La siniestralidad laboral no es inevitable

El 17 de abril de este año se cumplen 18 años de aquel día. El día que lo cambió todo. Tenía 33 años. Una vida por delante. Una familia. Un hijo de ocho años al que le faltaban diez días para hacer la Primera Comunión.
Todo estaba preparado: la ropa, el restaurante, la ilusión. Habíamos ahorrado para que fuese un día perfecto. Nada hacía presagiar que una fecha cercana –el 17 de abril– quedaría grabada para siempre en mi cuerpo y en mi memoria.
Se acerca también el 28 de abril, Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, una jornada en la que la OIT y el movimiento sindical reclaman algo que, quienes hemos sufrido la siniestralidad laboral, sabemos de memoria: la necesidad urgente de un cambio cultural que sitúe la prevención en el centro.
No como trámite, no como discurso vacío, sino como prioridad real. Si ese cambio hubiera existido entonces, quizá mi historia sería distinta.
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Vicepresidenta de la Asociación de Victimas de Accidentes
y Enfermedades de Andalucía (AVAELA)



