Agustín González Cabrera: El adiós, ese vacío que deja el amigo que se va

Agustín González Cabrera: El adiós, ese vacío que deja el amigo que se va

Agustín González Cabrera, falleció el pasado 5 de agosto, a los 83 años; se fue imprevistamente, de manera discreta.

Natural de Gines (Sevilla). Ordenado sacerdote en 1970. Destinado a varias parroquias de Dos Hermanas, luego a Ubrique, donde impulsó la HOAC, formando parte del grupo de curas obreros.

A San José de la Rinconada, en la parroquia Santa María Madre de Dios, donde se inició la JOC y se formó el primer equipo de la HOAC. A Sevilla, en la Parroquias de Ntra. Sra. de la Oliva, en la barriada de La Oliva y en las parroquias de Jesús de Nazaret y en la de San Francisco de Asís (Pino Montano).

Consiliario de la JOC, y de la HOAC prácticamente durante toda su etapa de cura…, durante cuarenta y cinco años; colaborador de la sección “El Evangelio en tu vida” en Noticias Obreras. Fue delegado diocesano de Pastoral Obrera de la Diócesis de Sevilla.

Realizó una labor pastoral comprometida con la gente sencilla y con los trabajadores y trabajadoras.

Se secularizó y contrajo matrimonio con Lali de Coca, una mujer excepcional, que fue muchos años militante de HOAC, y que lo ha cuidado con una dulzura que emociona.

La tolerancia, la calidez en el trato, el respeto, la aceptación incondicional del otro…, la paciencia, la disponibilidad…, sabía poner cordura y equilibrio y todo con sencillez. Agustín supo encarnar este modelo de persona tan añorada y necesaria hoy en día.

Un hombre de Dios. Sus homilías, meditadas en su corazón y registradas en su libreta personal, llegaban al corazón de los fieles, con un lenguaje sencillo, pero a la vez con un efecto revulsivo y revitalizador para el espíritu.

En sus parroquias había un sitio para todos. Un hombre abierto y servicial. Su austeridad lo hacía más cercano y transparente.

En su equipo de la HOAC, equipo Encuentro, en el que ha permanecido los últimos 37 años de su vida, le recuerdan y le agradecen su presencia permanente, aportando y testimoniando su fidelidad a la HOAC y a su misión.

Su pasión por la Iglesia, comunidad de Jesucristo, y por el mundo obrero, siendo consiliario y animador de la Fe, enriquecía la formación con su conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia…

Destacaba su manera sencilla y prudente de participar en la vida del equipo: cercano, vitalista, constante, positivo y algo despistado, pero con “mucha gracia andaluza al estilo Séneca”.

Recordamos su manera natural de fomentar unidad, aceptación, respeto mutuo, claridad y sinceridad, valorando las aportaciones de todos los miembros.

Asimismo, resaltamos su generosidad y disposición a la comunión de bienes, a la comunión de vida, sin afanes de protagonismo. Y, en los últimos meses, con ciertas limitaciones físicas, sus notables esfuerzos por no dejar la vida del equipo, sin dejar de asistir y participar.

Hoy, cuando su cuerpo físico ya no está con nosotros, lo tenemos si cabe aún más presente. Agustín ha sido ese perfume de Dios que nos ha impregnado de divina humanidad y se ha quedado para siempre formando parte de nuestras vidas.

Ha estado rodeado siempre del amor y del cuidado de su esposa, de su familia, y del cariño y del aprecio de sus amigos y amigas, de los feligreses y feligresas de las parroquias, y de los compañeros y compañeras militantes de la HOAC de hoy y de ayer.

Ante su muerte, la muerte de un amigo entrañable, sólo cabe el agradecimiento al Dios de la Vida por seguir encarnándose en personas sencillas y buenas como Agustín.

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