Cuidar el trabajo también cuando descansamos

Operación salida. Inicio de vacaciones. Millones de desplazamientos. Mensajes así o similares abren estos días los informativos en nuestro país. Gran número de personas trabajadoras y familias hacen uso del derecho al descanso anual que denominamos “vacaciones”. Se dice que ayuda a romper las rutinas, a cambiar las formas de relacionarnos, al encuentro en lugares especiales, a disfrutar del aire libre y de la luz, a buscar el descanso, a recargar las pilas… Esa información ayuda a crear el relato que induce a pensar que todas las personas tendrán su merecido descanso vacacional. Sabemos que eso no es totalmente cierto, pero nos dejamos llevar por el relato.
Ese relato cae con el dato. Para muestra, un botón: el Informe FOESSA 2026 dice: “La precariedad laboral se ha convertido en la nueva normalidad del mercado de trabajo español, afectando al 47,5% de la población activa (11,5 millones de personas) atrapadas en diversas modalidades de inseguridad laboral”.
No hay que ser muy imaginativos para deducir que al menos esa cantidad de personas trabajadoras no van a acceder al derecho del descanso vacacional que entendemos normal y serán muchas más si contamos a sus familias.
Tampoco se necesita mucha perspicacia para intuir que muchas de ellas serán quienes atiendan nuestras demandas en los bares, restaurantes, chiringuitos, etc. o quienes limpien y mantengan los espacios donde nos alojemos, nos divirtamos, nos culturicemos.
Sabemos que la totalidad no podemos estar de vacaciones a la vez; también que el entramado de ocio y descanso es una actividad económica dimensionada para responder a una demanda y con una expectativa de beneficio, pero también tendría que estar socialmente claro que el entramado del descanso y su disfrute no se puede sostener sobre los hombros de personas que sufren la precariedad laboral, expresada en la temporalidad de sus contratos o la vulneración de sus derechos.
La militancia de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) rezamos la oración a Jesús Obrero, que, en una de sus estrofas, dice: “Que tu Reino sea un hecho en las fábricas, en los talleres, en las minas, en los campos, en la mar, en las escuelas, en los despachos y en nuestras casas”. Es un deseo profundo, a la vez que tarea a concretar sencillamente en nuestras realidades cercanas.
En el descanso también, porque este es tan sagrado como el trabajo, o quizás más: permite contemplar lo hecho y experimentar que tiene una prolongación social que va más lejos de lo económico. Quizás quienes estemos de vacaciones podamos tomar conciencia de que muchas personas que nos atenderán en nuestro descanso son del grupo de los once millones y medio de precarias y precarios que dice el Informe FOESSA.
Junto a la toma de conciencia, podríamos mirarles a la cara al cruzarnos con ellas, sonreír y darles las gracias por su trabajo y su servicio. También interesarnos, sin invadir su espacio, por su situación, sus condiciones… empatizar, que puede ser el primer paso para mostrar solidaridad, compañerismo, pertenencia; expresiones de humanidad que últimamente parecen no ser tendencia en nuestra cultura, pero que, en principio, han servido históricamente y sirven para sabernos juntas, unidas, no aisladas, cuidadas, sostenidas…
Haciendo esto, podremos experimentar que solidarizarnos con quienes no descansan cuando lo hacemos nosotros no interrumpe nuestro descanso, más bien nos ayuda a liberarlo del mercantilismo, a vivirlo conscientemente vinculados, no desligados de la suerte de quienes nos sirven en ese tiempo vacacional con su laboriosidad, a dejar que nuestra humanidad se despliegue cuidando el trabajo de quienes nos sirven y, de camino, el nuestro; cuidando la vida de quienes trabajan cuando descansamos y, de camino, la nuestra.
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Militante de la HOAC de Granada.
Delegado diocesano de la Pastoral del Trabajo.



