Ruanda: los excluidos de los «beneficios» de las tecnologías digitales

Ruanda aspira a convertirse en el centro tecnológico de África Oriental para el año 2050. Para alcanzar este objetivo, se han implementado políticas, leyes y planes estratégicos.
Un ministerio especializado y tres agencias estatales dirigen esta transición. Actualmente, más de veinte de los servicios administrativos más solicitados por la población están disponibles en línea, incluida la solicitud del pasaporte nacional. Las transacciones financieras se realizan ahora a través de la telefonía móvil y de aplicaciones bancarias, en un contexto en el que el Estado promueve una sociedad «sin efectivo» (cashless). En el ámbito educativo, las ciencias y las tecnologías se enseñan desde la educación primaria, mientras que en la secundaria y la universidad existen programas especializados que animan a los jóvenes a orientarse hacia estos sectores.
Esta política digital ha generado nuevos empleos, a menudo informales: venta de teléfonos y accesorios, distribución de saldo telefónico, depósitos y retiros de dinero móvil, asistencia para realizar trámites administrativos en línea, entre otros.
Sin embargo, persiste una brecha digital. Muchas personas siguen excluidas de estos avances por falta de recursos. Pocos hogares pueden permitirse comprar un teléfono inteligente o una computadora portátil. La conexión a internet constituye otro obstáculo, ya que el territorio aún no está completamente cubierto. Las estadísticas oficiales indican que el 85% de los hogares posee al menos un teléfono móvil, pero solo el 30% dispone de acceso a internet en el hogar.
Un ejemplo revelador: el MTC Ruanda había considerado crear un grupo de WhatsApp para sus presidentes diocesanos. Finalmente, tres de ellos no tenían un teléfono inteligente. Este caso refleja una realidad más amplia: muchas personas sueñan con tener un teléfono, pero no pueden adquirirlo debido a la falta de recursos.
Clémence, de 22 años, es un ejemplo de esta situación. Tras completar la educación primaria sin recibir formación profesional, sobrevive gracias a pequeños trabajos como vendedora o camarera. Logró comprar un teléfono inteligente modesto y comenzó a utilizar una red social con la esperanza de alcanzar diez mil seguidores para poder obtener ingresos. Sin embargo, la baja calidad de su dispositivo limita sus posibilidades: sus videos son borrosos y poco atractivos. Como ella, muchos jóvenes aspiran a beneficiarse de las oportunidades digitales, pero se enfrentan a la falta de equipos adecuados.
Los excluidos de la revolución digital son numerosos: jóvenes de zonas rurales, personas mayores y hogares de bajos ingresos. Su marginación plantea una cuestión crucial: ¿cómo podrán estos ciudadanos acceder a los servicios administrativos y financieros que ahora están disponibles únicamente en línea?
La respuesta no puede venir únicamente del Estado. Las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el MTC Ruanda, también deben involucrarse para que los beneficios de las tecnologías digitales lleguen a toda la población. La ambición de una Ruanda digital solo se hará plenamente realidad si nadie queda atrás.
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Secretario general del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC)
Miembro del MTC Ruanda



