El párroco de Gaza denuncia el desamparado de la población de la Franja y religiosos sudafricanos califican de “genocidio” la operación militar israelí

El párroco de la Iglesia de la Sagrada Familia de Gaza, Gabriel Romanelli, ha pedido a la comunidad internacional que no permanezca indiferente ante el sufrimiento de las víctimas inocentes y reclamó el fin de las guerras. Frente a la creciente polarización y a la espiral de violencia que golpea la región, defendió que la presencia cristiana debe contribuir a sembrar esperanza, justicia y reconciliación entre los pueblos.
Su intervención por videoconferencia en el Meeting de Rímini, en el marco del encuentro “Amar Tierra Santa”, celebrado en el Vaticano, se convirtió en una nueva denuncia de la dramática situación que atraviesa la Franja.
Romanelli alertó de que, aunque la situación haya perdido visibilidad en los medios de comunicación, la emergencia humanitaria empeora cada día ante la falta de respuesta y la ausencia de ayuda internacional.
Según explicó, aunque los bombardeos ya no son tan generalizados como en los momentos más intensos del conflicto, continúan registrándose ataques incluso en zonas céntricas de la ciudad. “La mayoría de los ciudadanos, los 2,3 millones de personas, necesitan absolutamente de todo. Gaza está devastada”, señaló.
“En Gaza, la ayuda no ha llegado y la emergencia empeora cada día. En una emergencia, se necesita una respuesta inmediata. Cada día que se retrasa esa respuesta, la emergencia se agrava”, advirtió.
Entre las necesidades más urgentes, Romanelli destacó el acceso al agua potable. La mayoría de la población, explicó, vive actualmente en tiendas de campaña o directamente en la calle, en condiciones de gran precariedad y con problemas de saneamiento.
La parroquia de la Sagrada Familia mantiene un servicio de distribución de agua potable para más de 400 familias. Para ello aprovecha un depósito de agua situado bajo el complejo parroquial, aunque el elevado coste del combustible dificulta enormemente esta tarea.
“Bombeamos agua a un precio elevadísimo, porque cada litro de diésel para el generador cuesta 10 euros. Y este no es el problema del estrecho de Ormuz, es el problema de la guerra”, subrayó.
A pesar de la dureza de las condiciones, el sacerdote aseguró que la comunidad cristiana intenta mantener la esperanza y la alegría como una forma de resistencia ante el sufrimiento.
Romanelli relató escenas cotidianas en las que niños y adultos encuentran momentos para reír y jugar, incluso utilizando agua no potable para refrescarse. “La tristeza se vence con alegría, y la alegría del Evangelio nos la da Jesús”, afirmó.
Desde su fe, insistió en que el sufrimiento no tiene la última palabra.
“La Cruz no es la última palabra. La Cruz es una palabra necesaria, pero la palabra definitiva es la Resurrección”, expresó.
El sacerdote destacó especialmente la atención a personas con discapacidad, niños y familias vulnerables que siguen dependiendo de la presencia de la Iglesia.
“No podíamos abandonar a las personas con discapacidad, a los niños, a las familias y a los muchos que siguen dependiendo de nuestra presencia”, señaló.
Asimismo, defendió la importancia de mantener viva la presencia cristiana en Gaza, tanto a través de la celebración de la Eucaristía como del acompañamiento cotidiano a la comunidad.
En la parte final de su intervención, Romanelli lanzó un mensaje de esperanza y de rechazo a la violencia que afecta tanto a palestinos como a israelíes. Frente a la creciente polarización y al clima de enfrentamiento, reivindicó el papel de los cristianos como constructores de paz y defensores de la justicia.
“Estamos convencidos de que la paz es posible y que una paz justa es necesaria”, afirmó.
El párroco pidió a la comunidad internacional que no permanezca indiferente ante el sufrimiento de las víctimas inocentes y reclamó el fin de las guerras. “Basta ya”, concluyó. “Es terrible ver víctimas inocentes en ambos bandos. Y todo esto en Tierra Santa, donde vivió Dios encarnado”.
Sacerdotes africanos critican las acciones militares del Gobierno de Israel
Por su parte, integrantes de la sección africana de la red internacional Sacerdotes contra el Genocidio (PAGA, por sus siglas en inglés) han emitido una declaración en la que califican formalmente de “genocidio” las políticas y acciones militares ejecutadas por el Gobierno de Israel en la Franja de Gaza.
El documento cuenta con el respaldo de destacados líderes eclesiásticos de siete países del continente (Sudáfrica, Nigeria, Zimbabue, Camerún, Senegal, Malí y Uganda), entre los que figura el cardenal sudafricano Stephen Brislin, junto con sacerdotes y abades de diversas congregaciones.
Para fundamentar su postura, la declaración evoca la histórica afirmación de Nelson Mandela en 1997 —quien sostuvo que la libertad de Sudáfrica estaría incompleta sin la libertad del pueblo palestino—, al tiempo que cita los dictámenes de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y de diversas organizaciones de derechos humanos. “Nuestro propio sufrimiento nos ha enseñado a reconocer el sufrimiento ajeno”, reconocen.
Los firmantes enfatizan que su condena se dirige de manera específica hacia el Gobierno de Israel y sus políticas institucionales, rechazando cualquier forma de antisemitismo. La declaración condena igualmente, “sin reservas” los atentados, el asesinato de civiles y la toma de rehenes perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.
Inspirados en en las Sagradas Escrituras y la doctrina social de la Iglesia Católica, la red de sacerdotes exige el cese inmediato de las operaciones militares en Gaza y de la violencia en Cisjordania, garantizando el acceso total de la ayuda humanitaria, así como el fin de los desplazamientos forzados y el pleno acatamiento de las resoluciones de los tribunales internacionales.
Así, recuerdan que en las primeras páginas de la Biblia aparece la pregunta: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9) y que san Pablo advirtió que “si un miembro sufre, todos sufren con él” (1 Cor 12, 26).
“La evasiva de Caín ―”¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”― no puede ser la respuesta de los cristianos cuando otro pueblo sufre ante nuestros ojos. Toda persona lleva impresa la imagen de Dios (Gn 1, 27); la dignidad no se confiere por la ciudadanía, la etnia ni el poder militar”, recoge la declaración que recuerda, también, que el Concilio Vaticano II incluyó el genocidio entre los actos que “envenenan la sociedad humana” (Gaudium et Spes, 27).
Además, reclaman la suspensión del suministro de armas y tecnologías de vigilancia que puedan ser utilizadas para violar el derecho internacional y el escrutinio ético de las inversiones vinculadas al conflicto, así como reparaciones para todas las víctimas.
Desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado en octubre de 2025 han muerto cerca de 1.300 personas en ataques militares del ejército israelí en Gaza, según las autoridades del enclave, controladas por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás).
Las mismas fuentes señalan que la ofensiva emprendida tras los ataques del 7 de octubre de 2023 –que dejaron unos 1.200 muertos y cerca de 250 secuestrados, según el balance oficial– se han documentado 73.431 muertos y 174.437 heridos en la Franja.
Desde su punto de vista, la solución pasa por aplicar una política basada en la autodeterminación palestina, que garantice la seguridad, la igualdad y la dignidad tanto de israelíes como de palestinos.
Finalmente, los religiosos extienden su llamamiento a los gobiernos de África, instándolos a exigir la aplicación uniforme del derecho internacional sin dobles raseros, abarcando también las crisis humanitarias y conflictos bélicos que afectan a regiones del continente como Sudán, Sudán del Sur, el este de la República Democrática del Congo y Cabo Delgado.
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