El sínodo fija el camino hacia la Asamblea eclesial de 2028 y llama a transformar la vida ordinaria de la Iglesia

El nuevo documento de la Secretaría General del Sínodo plantea una fase de implementación centrada en la escucha, la corresponsabilidad y el discernimiento, con especial atención a mujeres, jóvenes, pobres, personas marginadas y quienes viven al margen de nuestras comunidades
La Secretaría General del Sínodo ha publicado las orientaciones para el proceso que conducirá a la Asamblea eclesial de octubre de 2028, una nueva etapa que busca convertir la experiencia del sínodo sobre la sinodalidad en prácticas permanentes de vida eclesial. El documento plantea un recorrido de cuatro años centrado en la implementación concreta del Documento final aprobado tras las sesiones sinodales de 2023 y 2024.
El texto, confirmado y promovido por el papa León XIV tras el impulso inicial del papa Francisco, insiste en que no se trata de repetir consultas ni de añadir estructuras, sino de ayudar a las Iglesias locales a transformar el camino recorrido en “sabiduría compartida”. “Lo que está en juego no es simplemente la continuidad de un proceso, sino su maduración”, señala el documento.
La futura Asamblea de 2028 aparece así no solo como una reunión eclesial, sino como la culminación de un proceso de discernimiento y conversión que implicará a diócesis, conferencias episcopales, continentes y también a la Curia romana.
Una Iglesia que escucha y se deja transformar
El documento propone un proceso articulado en cuatro etapas: “hacer memoria”, “interpretar”, “orientar” y “celebrar”, que se desarrollará entre 2027 y 2028. Las primeras asambleas se celebrarán en las diócesis y eparquías durante el primer semestre de 2027, seguidas por encuentros nacionales, continentales y finalmente la Asamblea eclesial en el Vaticano.
El texto insiste en que estas asambleas no deben convertirse en ejercicios burocráticos ni en una “consulta sociológica”. La prioridad, afirma, es espiritual y pastoral: “La calidad de la oración, de la escucha y del compartir es más importante que la cantidad de materiales producidos”.
En esta línea, el sínodo plantea una pregunta común para toda la Iglesia: “¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad?”. La intención es releer lo vivido desde la conclusión del Sínodo 2021-2024 y discernir qué prácticas, transformaciones y dificultades están emergiendo en la vida ordinaria de las comunidades.
Uno de los aspectos más destacados del documento es la insistencia en una participación amplia y diversa en todas las etapas del proceso. Las orientaciones piden prestar “especial atención a la participación de las mujeres, los jóvenes, los pobres y quienes viven al margen de nuestras comunidades”.
La composición de las asambleas deberá reflejar esa diversidad, incluyendo sacerdotes, diáconos, vida consagrada, movimientos, asociaciones y también fieles no integrados en estructuras organizadas. El texto reclama asimismo la presencia de personas en situación de vulnerabilidad o marginación.
Reformas, corresponsabilidad y misión
Las orientaciones sitúan entre las prioridades del proceso cuestiones como la corresponsabilidad, la renovación misionera de las parroquias, el discernimiento comunitario, la transparencia y la rendición de cuentas.
También se plantea explícitamente la valorización de ministerios y carismas, así como el acceso de los laicos a responsabilidades y espacios de liderazgo que no requieren el sacramento del Orden.
El texto incorpora igualmente una dimensión social clara. Entre los ámbitos que las Iglesias deberán revisar aparecen la promoción de la paz, la justicia, el cuidado de la casa común y la presencia organizada en la sociedad en espacios como la educación, la cultura, la promoción humana, la hospitalidad o la atención sanitaria.
El documento insiste además en que el “ministerio” de la sinodalidad no puede reducirse a estructuras internas. Por ello, reclama una Iglesia capaz de habitar el mundo contemporáneo desde relaciones más transparentes, participativas y abiertas a la misión.
Una de las novedades será la elaboración de cartas dirigidas a otras Iglesias locales del mundo. Cada diócesis y cada conferencia episcopal deberán compartir los frutos, aprendizajes y desafíos surgidos en su proceso de implementación.
El documento interpreta este intercambio como una expresión concreta de comunión eclesial y de “intercambio de dones” entre Iglesias. La finalidad no es producir nuevos textos doctrinales, sino favorecer un aprendizaje compartido.
En las etapas continentales, previstas para el primer cuatrimestre de 2028, las Iglesias deberán identificar dinámicas comunes, tensiones y desafíos culturales, sociales y religiosos que trascienden las fronteras nacionales.
La culminación del proceso llegará en octubre de 2028 con la Asamblea eclesial convocada en el Vaticano. El documento subraya que tendrá una fuerte dimensión celebrativa y espiritual, y no solo deliberativa.
A diferencia de un sínodo tradicional, el texto habla expresamente de una “Asamblea eclesial de la Iglesia toda”, insistiendo en la participación y la corresponsabilidad de todo el pueblo de Dios.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



