Una reflexión cristiana ante la situación de la vivienda

Una reflexión cristiana ante la situación de la vivienda

La Doctrina Social de la Iglesia considera la vivienda como un derecho humano fundamental y sagrado, esencial para la dignidad humana, la estabilidad familiar y el desarrollo personal, no como una mercancía de especulación.

Se basa para ello en el principio fundamental del destino universal de los bienes, por el que la propiedad privada está subordinada al bien común.

Sin embargo, a la propia Iglesia nos queda mucho camino por recorrer para revivir la experiencia de las primeras comunidades cristianas, donde no había personas que pasaran necesidad, puesto que quienes tenían hacienda o casa las vendían, llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de las personas responsables de la comunidad y se repartía a cada quien según su necesidad (Hechos 4, 34-35).

Tenemos dos ejemplos recientes de la contradicción que todavía se vive al interior de la Iglesia ante este tema:

El primero, sucedido el pasado 16 de febrero, en el que la Iglesia catalana firma un convenio con el Govern de la Generalitat por el que se compromete a ceder propiedades a la Administración para crear vivienda social, poniendo a disposición edificios, suelos, viviendas, y antiguas rectorías que deberán ser rehabilitadas.

Ese patrimonio pasará a formar parte del parque público de vivienda, que la Generalitat explotará en régimen de cesión por un periodo de entre 50 y 70 años, dependiendo del inmueble.

El segundo, sucedido en 2019, en el que la Fundación Fusara, dependiente del Arzobispado de Madrid, vendió pisos de 13 bloques de viviendas a una sociedad opaca llamada Tapiamar.

Estos pisos fueron donados hace décadas por particulares para su uso social, por lo que más de 200 personas en régimen de alquiler, pueden quedarse en la calle.

Si aún no se han producido los desahucios, es porque ambas entidades (Fusara y Tapiamar), están siendo investigadas por la justicia por fraude y corrupción.

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Esta tensión entre la búsqueda de la justicia social y el bien común y las adherencias al sistema neoliberal, que prioriza la rentabilidad sobre la justicia social, solo podrá ser superada recordando y poniendo en práctica las palabras de Jesús a sus discípulos y discípulas:

“Vended vuestros bienes y dadlo en limosnas….porque donde tengáis vuestra riqueza, tendréis el corazón” (Lucas 12, 33-34).

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