Iglesia por el Trabajo Decente en Almería: “Sin vivienda accesible, la exclusión se perpetúa, aunque exista empleo”

El Círculo de Silencio organizado por ITD vinculó la precariedad laboral con la exclusión residencial y reclamó salarios suficientes, regulación de los alquileres y más vivienda pública
“Tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna”, sostuvo el Círculo de Silencio convocado por la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) en Almería, que este miércoles puso el foco en las personas trabajadoras cuyos salarios no alcanzan para acceder a un techo. Una llamada a reconocer que la precariedad laboral y la crisis habitacional se refuerzan y cierran las puertas a una vida digna.
En continuidad con la Jornada Mundial del Trabajo Decente, convocada con el lema “Ante la exclusión, trabajo decente”, el encuentro sintetizó la denuncia de las injusticias con el reconocimiento de las luchas y esperanzas del mundo del trabajo.
La vivienda ocupó un lugar central. La iniciativa señaló las situaciones de hacinamiento y la insuficiencia de unos ingresos que obligan a compartir casa, endeudarse o renunciar a un proyecto de vida autónomo. En su reflexión, cuestionó que pueda hablarse de un trabajo digno cuando su remuneración no permite afrontar una necesidad tan básica como disponer de un hogar.
“Cuando el derecho a la vivienda se subordina a la lógica especulativa, el trabajo pierde su capacidad de sostener una vida digna”, expresó ITD.
La precariedad cierra las puertas a la emancipación
La situación de la juventud tuvo un peso destacado en la denuncia. La dificultad para acceder a un empleo estable y los alquileres inasumibles prolongan la dependencia y frustran las posibilidades de emancipación. Tener estudios y trabajar no aseguran poder construir un proyecto de vida propio.
En el Círculo se relacionó estas dificultades con los contratos temporales, las jornadas parciales y las prácticas sin remuneración que encubren trabajos gratuitos. Condiciones que debilitan los ingresos y agravan la incertidumbre ante el pago del alquiler.

Junto a la juventud, ITD señaló a las mujeres y a las personas migrantes entre quienes encuentran mayores obstáculos para acceder a derechos fundamentales. El miedo al desahucio, los empleos sin contrato, las horas extraordinarias sin pagar y la expulsión de los barrios aparecieron como expresiones de una misma inseguridad cotidiana.
“El trabajo decente no puede desligarse del derecho a un techo digno: sin vivienda accesible, la exclusión se perpetúa, aunque exista empleo”, se subrayó en este gesto.
La denuncia alcanzó también a la desigualdad que genera la acumulación de vivienda. ITD cuestionó una dinámica en la que unas personas incrementan su patrimonio mientras otras deben destinar sus salarios a alquileres que les impiden avanzar hacia una mayor autonomía.
Salarios para vivir y vivienda asequible
Ante esta realidad, el Círculo de Silencio reclamó respuestas concretas. “Reclamamos trabajo decente: empleos estables, salarios justos y condiciones que permitan vivir con dignidad”, expresó la iniciativa.
Las demandas laborales incluyeron contratos indefinidos a tiempo completo, sueldos acordes con el coste de la vida y medidas que favorezcan la conciliación familiar y personal. La reivindicación salarial quedó vinculada a la capacidad real de las personas trabajadoras para sostener su vida y la de sus familias.
En vivienda, ITD exigió políticas públicas que garanticen un acceso digno y asequible, la ampliación del parque público y la regulación de los precios del alquiler. También reclamó “el cese de la especulación que expulsa a familias enteras de sus barrios”.
La permanencia en el barrio formó parte de esa defensa del derecho a un hogar. La expulsión residencial rompe también relaciones de convivencia y redes de apoyo construidas durante años.
“Exigimos políticas públicas que garanticen el acceso a una vivienda asequible, frenen la especulación y protejan a las personas”, manifestó ITD.
Abrir puertas a la esperanza
La imagen de unas llaves capaces de abrir las puertas que cierra la exclusión articuló la llamada a la participación y al compromiso. El trabajo decente apareció como una de esas llaves para transformar el miedo y la incertidumbre en posibilidades de vida.
Durante el gesto, se invitó a poner palabras y propuestas a esa esperanza compartida: cómo abrir caminos donde los salarios insuficientes, la precariedad y los alquileres imposibles bloquean el futuro.
Desde su identidad cristiana, la iniciativa presentó el encuentro como una celebración de “la vida, las luchas por ir haciendo el Reino posible en el mundo del trabajo”, unida a la denuncia de cuanto atenta contra la dignidad de las personas trabajadoras.
“Es tarea de toda la sociedad conseguir que sea posible una realidad distinta”, afirmó ITD. Una responsabilidad que el Círculo de Silencio concretó en la defensa conjunta del trabajo decente y la vivienda digna.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



