León XIV: “La legitimidad de la autoridad no depende de la acumulación de poder económico o tecnológico, sino de la sabiduría y la virtud con que se ejerce”

El papa León XIV ha lanzado una reflexión sobre el poder en su mensaje a la sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, que finalizó este 16 de abril en el Vaticano. En un contexto internacional marcado por la crisis de las democracias liberales, el autoritarismo, la plutocracia, el debilitamiento del multilateralismo y la reconfiguración del orden mundial, el pontífice plantea que la legitimidad del poder no nace de la fuerza ni de la acumulación de recursos, sino de su orientación al bien común
El encuentro académico, que se ha desarrollado bajo el título Los usos del poder: legitimidad, democracia y reconfiguración del orden internacional, retoma un debate que la propia Academia ya abordó a finales del siglo XX, cuando la democracia parecía un horizonte indiscutido. Tres décadas después, el diagnóstico es distinto: erosión institucional, desconfianza ciudadana, auge de liderazgos autoritarios y debilitamiento del orden internacional basado en reglas.
En este escenario, León XIV ofrece una lectura que conecta directamente con la Doctrina Social de la Iglesia. “El poder no es un fin en sí mismo, sino un medio ordenado al bien común”, afirma. Y añade una idea que atraviesa todo el texto de su mensaje: “la legitimidad de la autoridad no depende de la acumulación de fuerza económica o tecnológica, sino de la sabiduría y la virtud con que se ejerce”.
En el contexto actual, donde el poder económico condiciona decisiones políticas, las grandes plataformas tecnológicas influyen en la opinión pública y resurgen modelos de liderazgo basados en la confrontación —como botón de muestra: el ataque de Trump al propio León XIV–, el mensaje del Papa introduce una enmienda a la totalidad de la lógica dominante. Frente la acumulación, propone el servicio; frente a la imposición, el discernimiento moral; frente al poder sin límites, la virtud como criterio.
León XIV recupera así una tradición clásica que vincula el buen gobierno con las virtudes: la sabiduría para “discernir el verdadero bien”, la justicia y la fortaleza para actuar con rectitud, y la templanza como freno a “la excesiva exaltación de sí” y al abuso de poder. Una crítica implícita a una cultura política marcada por el personalismo, la polarización y la lógica del dominio.
Democracia en crisis y poder sin límites
El Papa sitúa su reflexión en el corazón de la crisis democrática actual, un diagnóstico que coincide con el marco conceptual de la propia Academia: la reducción de la democracia a un mero procedimiento electoral y la pérdida de sus fundamentos éticos.
León XIV defiende la democracia como una de las formas más altas de ejercicio legítimo del poder, en cuanto reconoce la dignidad de cada persona y garantiza la participación. Pero introduce una advertencia: “Permanece sana sólo cuando está radicada en la ley moral y en una verdadera visión de la persona humana”.
Cuando ese fundamento se pierde, advierte, la democracia puede degradarse “en una tiranía mayoritaria o en una máscara para el dominio de las élites económicas y tecnológicas”. La expresión describe con precisión un fenómeno creciente: la concentración de poder en actores que, aunque no siempre sometidos al control democrático, condicionan de facto las decisiones políticas y el rumbo de las sociedades.
La nota conceptual de la plenaria ya señalaba este deterioro: la erosión de las instituciones que limitan el poder, la desconfianza hacia los cuerpos intermedios y la simplificación de la democracia como mera “voluntad del pueblo”, fácilmente manipulable mediante desinformación. En ese contexto, el mensaje del Papa actúa como una llamada a recuperar el equilibrio entre ley, derechos, deliberación y participación.
La crítica se extiende al actual momento internacional. León XIV cuestiona de forma explícita el retorno a una política basada en el equilibrio de fuerzas: “Un orden internacional justo y estable no puede emerger del mero equilibrio de poder ni de una lógica puramente tecnocrática”.
En un mundo atravesado por rivalidades geopolíticas, disputas por recursos y debilitamiento de los organismos multilaterales, el Papa advierte de que la concentración de poder “tecnológico, económico y militar en manos de pocos” amenaza tanto la democracia como la paz. El análisis coincide con el de la Academia, que alerta del retroceso del orden internacional basado en normas y del riesgo de una nueva lógica de imperio.
Frente a ello, León XIV recupera la necesidad de instituciones internacionales renovadas y de una cooperación global orientada al bien común, en línea con el magisterio reciente de Francisco. No se trata de ingenuidad, sino de afirmar que sin fundamentos morales compartidos y sin reglas comunes, el conflicto se convierte en el árbitro último de las relaciones internacionales.
Un poder que no domina: cura y restaura
La dimensión teológica del mensaje sitúa la cuestión política desde una perspectiva radicalmente distinta. Cuando “las potencias terrenas amenazan la tranquillitas ordinis”, la paz entendida como orden justo, el Papa invita a mirar al modelo de poder que revela Dios.
Y lo hace con una afirmación que redefine completamente el concepto: “La omnipotencia de Dios se manifiesta sobre todo en la misericordia y el perdón; el poder divino no domina, sino que cura y restaura”.
Esta idea rompe con la lógica dominante del poder como control, imposición o supremacía. El verdadero poder, según el horizonte cristiano, no aplasta ni somete, sino que sana, reconstruye y hace posible la reconciliación.
Desde ahí, León XIV propone una orientación concreta para la vida social y política: dejarse guiar por la “lógica de la caridad”, capaz de modelar la convivencia en términos de unidad y paz. Ahí tenemos una alternativa cultural frente a la polarización, la indiferencia y la impotencia que atraviesan hoy muchas sociedades.
El horizonte que plantea es el de una “cultura global de reconciliación”, donde la paz no sea una simple tregua, sino “el fruto de la justicia”, nacida de una autoridad “humildemente puesta al servicio de cada ser humano y de toda la familia humana”.
En definitiva, León XIV propone un cambio de paradigma: repensar el poder desde la dignidad humana, el bien común y la primacía de la justicia. Un planteamiento que interpela tanto a la política como a la cultura y que sitúa, en el centro, una pregunta de fondo: qué tipo de autoridad puede realmente sostener una convivencia justa y duradera.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



