«Amarás al Señor, tu Dios, y al prójimo como a ti mismo»

Lectura del Evangelio según san Mateo (22, 34-40)
Cuando los fariseos oyeron que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, experto en la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
–Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?
Jesús le contestó:
–Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas.
Comentario
El conflicto estaba servido. Todos contra él, la explanada del templo era un ir y venir de mensajeros, de cuchicheos y corrillos intentando poner a prueba a Jesús. Todos los de la «casta» iban pasando y eran puestos en ridículo o eran denunciados por una religiosidad en la que no escuchaban a Dios, y hacían lo que les interesaba a ellos. Una «casta de gente manipuladora de Dios».
Y entre parábolas de viñas y bodas, expulsión de mercaderes, cambistas y usureros, arrendatarios mafiosos, cínicos aduladores, sofistas tramposos o populistas que querían darle a elegir entre Dios o Roma… la escalinata y explanada del templo era diariamente un lugar donde estallaba la esperanza, la ilusión y por otro lado el miedo, la murmuración, y las estrategias para acabar con Jesús.
Los situados, los religiosos, los que tenían el poder en aquel espacio y lugar estaban preocupados, era un hombre muy especial, hablaba de Dios de forma distinta, actuaba con autoridad y la gente empobrecida y sencilla se alegraban por todo aquello que salía de su boca. Su forma de leer e interpretar la Ley y los profetas era muy original y sus conocimientos les desconcertaban.
Los fariseos habían perdido con la famosa moneda el debate. Los saduceos habían salido del corrillo de Jesús sin poder articular palabra; ahora volvían los fariseos, un grupo con mucha fuerza y autoridad en el judaísmo, eran como la columna laical del judaísmo, con un gran conocimiento sobre la Ley y su cumplimiento. Tenían otra pregunta complicada. ¿Cuál es el mandamiento más importante?
¿Por qué? Había 613 mandamientos, entre ellos 245 preceptos y 365 prohibiciones. Había según categorías posibilidad de cumplir algunos y otros no, las mujeres, por ejemplo, tenían que acatar las prohibiciones, pero no tenían el deber de cumplir todos los preceptos. Eso generaba clases y privilegios. Y por otra parte había debate sobre cuál podría ser el primero. A Jesús se le pedía que eligiera: ¿qué mandamiento quitas para priorizar otros?
No era tan sencilla la pregunta. La mayoría de los estudiosos de la Ley consideraba que todos los mandamientos tenían la misma importancia. Otros defendían que guardar el sábado era la primera obligación de todo judío. También había alguna escuela, la de Hillel, que defendía como más importante el amor al prójimo. A nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento, eran dos.
En Mateo y en Marcos, Jesús responde recitando la shemá (escucha), que todo israelita piadoso recitaba dos veces cada día (Dt 6, 4-9); pero Jesús añade una referencia al Lev 19, 18, que prescribe amar al prójimo como a ti mismo. La respuesta de Jesús une dos mandatos, el amor a Dios no se puede separar del amor al prójimo.
No es una ocurrencia de Jesús para una salida dialéctica, ha formado parte de su forma de hablar de Dios y entender las relaciones entre los seres humanos.
La espiritualidad cristiana, el encuentro personal e íntimo con Dios, el amor a Dios está sobre arena si, al mismo tiempo, no se da con el prójimo o no se trasparenta a través de una relación fraterna con el prójimo. La referencia a la proximidad, al prójimo nos coloca en una espiritualidad distinta que tiene raíces en la tierra, en la carne, en la vida de las personas. El sueño de Dios es que recemos el Padrenuestro para decirle que llamándole Padre nos reconocemos como hermanas y hermanos, que nos queremos, perdonamos, y juntos, juntas construimos su reino.
La primera lectura del Éxodo ya nos habla de un tipo de prójimo por el que «Dios bebe los vientos». Y no olvidó Jesús definir lo que es el prójimo con mucha claridad, y así apareció el samaritano, y el juicio final… que van concretando quiénes son «más prójimos»; los más pobres y necesitados, los que están fuera del sistema y también nos dice como amarles: no solo como a ti mismo… es más, como Él nos ha amado (Jn 13, 34) y ese es el mandamiento nuevo que hace viejo todos los demás.
Al final las consecuencias siguen estando en el evangelio, el amor a los demás nos vincula a la vida de Dios: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte» (1 Jn 3, 14). Y ese amor a los demás, en concreto a la persona que está a nuestro lado, es criterio de veracidad de que amamos de verdad a Dios: «Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).
El papa Francisco en la presentación de la Fratelli tutti dijo algo tan importante para la humanidad como esto: «Los signos de los tiempos muestran claramente que la fraternidad humana y el cuidado de la creación constituyen el único camino hacia el desarrollo integral y la paz». Pero, de alguna manera, nos invitaba a los cristianos a ser sacramento: anticipadores y referentes de la propuesta que hace.
No es ingenuo el planteamiento cristiano, el papa Francisco lo expresa de una forma clara y potente, invitando a que se convierta, el amor a los demás, en acción política: “Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más, convoco a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (FT 180), nos dice en la Fratelli tutti, que requiere hoy, más que nunca una lectura sosegada, para que esa «música del Evangelio» no se apague en cada persona cristiana y menos en la Iglesia (FT 277).
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Consiliario general de la HOAC
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