Chile: Tecnologías digitales y dignidad humana

Avances, riesgos y responsabilidad social en la era de las pantallas.
Las nuevas tecnologías digitales han transformado profundamente la vida social, económica y cultural, facilitando la comunicación, el acceso a servicios y la eficiencia en múltiples ámbitos.
Las redes sociales han acercado a las personas, ampliando la expresión; los sistemas digitales han simplificado el uso del dinero y la inteligencia artificial ha optimizado el trabajo, el estudio y el acceso a la información. Sin embargo, este progreso no es neutro ni está exento de riesgos.
Junto con sus beneficios, emergen fenómenos preocupantes: manipulación de la información, control social y el uso malintencionado de herramientas tecnológicas. Lo que en principio debería ampliar la libertad, la termina restringiendo de forma silenciosa, influyendo en la opinión pública, segmentando los tipos de audiencias o automatizando intencionadamente las decisiones de los distintos usuarios; esto plantea serios cuestionamientos éticos sobre quién controla estas tecnologías y con qué fines.
Si nos referimos al ámbito de las redes sociales, aquí se ha generado una democratización aparente de la comunicación, porque todos pueden acceder a ella, muchas veces con la ayuda de terceros ejemplos, en la familia se ve con frecuencia el apoyo para acceder a diferentes tipos de trámites; se agiliza y ahorra tiempo de espera, aunque después esos tiempos sean ocupados para seguir conectados a estas redes, los algoritmos te llevan por donde quieras transitar descubriendo nuevas propuestas. La comunicación familiar se interrumpe dando paso al aislamiento personal. Tenemos miles de amigos, pero no compartimos con ninguno de ellos, a excepción de que sea para programar algún diálogo o encuentro de interés. El lenguaje va transformándose; lo que queremos expresar hoy, mañana se expresa diferente. Muchos adultos estamos quedando fuera de este nuevo contexto social.
Últimamente, en encuentros de formación, se observa cómo una gran mayoría de los participantes está metida en las redes chateando. Con mucha frecuencia se observa a madres pasando aparatos a bebés y niños para que se entretengan o simplemente no molesten. La mayor expresión se produce en la convivencia familiar; «lo virtual lo es todo» y termina reemplazando el diálogo y el abrazo.
Lo que era una herramienta para las comunicaciones se está transformando en una necesidad de conexión permanentemente y «solo para sentirse validados con algún emoticón o un me gusta» a su publicación; así los algoritmos atrapan.
El papa Francisco advierte en Fratelli tutti
«Las redes digitales pueden exponer al riesgo de adicción, aislamiento y progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta» (FT 43).
Hay una luz que nos alerta, que muestra evidentes signos de carencias afectivas y emocionales, cambios de personalidad, falta de reconocimiento y empatía, individuos que buscan en las redes llenar un vacío.
Así que no basta con avanzar tecnológicamente, es necesario hacerlo con responsabilidad y con una mirada ética que ponga en el centro la dignidad humana, que promueva la inclusión y garantice que las tecnologías estén al servicio de las familias y el bien común.
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Movimiento Obrero de Acción Católica (MOAC)
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