«Dios mandó a su Hijo al mundo, para que el mundo se salve por él»

«Dios mandó a su Hijo al mundo, para que el mundo se salve por él»

Lectura del santo Evangelio según san Juan (3, 16-18)

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Comentario

Estamos en el contexto del diálogo de Jesús con Nicodemo, un fariseo, importante, que quiere hablar con Jesús porque está sorprendido con sus enseñanzas. Va de noche y en la conversación hay toda una catequesis sobre la relación con Dios, sobre la experiencia del encuentro con Dios y la vinculación a su proyecto.

Un proyecto que Jesús le presenta a Nicodemo como un acto generoso de Dios, un plan de amor para la humanidad. Un Dios que se implica en su Hijo para hacer una propuesta de salvación. La garantía es el Hijo, que da la vida hasta el final por ese proyecto, por ese sueño del Dios Padre.

Estamos hablando de un Dios que le importa la humanidad, un Dios que se implica en una relación con la humanidad donde se juega su credibilidad porque asume lo humano hasta en la propia debilidad de lo humano, y no solo en su persona, sino que, en su propuesta salvadora, implica a todos sus seguidores… su credibilidad, como buena noticia, la ha vinculado a la Iglesia, a cada uno de nosotros y nosotras, como comunidad. ¿Recuerden aquello: «para que el mundo crea»?

Y el primer domingo después del tiempo pascual nos coloca en una clave fundamental: un Dios, que es un nosotros, sustenta una iglesia que es un nosotros y nosotras.

Muchas veces nos hemos enredado intentando explicar el Dios uno y trino; ríos de teología cargada de ingenio, pero la Trinidad es un misterio que nos conforma como Iglesia, que quiere ser sacramento de cómo ese Dios quiere que se establezcan la relaciones entre los seres humanos. Somos relación, somos un nosotros desde los mismos sueños de Dios y que Jesús, el «Hijo enviado» (Jn 3, 16-18) nos revela. «El misterio mismo de la Trinidad nos recuerda que fuimos hechos a imagen de esa comunión divina, por lo cual no podemos realizarnos ni salvarnos solos» (EG 178)[1]. La vida comunitaria forma parte de nuestra identidad cristiana. «En la medida en que Él logre reinar en nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos»(EG 180).

El documento de Praga del sínodo actual nos decía (DEC 58): «Y el modelo de todas las relaciones interpersonales es Dios en la Trinidad de las Personas» (Ucrania, Iglesia latina).

Un Dios que es un nosotros, que es comunidad, y nos invita constantemente a vivir el nosotros, nosotras, como forma de hacerle presente en nuestro mundo; por lo tanto, a ser sacramento, referente anticipador del reino.

Un nosotros y nosotras que constantemente invita a decir, proclamar, que otro mundo es posible, a «ser luz y sal de la tierra» (Mt 5, 13); a gritar desde nuestra vida eclesial que se puede vivir según los valores del Evangelio que Jesús nos mostró; desde esa fraternidad vinculada al Padre que él nos enseñó (Padrenuestro) y nos da la fuerza del Espíritu para hacerla realidad en el aquí y ahora. Un nosotros y nosotras que intentamos mostrar: «vengan y vean» (Jn 1, 39), es posible. Este reto eclesial es presencia del Dios trinitario. «Entremos en la danza trinitaria. Convirtamos nuestras vidas en experiencia de trascendencia desde el misterio de la Trinidad…».[2]

Por una parte, el Dios Creador, generoso y Padre. Por otra, solidario hasta hacerse uno de los nuestros, recorrer los caminos polvorientos de nuestra historia siendo Hijo y enseñándonos a ser hijos e hijas, y como fuerza, inspiración, sabiduría el Espíritu, amalgama de amor que hace actual, presente el amor de Dios y nos ayuda a ir descubriendo sus planes en el hoy. El Espíritu es la innovación, la creatividad, es el que empuja el «primerear» de esta Iglesia, es quien nos ha traído hasta el siglo XXI y hoy, nos ayuda para que el mensaje por el que el Hijo muere y resucita, sea también, buena noticia

Cómo podemos ver, la Trinidad no es solo una forma de ser de Dios, por cierto, muy original… no, es más, es una forma de actuar, una forma de estar presente y de comprometerse con la humanidad, y una propuesta de ser Iglesia imagen trinitaria que es comunidad como Él y en Él. Es, como decíamos antes, el reto actual de la Iglesia vivir la comunión y con una gran responsabilidad «para que el mundo crea» (Jn 17, 21). No olvidemos el grito del papa Francisco en la Evangelii gaudium cuando nos decía «¡No nos dejemos robar la comunidad!» (EG 92) Todo un Dios enamorado de la humanidad y nos invita ser como él un nosotros y nosotras.

«Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesús, el amor del Padre y la fuerza del Espíritu esté con todos nosotros». Amén.

[1]Abreviaturas: Sínodo: DEC: Documento de Trabajo para la Etapa Continental Europea. DF: Documento Final del Sínodo.
[2] Conclusiones XIV Asamblea General de la HOAC. Material 3, 1.A. (Entrar en la danza Trinitaria).

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Más en Orar en el mundo obrero, Solemnidad de la Santísima Trinidad.

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