Disturbios por toda Europa en las movilizaciones impulsadas por jóvenes desencantados

Disturbios por toda Europa en las movilizaciones impulsadas por jóvenes desencantados
Decenas de miles de jóvenes, en su mayoría pertenecientes a la conocida como generación Z, se han movilizado en las últimas semanas en varios países europeos para protestar contra la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la educación y la vivienda, el aumento del coste de la vida, provocando en algunos casos graves episodios de violencia.

La desconfianza en las instituciones  y en el futuro se ha hecho notar, en algunos casos con enfrentamientos con la policía, ataques a establecimientos e instituciones públicas en Francia, Bélgica, Italia y Albania, en un contexto marcado por importantes citas electorales en Europa.

Francia se ha convertido en el principal foco de las protestas. Las movilizaciones, iniciadas hace más de un mes por estudiantes de secundaria, han llegado a reunir a cientos de miles de personas y han incorporado progresivamente a sindicatos, agricultores, transportistas, funcionarios y miembros del movimiento de los chalecos amarillos.

Los manifestantes reclaman una mayor inversión en educación pública, más docentes, reducción del número de alumnos por aula y mejoras en las infraestructuras educativas.

El presidente francés, Emmanuel Macron, compareció la noche del domingo en un mensaje a la nación marcado por la gravedad de los disturbios registrados durante las últimas semanas y, especialmente, durante la jornada del sábado, que dejó miles de detenidos, centenares de agentes heridos y numerosos daños materiales en varias ciudades del país, incluido el incendio del Ayuntamiento de Limoges.

“Me dirijo a ustedes esta noche en un momento de extrema gravedad”, afirmó el jefe del Estado al inicio de su intervención. Macron atribuyó los incidentes a “alborotadores procedentes de grupos de extrema izquierda”, a los que, según dijo, se sumaron “numerosos delincuentes”.

“Nada lo explica, nada lo justifica”

El mandatario condenó especialmente el incendio del Ayuntamiento de Limoges y los ataques a edificios públicos y comercios. “Nada lo explica, nada lo justifica. Todos sentimos rabia y vergüenza”, declaró.

Macron defendió también una respuesta judicial contundente frente a los actos violentos. “Quienes hayan destruido deberán pagar por ello; quienes hayan intentado derribar la República tendrán que responder por sus actos”, aseguró, en referencia a los saqueos, incendios y ataques contra instituciones públicas registrados durante las protestas.

Frente a las peticiones de parte de la oposición y de algunos responsables políticos para decretar el estado de urgencia, el presidente optó por anunciar restricciones a determinadas concentraciones en los próximos días, aunque evitó medidas excepcionales de mayor alcance.

En cambio, insistió en que Francia dispone de un cauce democrático próximo para canalizar el descontento social. “Faltan seis meses para las elecciones”, recordó en varias ocasiones.

El jefe del Estado vinculó además la tensión en las calles con el contexto preelectoral y acusó a quienes llaman a mantener la movilización de intentar trasladar el debate político fuera de los cauces institucionales.

Malestar generacional

Sin citar únicamente a los autores de los disturbios, señaló que “los debates no deben desarrollarse en la calle ni mediante la violencia” y defendió que las diferencias políticas deben resolverse en las urnas y en el marco democrático.

No obstante, Macron trató de diferenciar a los grupos violentos de los estudiantes que iniciaron las movilizaciones por el deterioro de la educación pública. “Jamás debemos confundir a los manifestantes que tienen reivindicaciones legítimas con aquellos que han destruido, destrozado y saqueado”, afirmó.

En uno de los pasajes más conciliadores de su intervención, reconoció la existencia de un malestar generacional entre la juventud francesa. ”

Nuestra juventud siente una profunda angustia ante su futuro y su capacidad para encontrar su lugar en la sociedad”, manifestó. “Comprendo a nuestros alumnos de secundaria y a nuestros estudiantes universitarios. Su voz debe ser escuchada”.

Con estas declaraciones, Macron intentó combinar un mensaje de firmeza frente a los disturbios con un reconocimiento de las reivindicaciones de fondo expresadas por miles de jóvenes en las calles.

Las demandas estudiantiles, al igual que la de los demás sectores que se han sumado a la movilización chocan con un escenario económico complejo. Francia figura entre los Estados con mayores niveles de deuda pública de la Unión Europea, lo que limita el margen de maniobra presupuestario.

