La crisis de la vivienda está erosionando la salud mental de la población joven
La crisis de la vivienda está dejando una huella profunda en el bienestar emocional de la juventud española. Un nuevo informe avalada por el Consejo de la Juventud de España (CJE), Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción (FAD) y Oxfam Intermón revela que el 42 % de las personas de entre 25 y 34 años afectadas por la crisis habitacional percibe su salud mental como regular o mala
Este deterioro está estrechamente vinculado al sobreesfuerzo económico, las dificultades para emanciparse y la precariedad laboral que define a buena parte de esta generación, según el estudio conjunto, titulado Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural.
Los alquileres inasumibles, los salarios insuficientes y la incertidumbre vital están erosionando las expectativas de futuro y los proyectos personales de la población joven.
La presidenta del CJE, Andrea González Henry, advierte que “la juventud no nos jugamos solo una cuestión material, nos va la vida y la salud en poder acceder a una vivienda digna”.
Subraya que el problema no puede abordarse únicamente desde la óptica sanitaria y añade que “las soluciones no pueden ser solo sanitarias, no podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en alquileres que se comen nuestra capacidad de ahorro, en salarios que no alcanzan y en una generación que ha normalizado la incertidumbre como forma de vida”.
De ahí su reclamo de políticas de vivienda que hagan efectivo el derecho constitucional, mejoras en la protección social juvenil y más recursos de salud mental, “pero todo a la vez”.
La condena de la generación inquilina
El encarecimiento sostenido del alquiler y las crecientes dificultades para acceder a una vivienda en propiedad han transformado el modelo residencial de la población joven, hasta el punto de definir a la actual como una generación inquilina.
En 2025, la mitad de las personas jóvenes emancipadas vivía en arrendamiento y destinaba entre el 40 % y el 50 % de sus ingresos al pago de la vivienda, muy por encima del umbral recomendado del 30 %. En los hogares unipersonales jóvenes, el esfuerzo supera desde 2017 el 80 % del salario.
El informe constata que la incidencia de mala salud mental se duplica entre quienes destinan más del 50 % de sus ingresos a la vivienda frente a quienes dedican menos del 30 %.
La experta en desigualdades y juventud de Oxfam Intermón, Julia García, y coautora del informe, señala que “para muchas personas jóvenes, la vivienda marca decisiones vitales, con quién viven, qué intimidad pueden tener, cuánto tiempo pueden sostener un alquiler o hasta qué punto pueden imaginar un proyecto de vida propio”.
A su juicio, la crisis habitacional se ha convertido en un factor estructural de desigualdad que afecta a la salud mental, a las relaciones y a las expectativas de futuro.
En riesgo de pobreza
El análisis muestra que el alquiler no solo implica un mayor esfuerzo económico, sino que intensifica la vulnerabilidad social: tras pagar la renta, la diferencia entre el riesgo de pobreza antes y después del pago se mantiene en torno a los veinte puntos porcentuales.
La combinación del alto precio de la vivienda con la precariedad laboral y la inestabilidad económica agravan la situación. El informe apunta que el deterioro de la situación económica está asociado a más problemas de salud psicológica: en el último año, el 63,5 % de quienes se encuentran en situación de carencia material severa sufrió algún problema de este tipo, frente al 52,4 % de quienes no presentan privaciones.
Las dificultades para ahorrar también se traducen en más síntomas de malestar, y la falta de recursos genera un círculo vicioso: disponer de pocos medios está asociado a una peor salud mental, lo que dificulta reunir dinero para atención psicológica y, al no recibir asistencia, empeora la percepción del propio malestar.
Entre las personas de 25 a 34 años que renunciaron a apoyo profesional por motivos económicos, la mala salud mental pasó del 7 % al 19,3 %.
La salud mental, más que una cuestión individual
La directora general de Fad Juventud, Beatriz Martín Padura, recuerda que “con frecuencia abordamos la salud mental como una cuestión individual, cuando los datos muestran con claridad el peso que tienen las condiciones de vida”.
Asegura que la precariedad, la incertidumbre, la falta de autonomía y la sensación de que el futuro se aleja dejan una huella profunda en el bienestar emocional de las personas jóvenes. Ese deterioro también se manifiesta en los vínculos sociales: el 39,8 % de la juventud con carencia material severa afirma sentir soledad no deseada con frecuencia, el doble que entre quienes no afrontan dificultades económicas.
Las organizaciones firmantes instan a adoptar medidas que aborden una doble urgencia: reforzar los servicios y la atención psicológica para cuidar la salud mental de la juventud y actuar sobre los problemas estructurales que están detrás de este malestar.
Pero también demandan políticas públicas que hagan efectivo el derecho a una vivienda digna y asequible, desde el incremento del parque público hasta medidas contra las prácticas especulativas en el mercado del alquiler.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común

Redactor jefe de Noticias Obreras



