La fe cristiana exige defender a los pobres frente a la injusticia

Carta a los cristianos: “…la Justicia y el Derecho son la base de su trono” (Salmo 97, 2)
Queridos hermanos:
En la Argentina de hoy, vivimos tiempos de angustias y pesares; el hambre y la miseria son el pan de cada día. Pero no todos comemos ese pedazo de mendrugo. Los que tienen el poder de repartir cometen injusticias e inequidades, y entonces nuestros hermanos más humildes, honestos y pobres sufren inmerecidamente.
¿Tenemos que soportar a quienes ensombrecen con injusticia a nuestro país? ¿Debemos sostener a quienes eligen reverenciar al poder y el dinero antes que la dignidad humana? Pues, no. La verdadera y auténtica religiosidad, la “pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre” (Santiago 1, 27), consiste en ocuparse en proteger y defender a los más necesitados. Aclaro esto, porque actualmente “los gobernadores de este pueblo son engañadores, y sus gobernados se pierden” (Isaías 9:16).
Frente a estos “engañadores”, queridos hermanos cristianos, debemos denunciar el malestar de nuestros hermanos maltratados, debemos acompañarlos en sus angustias, no quedarnos callados ni quietos.
Tengamos en cuenta lo que dijo el apóstol Santiago: “Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguien es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en el espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace”
Queridos hermanos, en estos tiempos, con este panorama donde los ancianos son reprimidos, las personas con discapacidad excluidas, los pobres olvidados y los trabajadores explotados, nuestro trabajo es “liberar a los pobres obreros de la crueldad de los hombres codiciosos”, como bien nos enseñaba el papa León XIII en la encíclica Rerum novarum.
Es la tarea de, sin vacilar y sin tener miedo, eliminar “la politiquería” para dar lugar a la auténtica y verdadera política, aquella que se preocupa por el bien común, el servicio desinteresado, la solidaridad y la justicia para todos. Porque Dios, nuestro Señor del universo, busca liberarnos “no solo de la esclavitud espiritual, sino también de la opresión concreta”, tal como nos recuerda el magisterio en la exhortación apostólica Dilexi te.
Recemos para actuar
No tengo miedo, Mi Señor.
Acompañaré a los pobres y débiles
frente a los codiciosos y malvados,
frente a los gobernadores embusteros,
gritaré sus injusticias y maltratos.
Lo haré en tu nombre, Mi Señor,
al lado de mi prójimo herido,
junto a mi hermano indignado.
Y lo haré sin miedo, sin temor,
en mis huesos y en mi alma,
porque Tú nos cuidas
del poder de los malvados.
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Profesor en Lengua, Literatura e Historia. Catequista de la iglesia rural San Toribio de Mogrovejo, Colonia Amadeo (Chaco-Argentina)



