El trabajo invisible que alimenta la inteligencia artificial por unos pocos centavos

Detrás de los sistemas de inteligencia artificial que generan textos, imágenes o respuestas automatizadas hay miles de personas que clasifican datos, revisan contenidos, corrigen errores y entrenan los modelos. Una fuerza de trabajo global, en gran medida invisible, que desarrolla tareas fragmentadas a través de plataformas digitales y que, en algunos casos, recibe remuneraciones de apenas unos centavos
El profesor Julián Posada, investigador sobre trabajo digital y plataformas, ha explicado en una entrevista con Democracy Now! cómo funciona esta cadena laboral que sostiene buena parte del desarrollo actual de la inteligencia artificial. Su investigación, realizada durante varios años entre trabajadores de datos, muestra hasta qué punto la apariencia de automatización oculta una intervención humana constante.
Las personas que realizan estas tareas clasifican imágenes, etiquetan objetos, transcriben contenidos, generan ejemplos para entrenar modelos o valoran posteriormente la calidad de sus respuestas. Son trabajos necesarios para que los sistemas puedan aprender y mejorar, aunque quienes los realizan suelen desconocer para qué empresa trabajan, a qué modelo están contribuyendo o cuál será el destino final de los datos que producen.
Una nueva forma de trabajo a destajo
Posada describe un sistema laboral organizado en torno a microtareas y remuneraciones extremadamente bajas. Durante su investigación en Venezuela encontró trabajadores que podían recibir alrededor de 50 centavos de dólar por hora o cantidades reducidas por completar cientos o incluso miles de operaciones.
En la práctica, el trabajo se remunera por tarea realizada, en una lógica que recuerda al antiguo trabajo a destajo, trasladado ahora a la economía digital. La plataforma distribuye los encargos, establece los tiempos, evalúa el rendimiento y determina qué trabajadores continúan accediendo a nuevas tareas.
La relación laboral, además, aparece desdibujada. Las personas trabajadoras no siempre conocen quién es el cliente final ni disponen de un responsable humano con quien negociar sus condiciones.
Posada resume esa realidad con una expresión especialmente significativa: “El gerente aquí es el algoritmo”.
Los sistemas automatizados asignan las tareas, supervisan los resultados y condicionan las posibilidades de continuar trabajando. La tecnología actúa así no solo como herramienta, sino también como mecanismo de organización y control laboral.
Una fuerza de trabajo global
La investigación muestra además cómo este trabajo se desplaza entre países en función de las necesidades de la industria tecnológica y de la disponibilidad de mano de obra.
Durante los años de mayor crisis económica en Venezuela, las plataformas encontraron una población con formación, acceso a internet y una fuerte necesidad de obtener ingresos en dólares. Posteriormente, con el desarrollo de los grandes modelos lingüísticos, una parte importante de estas tareas se ha desplazado hacia países como Filipinas, India, Bangladesh o Kenia.
La inteligencia artificial se apoya así en una cadena mundial de trabajo que aprovecha las diferencias salariales y las situaciones de vulnerabilidad económica.
Posada denomina este modelo “extractivismo de plataformas”: compañías que utilizan infraestructuras digitales para localizar capacidades humanas, obtener datos y conocimientos y convertirlos en recursos para el desarrollo tecnológico.
También trabajo cualificado
El fenómeno tampoco queda limitado a tareas aparentemente sencillas.
El avance de los modelos de inteligencia artificial está aumentando la demanda de personas con formación especializada capaces de evaluar respuestas complejas o generar contenidos avanzados.
Plataformas dedicadas al entrenamiento de modelos buscan ya profesionales con conocimientos de programación, matemáticas, física o ciencias, e incluso investigadores con estudios de doctorado.
La transformación introduce así una paradoja: mientras parte del debate público se centra en los empleos que puede destruir la inteligencia artificial, su desarrollo está creando simultáneamente nuevas formas de trabajo digital, algunas altamente cualificadas, pero organizadas bajo modelos fragmentados y con escasa capacidad de negociación.
Trabajo, algoritmos y derechos
La situación de los trabajadores que entrenan la inteligencia artificial amplía el debate sobre la regulación de las plataformas digitales y la gestión algorítmica del trabajo.
La Organización Internacional del Trabajo ha venido situando entre sus preocupaciones la necesidad de garantizar transparencia sobre los algoritmos que organizan, supervisan o evalúan el trabajo y de proteger los derechos laborales de quienes desarrollan su actividad a través de plataformas.
El problema afecta al núcleo de una transformación que con frecuencia se presenta únicamente como tecnológica. La inteligencia artificial también plantea preguntas sobre salarios, relaciones laborales, organización colectiva, responsabilidad empresarial y reparto del poder.
La investigación de Posada permite observar esa realidad desde quienes ocupan uno de los lugares menos visibles de la cadena tecnológica: las personas cuyo trabajo cotidiano hace posible que las máquinas puedan aprender.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



