Europa se recalienta y acelera la crisis climática con impactos directos en el agua, la salud y el territorio

Europa se recalienta y acelera la crisis climática con impactos directos en el agua, la salud y el territorio
FOTO | Amanecer en el Delta del Ebro, en Cataluña. Agustí Descarrega, vía OMM.
Europa se está calentando a un ritmo alarmante que duplica la media mundial, consolidándose como uno de los territorios más expuestos a los efectos del cambio climático

Así lo advierte un informe conjunto de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el programa europeo Copernicus, que documenta un año 2025 marcado por récords de calor, incendios y degradación ambiental.

La evidencia es contundente y tiene una lectura inequívoca: sin decisiones políticas urgentes, las consecuencias seguirán agravándose.

Un continente bajo presión térmica

El informe constata que al menos el 95% del territorio europeo registró temperaturas por encima de la media en 2025. Se trata de una tendencia sostenida. “Desde la década de 1980, Europa se ha calentado dos veces más rápido que la media mundial”, subraya el documento.

Las olas de calor han dejado de ser excepcionales para convertirse en un fenómeno recurrente y cada vez más intenso. El continente vivió el año pasado su segunda ola de calor más severa registrada, con episodios extremos incluso en regiones tradicionalmente frías. En Fennoscandia (que abarca Finlandia, Suecia y Noruega) se alcanzaron temperaturas cercanas a los 35ºC durante tres semanas, una anomalía térmica de gran magnitud en latitudes próximas al círculo polar ártico.

España no queda al margen de esta dinámica. El sur y el este del país registraron hasta 50 días adicionales con “estrés térmico fuerte”, es decir, temperaturas sentidas superiores a los 32ºC. Este fenómeno tiene implicaciones directas en la salud laboral y en la vida cotidiana, especialmente en los sectores más expuestos, como la agricultura, la construcción o los cuidados.

Agua, nieve y territorio: los signos del deterioro

Uno de los datos más preocupantes del informe es el impacto sobre los recursos hídricos. Alrededor del 70% de los cursos de agua en Europa presentaron caudales por debajo de la media, en un contexto en el que 2025 se sitúa entre los tres años más secos desde 1992 en términos de humedad del suelo. La escasez de agua deja de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad estructural.

A ello se suma la pérdida acelerada de nieve y hielo. En marzo de 2025, la superficie nevada fue un 31% inferior a la media, lo que equivale a 1,32 millones de kilómetros cuadrados menos. Es la tercera cifra más baja desde que existen registros. Los glaciares, por su parte, continúan retrocediendo: Islandia registró su segunda mayor pérdida anual de masa glaciar.

Este deterioro tiene consecuencias en cascada: altera los ecosistemas, reduce la disponibilidad de agua dulce y compromete actividades económicas esenciales. En el ámbito marino, el 86% de las zonas oceánicas europeas experimentaron episodios de calor extremo, afectando especialmente a las praderas submarinas del Mediterráneo, fundamentales como barreras naturales y sumideros de carbono.

Incendios, biodiversidad y transición energética

El calor y la sequía han alimentado una temporada de incendios sin precedentes. Más de un millón de hectáreas ardieron en Europa en 2025, una superficie superior a la de Chipre. No se trata solo de pérdidas forestales: estos incendios suponen un golpe a la biodiversidad, aumentan las emisiones de carbono y afectan directamente a comunidades humanas.

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El informe también apunta a una mayor frecuencia de días con estrés térmico, lo que incrementa los riesgos para la salud, especialmente entre las personas trabajadoras expuestas y los colectivos más vulnerables. En este sentido, el cambio climático no es solo una cuestión ambiental, sino una cuestión social que agrava desigualdades.

En paralelo, se constatan avances en la transición energética. Por tercer año consecutivo, las energías renovables superaron a los combustibles fósiles en la generación eléctrica europea, alcanzando el 46,4% del total. La energía solar, además, marcó un récord con una contribución del 12,5%. Son datos positivos, pero insuficientes frente a la magnitud del desafío.

Decisiones políticas inaplazables

“El informe de 2025 ofrece información clara y procesable para apoyar las decisiones políticas y ayudar al público a comprender mejor el clima cambiante en el que vivimos”, afirmó Florian Pappenberger, director del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas.

Europa no puede permitirse la inacción. La aceleración del calentamiento exige respuestas a la altura, tanto en mitigación como en adaptación. Esto implica políticas públicas ambiciosas, cambios en los modelos productivos y una apuesta decidida por la justicia climática.

Desde una perspectiva social, el reto es mayúsculo. El deterioro ambiental ya está impactando en el trabajo, en la salud y en las condiciones de vida. La transición ecológica, si quiere ser justa, deberá situar en el centro a las personas trabajadoras y a los territorios más vulnerables.

Europa se calienta. Pero lo que está en juego no es solo la temperatura del continente, sino la capacidad colectiva para sostener la vida digna en un contexto de crisis climática cada vez más acelerada.

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