Carmen y Charo ponen rostro en Jaén a una Iglesia llamada a implicarse ante la crisis de la vivienda

Carmen y Charo ponen rostro en Jaén a una Iglesia llamada a implicarse ante la crisis de la vivienda
Los testimonios escuchados durante la Jornada Mundial por el Trabajo Decente plantean a las comunidades cristianas de la diócesis el reto de pasar de la sensibilización al acompañamiento concreto de las familias amenazadas por la precariedad laboral y habitacional

Charo trabaja en la hostelería y tiene dos hijos menores. Carmen es madre de tres hijos y lleva más de una década viviendo con su familia en la misma casa. Sus situaciones son distintas, pero ambas muestran hasta qué punto tener un empleo o llevar años construyendo un hogar ya no garantiza poder conservar una vivienda digna.

Sus voces ocuparon el centro de la vigilia organizada el pasado 7 de octubre en Villargordo por la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente de Jaén. Más allá del gesto simbólico de aquella tarde, sus vivencias plantean a la Iglesia diocesana: cómo acompañar a las personas trabajadoras que afrontan un desahucio, la pérdida de su hogar o la incertidumbre permanente sobre su vivienda.

Charo había sido desahuciada apenas un día antes de la celebración. Trabaja en la hostelería en Jaén, pero la temporalidad de su contrato dificulta que pueda cumplir las condiciones que se le exigen para acceder a un nuevo alquiler.

La deuda que desembocó en el desahucio comenzó después de quedarse desempleada durante su embarazo. Intentó negociar el pago fraccionado y encontrar otra vivienda asequible, sin conseguirlo. Tras perder su casa junto a sus dos hijos, tuvo que recurrir al centro de transeúntes.

Su petición es muy concreta: necesita una solución habitacional temporal y digna en Jaén que le permita mantener tanto su trabajo como el entorno de sus hijos. Esta situación refleja precisamente una de las contradicciones denunciadas este año por Iglesia por el Trabajo Decente, la de tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda.

El manifiesto del 7 de octubre advierte de que alquileres y precios inasumibles están obligando a personas trabajadoras a endeudarse, compartir vivienda o renunciar a un proyecto autónomo de vida.

Vivir con miedo a perder la casa

Carmen afronta otra forma de inseguridad. Su familia reside desde 2014 en una vivienda que terminó sometida a una ejecución bancaria contra su anterior propietario. Después de años de incertidumbre y con el acompañamiento de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y de su abogada, consiguió en 2021 un contrato social por siete años.

La venta posterior del inmueble a un fondo de inversión ha devuelto la preocupación a la familia. Según explicó Carmen durante la vigilia, el nuevo propietario llegó a solicitar una copia de las llaves de la vivienda sin previo aviso ni consentimiento. Su testimonio muestra el drama humano que hay detrás de la crisis de la vivienda: no se trata solo de conservar una casa, sino de proteger el hogar donde crecen sus hijos, donde la familia ha construido su vida y donde espera seguir desarrollando su futuro.

Los casos de Carmen y Charo permiten comprender de manera particularmente directa el vínculo entre vivienda y trabajo que ITD ha querido colocar este año en el centro de su campaña. Sus portavoces, Alex Bernet y Ángel Aguas, señalaban que “tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna”. Cuando la vivienda queda sometida a la lógica especulativa, añaden, “el trabajo pierde su capacidad de sostener una vida digna”.

Del gesto al acompañamiento

La celebración de Villargordo quiso representar precisamente ese tránsito. Primero, ante la verja cerrada del templo, aparecieron expresiones como “contrato inseguro”, “jornada parcial”, “miedo al desahucio” o la imposibilidad de construir un proyecto de vida. Después se abrió la verja y los mensajes cambiaron: “trabajo decente”, “vivienda digna”, “estabilidad”, “tiempo para vivir” y “proyecto de vida”.

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El símbolo plantea la cuestión de cómo abrir esas puertas cuando quienes llaman tienen nombres y problemas concretos. La propia iniciativa estatal de Iglesia por el Trabajo Decente señala entre las tareas de la Iglesia la “denuncia, concienciación y propuesta”, pero añade una dimensión significativa: “visibilizar a las personas que sufren la injusticia y acompañarlas en un proceso de transformación de la sociedad”.

A partir de ahí, esta realidad de Jaén permite plantear varios compromisos posibles para la Iglesia diocesana: mantener un acompañamiento cercano de Carmen y Charo mientras dure su situación; fortalecer la coordinación entre parroquias, Cáritas, organizaciones de pastoral del trabajo y movimientos sociales que trabajan por el derecho a la vivienda; detectar preventivamente familias amenazadas por desahucios; facilitar mediación y asesoramiento cuando sea posible; y utilizar la presencia pública de la Iglesia para reclamar soluciones habitacionales a las administraciones.

Los testimonios de Carmen y Charo plantean la necesidad de traducir lo expresado durante la vigilia en acciones de acompañamiento y apoyo a las familias que sufren la precariedad laboral y la inseguridad de la vivienda.

La iniciativa diocesana sí recuerda expresamente que precariedad laboral y problemas habitacionales no pueden abordarse por separado y reclama tanto el compromiso de las comunidades como una respuesta preventiva de las administraciones.

ITD de Jaén destaca el acuerdo que ha reunido a organizaciones sociales, sindicales y eclesiales en torno a una declaración en el Ayuntamiento de Jaén para avanzar en la prevención de los desahucios y el acompañamiento de las familias vulnerables.

Ese puede ser, precisamente, el terreno en el que medir qué queda de aquella vigilia después de que se apagaran las luces del templo. La llave simbólica que recibieron quienes participaron en la celebración pretendía recordar la responsabilidad de “abrir las puertas” a la justicia social.

Para Carmen y Charo, esa puerta es la posibilidad de disponer de un hogar seguro para ellas y sus hijos.

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