades, los sistemas sanitarios y las condiciones de trabajo, los episodios de mortalidad vinculados al calor podrían convertirse en una de las expresiones más visibles y letales de la crisis climática durante las próximas décadas.

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