El mundo tras los combustibles fósiles: Claves de la histórica conferencia en Santa Marta y el eco de la ecología integral

El pasado 29 de abril de 2026 marcó un punto de inflexión en la diplomacia climática global. Mientras que los procesos formales de la ONU (como la reciente COP30) han tenido dificultades para nombrar directamente el fin del petróleo, el gas y el carbón, la Conferencia de Santa Marta, coorganizada por Colombia y los Países Bajos, ha decidido dar un paso al frente. El evento ha resonado profundamente con el llamado urgente que la Iglesia católica ha formulado en sus documentos magisteriales: el fin de la era de los combustibles fósiles es un imperativo moral.
Con el lema de una “transición justa, ordenada y equitativa”, líderes mundiales, comunidades indígenas, tradicionales, organizaciones sociales y expertos se reunieron para trazar una hoja de ruta que ya no pregunta si debemos dejar los combustibles fósiles, sino cómo hacerlo sin dejar a nadie atrás.
A continuación, resumimos los puntos clave de este evento histórico, bajo la lente de la ecología integral que busca sanar tanto el “grito de la tierra” como el “grito de los pobres”:
1. Una “Coalición de los voluntarios”
A diferencia de otras cumbres, Santa Marta se diseñó como un espacio para los países que ya están listos para acelerar el ritmo. No se buscaba un consenso unánime de casi 200 países (muchos de ellos dependientes de los intereses petroleros), sino consolidar un bloque de más de 50 naciones decididas a implementar políticas de salida real del modelo extractivista.
Este esfuerzo refleja el llamado de Laudato si’ (LS, 165) que insiste en que “la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes (…) debe ser reemplazada sin demora”. Al no esperar un consenso unánime paralizante, estos países actúan bajo el principio de responsabilidad por el bien común.
2. Cambio de deuda por acción climática. Fin a la trampa fósil
Uno de los resultados más potentes fue el enfoque en la justicia económica. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y diversos representantes del Sur Global subrayaron que no se puede exigir a los países en desarrollo que abandonen sus ingresos provenientes de combustibles fósiles si están asfixiados por la deuda externa. Esto conecta directamente con la denuncia eclesial sobre la “deuda ecológica” entre el Norte y el Sur global (LS, 51).
El mensaje fue claro: una transición justa requiere mecanismos de alivio de la deuda y un Fondo Global de Transición Justa que financie la diversificación de las economías.
Traducido éticamente: No se puede hablar de transición si esta genera más pobreza. Como señala la doctrina social de la Iglesia, la propiedad privada y el capital deben estar subordinados al destino universal de los bienes. Sanar la economía es, en palabras del papa León XIV, una forma de cuidar la “casa común”.
3. Cero pozos y exploración
La conferencia reforzó el consenso científico de que, para cumplir con el límite de 1,5°C, no se pueden iniciar nuevos proyectos de extracción. Se discutió la necesidad de establecer una moratoria global en la exploración de nuevos yacimientos, en línea con las propuestas del Tratado de Combustibles Fósiles. Propuesta en plena consonancia con Laudate Deum (LD, 54): “la transición necesaria hacia energías limpias (…) no avanza con la rapidez necesaria”.
Santa Marta ha respondido a esta crítica exigiendo que la transición sea “obligatoria, eficiente y fácilmente monitoreable”, alejándose de las falsas soluciones o del “lavado de imagen” (greenwashing) que la Iglesia viene denunciando como distracciones peligrosas.
4. Reformas legales y el freno a las corporaciones
Un tema técnico pero crucial fue la discusión sobre los mecanismos de solución de controversias entre inversores y estados (ISDS), en línea con la crítica católica al paradigma tecnocrático (LS, 101). Este paradigma asume que el mercado y la tecnología se regulan por sí mismos, ignorando los límites éticos.
De ahí que existan tratados vigentes, los ISDS, que permiten a las petroleras demandar a los Estados si estos quieren implementar medidas proclimáticas; es decir, estos tratados permiten que las grandes petroleras demanden a los países que aprueban leyes climáticas ambiciosas. En Santa Marta se avanzó en la idea de anular estas protecciones legales que blindan los activos fósiles frente al interés común. Es un paso hacia la recuperación del control político sobre la economía en favor de la vida.
5. Saberes ancestrales y ecología integral
La participación de pueblos indígenas y comunidades locales no fue meramente ornamental. Se destacó que la transición energética debe evitar repetir los patrones de explotación del pasado (como el “colonialismo verde” en la extracción de litio). La hoja de ruta propuesta exige que la nueva matriz energética sea descentralizada, democrática y respetuosa con la biodiversidad.
Es un cambio de cosmovisión. Como nos recuerda Laudato si’, “la ecología integral es inseparable de la noción de bien común” (LS, 156) y las comunidades indígenas no son una minoría más, sino los principales interlocutores. Santa Marta validó que el futuro energético debe ser democrático y respetar la sacralidad de los ecosistemas.
¿Qué sigue después de Santa Marta?
Aunque esta conferencia no tuvo carácter vinculante como una COP, su impacto es político y estratégico. Los resultados servirán de base para:
- Fortalecer la posición del bloque ambicioso en las futuras negociaciones de la ONU.
- Impulsar leyes nacionales de transición en los países firmantes de la Declaración de Belém.
- Presionar para que los sistemas financieros globales dejen de subsidiar la destrucción del clima.
Santa Marta nos ha demostrado que hay vida —y esperanza— más allá del petróleo. El camino hacia un futuro descarbonizado es complejo y lleno de retos económicos, pero por primera vez contamos con una coalición decidida a recorrerlo con una brújula clara: la justicia. Se trata de un nuevo multilateralismo desde abajo.
La transición justa no es solo una estrategia económica, es un acto de reconciliación con la creación y una garantía de justicia para las generaciones futuras.

Carmelita, investigador y profesor en variabilidad del clima y sus cambios. Director del Departamento de Ecología integral de la Conferencia Episcopal Española (CEE)