El movimiento francés ha inspirado protestas similares en otros países.

En Bélgica, estudiantes universitarios y de secundaria han salido a la calle contra los recortes en la enseñanza francófona y el incremento previsto de las matrículas. La presidenta de la Federación de Estudiantes Francófonos, Lenaïk Dumont, denunció que las reformas educativas y las restricciones al acceso a ayudas públicas afectan especialmente a los estudiantes con menos recursos.

“El acceso a la universidad no debería depender de la capacidad para endeudarse. La educación es un derecho, no un privilegio”, afirmó la dirigente estudiantil.

En Italia, las manifestaciones derivaron en incidentes violentos durante el fin de semana, especialmente en Milán. Aunque las marchas comenzaron de forma pacífica, al parecer grupos de jóvenes protagonizaron enfrentamientos con la policía, saqueos y actos vandálicos en varias ciudades, entre ellas Turín, Bolonia, Brescia y Bérgamo.

Las autoridades italianas informaron de al menos 160 detenidos y 141 agentes heridos. Entre los episodios más destacados figuran los ataques a establecimientos comerciales en el centro de Milán y el asalto a una conocida librería en Turín.

El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, aseguró que no recordaba una situación semejante en la ciudad desde hacía una década y reclamó un refuerzo de los dispositivos de seguridad.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, condenó los disturbios y acusó a sectores de la oposición de relativizar los actos violentos, mientras que diferentes partidos políticos coincidieron en rechazar los altercados.

Palestina, educación y rearme

Las reivindicaciones de los jóvenes europeos combinan demandas sociales tradicionales con nuevas preocupaciones políticas. En algunos países, las protestas han mantenido vínculos con las movilizaciones universitarias en solidaridad con Palestina surgidas en los últimos años.

La socióloga italiana Donatella della Porta considera que la generación Z ha crecido en un entorno marcado por crisis sucesivas, desde la austeridad económica hasta la pandemia, el cambio climático y los conflictos internacionales.

En Países Bajos, organizaciones estudiantiles mantienen asimismo protestas contra el endeudamiento universitario y el aumento del gasto militar. La presidenta del sindicato nacional de estudiantes, Evy Kras, alertó de que muchos jóvenes continúan arrastrando deudas educativas que podrían prolongarse durante décadas.

En el este del continente, las movilizaciones también han adquirido relevancia política. En Serbia, casi dos años de protestas tras un accidente ferroviario que causó 16 muertos desembocaron en la convocatoria de elecciones anticipadas.

En Albania, las protestas estudiantiles se han unido a las movilizaciones contra varios proyectos turísticos, generando enfrentamientos con la policía y daños en edificios públicos, incluido el Ministerio de Educación.

Precariedad y desafección política

Detrás de las movilizaciones aparece un sentimiento compartido entre muchos jóvenes europeos: la percepción de que sus perspectivas de futuro son peores que las de generaciones anteriores.

Según diversos datos citados por analistas, el desempleo juvenil en la Unión Europea supera ampliamente la media general y cerca de una cuarta parte de los europeos de entre 15 y 29 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.

Voces expertas apuntan al impacto del envejecimiento demográfico y al creciente peso electoral de las personas mayores, factores que, a su juicio, influyen en las prioridades de las políticas públicas.

La desafección política es otro de los elementos comunes. Diversas encuestas muestran que una mayoría de menores de 30 años en países como Francia, Italia o España considera que la clase política no representa adecuadamente sus intereses.

“Los jóvenes no somos apáticos. Estamos enfadados y no vamos a quedarnos de brazos cruzados”, aseguró la estudiante belga Lenaïk Dumont.

Las organizaciones estudiantiles europeas destacan además un aumento sostenido de la movilización. Solo entre marzo y mayo de este año se registraron decenas de acciones de protesta en más de una veintena de países del continente.

Con un ciclo electoral que afectará a varios de los principales países de la Unión Europea, el alcance político de esta nueva ola de movilización juvenil será una de las incógnitas centrales de los próximos meses. Una de las pancartas exhibidas durante las protestas en Italia resumía el sentir de muchos manifestantes: “Si nos quitáis el futuro, os bloqueamos el presente”.

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