La siniestralidad laboral que no cesa

La siniestralidad laboral sigue abierta como una herida que no termina de taponar. Los datos oficiales correspondientes a noviembre de 2025 vuelven a confirmarlo con crudeza: trabajar sigue costando la vida a demasiadas personas. Incluso en un contexto en el que las estadísticas acumuladas apuntan a una leve mejora interanual, la realidad mensual desmiente cualquier lectura complaciente.
Hasta octubre, el balance ofrecía una imagen de contención, –si se permite el término en este tema tan sangrante–. Sin embargo, noviembre irrumpe como un mes de alto riesgo, concentrando decenas de miles de accidentes y 62 personas que fueron a trabajar y no volvieron a sus casas en apenas treinta días. La siniestralidad vuelve así a mostrar su verdadero rostro: el de un problema estructural que no se corrige con inercias estadísticas ni desde la impotencia.
Cada una de estas muertes tiene nombre, historia y vínculos rotos. Familias que no volverán a ser las mismas, entornos laborales golpeados, proyectos de vida truncados. No son cifras: son dramas humanos y sociales que se repiten con una regularidad insoportable.
Las condiciones desbordan la prevención
La comparación con el mes anterior permite observar que una parte relevante de la siniestralidad anual se concentra en noviembre. En un solo mes se produce un aumento significativo de siniestros, incluidos los graves y mortales. Este repunte mensual pone de relieve la fragilidad de la mejora interanual y la necesidad de analizar con más detalle los factores que influyen en determinados momentos del año.
La comparación interanual obliga también a matizar. Es cierto que el acumulado de 2025 registra menos muertes laborales que el año anterior. Pero noviembre deja una advertencia clara: la mejora no es estructural, es frágil. Basta un solo mes para sumar decenas de fallecimientos y miles de accidentes, poniendo en evidencia que el trabajo sigue organizándose, con demasiada frecuencia, al margen del cuidado de la vida de las personas trababajadoras.
Especialmente preocupante resulta la evolución de los accidentes in itinere, los que se producen de casa al trabajo o viceversa, que continúan creciendo y concentran una parte cada vez mayor de la siniestralidad. La movilidad obligada, los tiempos y ritmos impuestos y la conciliación imposible que atraviesa la vida cotidiana de muchas personas trabajadoras, con un impacto específico sobre las mujeres, tiene consecuencia concretas.
Una herida social que exige respuestas políticas
La persistencia de la siniestralidad laboral es el resultado de decisiones –y de omisiones– políticas, empresariales y organizativas. Por eso, en este contexto adquiere una relevancia decisiva la mesa de diálogo social llamada a actualizar la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
En un año conmemorativo, esta actualización debería convertirse en un acto de justicia con las víctimas del trabajo: con quienes han perdido la vida, con quienes han visto quebrada su salud y con quienes viven bajo el temor cotidiano de no regresar a casa. Reformar la ley es una oportunidad para taponar esta herida sangrante, reforzar derechos, clarificar responsabilidades y situar una prevención activa y anclada en el centro de la organización del trabajo.
Sabemos que la dignidad del trabajo no puede medirse en términos de productividad o competitividad. El respeto a la vida de las personas trabajadoras debe ser el primer indicador. Sin ella, cualquier crecimiento es un fracaso moral. Cada muerte en el trabajo es un recordatorio de que algo esencial no funciona. La memoria de las víctimas exige decisiones políticas valientes, diálogo social efectivo y una legislación capaz de proteger de verdad. ¡Escuchen el clamor de las víctimas!
Nadie debería perder la vida por ganarse el pan. Los lugares de trabajo deberían “ser siempre espacios de vida –donde las personas pasan cada día gran parte de su tiempo y emplean una gran porción de sus energías– con frecuencia se transforman en lugares de muerte y desolación”, denunció recientemente el papa León XIV. Porque una sociedad que se acostumbra a estas muertes termina aceptando, sin apenas darse cuenta, una injusticia que la degrada.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Suma tu donación y ayúdanos a seguir construyendo, día a día, esta mirada

Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



