“El gran problema de nuestro tiempo es el debilitamiento de nuestra capacidad de sentirnos interpeladas por la injusticia”

“El gran problema de nuestro tiempo es el debilitamiento de nuestra capacidad de sentirnos interpeladas por la injusticia”
FOTO | Foro Krisare
El sociólogo Imanol Zubero reflexionó en el Foro Krisare sobre cómo la aceleración social, el ruido permanente y la saturación informativa están debilitando la escucha, la atención y la capacidad colectiva de reaccionar frente al sufrimiento ajeno

La intervención, pronunciada este sábado con el título “Interrumpir el ruido, recuperar la escucha, romper el silencio y alzar la voz”, articuló una reflexión sobre la pérdida de atención y sensibilidad en un contexto social atravesado por la hiperestimulación, las redes sociales y la lógica de la velocidad. Según explicó, el exceso de información y de comunicación no necesariamente genera sociedades más conscientes, sino que puede terminar produciendo nuevas formas de indiferencia y silenciamiento.

“El exceso de comunicación termina produciendo una forma profunda de silenciamiento”, sostuvo. A su juicio, el problema contemporáneo no consiste únicamente en que las personas callen frente a la injusticia, sino en que las propias condiciones de vida dificultan “escuchar, atender y dejarnos afectar por el mundo y por las demás”.

Zubero diferenció entre un “silencio malo”, asociado a la indiferencia, la desconexión y la invisibilización del sufrimiento, y un “silencio bueno”, entendido como una pausa necesaria para recuperar la escucha, la atención y la capacidad de resonar con la realidad. “Hay silencios que condenan. Pero también existen silencios que nos permiten volver a escuchar la voz del mundo y la voz de las otras”, señaló.

La aceleración como forma de alienación

Buena parte de la intervención se apoyó en las reflexiones de Hartmut Rosa y su teoría de la “resonancia”. Zubero explicó que la aceleración permanente se ha convertido en el principio organizador de las sociedades contemporáneas: “Más información, más comunicación, más productividad, más consumo, más disponibilidad”.

A su juicio, esta lógica termina erosionando la capacidad de establecer relaciones profundas con las personas, con el entorno e incluso con el propio sufrimiento. “Vivimos rodeadas de cosas y de personas, pero sin verdadera conexión con ellas”, afirmó.

Según desarrolló durante su intervención, la alienación contemporánea ya no aparece únicamente como explotación o extrañamiento laboral, sino también como saturación, agotamiento emocional y dispersión permanente. “Nos acostumbramos a consumir el sufrimiento como una imagen más entre miles de imágenes, sin tiempo para transformarlo en conciencia o responsabilidad”, advirtió.

Ante esto, reivindicó la necesidad de recuperar espacios de atención compartida, escucha y encuentro capaces de resistir la lógica social de la aceleración. “La resonancia exige tiempo, apertura y disponibilidad para dejarnos afectar”, señaló. Por eso defendió que el silencio puede convertirse también en una forma de resistencia frente a sistemas que buscan individuos “permanentemente distraídos y emocionalmente fragmentados”.

La reflexión conecta además con las reiteradas advertencias de tanto de Francisco como de León XIV sobre la expansión de una cultura de la indiferencia y de la impotencia social, marcada por el debilitamiento de los vínculos comunitarios y la creciente dificultad para reaccionar colectivamente frente al sufrimiento y la exclusión.

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“Callar también es un privilegio”

La intervención incorporó además una reflexión crítica sobre quiénes tienen realmente posibilidad de ser escuchados en las sociedades contemporáneas. Apoyándose en autoras como Gayatri Chakravorty Spivak, Eva Meijer o Reni Eddo-Lodge, Zubero advirtió de que existen estructuras sociales que distribuyen de manera desigual la credibilidad y la atención pública.

“La persona subalterna habla, pero no es escuchada como sujeto legítimo”, resumió, aludiendo a las dificultades que encuentran las voces racializadas, empobrecidas o feministas para ser reconocidas socialmente.

En este contexto, alertó de que el silenciamiento no consiste únicamente en impedir hablar, sino también en deslegitimar previamente determinados testimonios o experiencias. “Callar, no escuchar, silenciar, es también un privilegio”, afirmó.

Durante su intervención realizó una llamada a reconstruir espacios colectivos capaces de sostener la escucha y la sensibilidad frente al sufrimiento ajeno. “Por eso hoy romper el silencio exige algo más profundo que simplemente hablar. Exige recuperar la capacidad de escuchar”, defendió.

“Solo cuando algo logra afectarnos de verdad aparece la posibilidad de una palabra auténtica, de una solidaridad real y de una acción transformadora”, concluyó.

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