Frente al individualismo: recuperar el sentido de comunidad

Vivimos en una sociedad que nos empuja constantemente a mirar únicamente por lo propio. “Yo tengo bastante con lo mío”, “a mí no me pagan por hacer eso” o “cada quien que se busque la vida” … Son algunas de las expresiones cotidianas que reflejan una forma de entender la vida basada en el individualismo y en la negación práctica de la solidaridad. Sin embargo, el ser humano no nace para vivir aislado. Somos seres sociales, nos necesitamos unas a otras. El individualismo no solo empobrece nuestras relaciones, sino que va contra la propia vida.
Basta observar situaciones cotidianas como, por ejemplo, en una comunidad de vecinos y vecinas que se rechaza instalar un ascensor porque “es demasiado caro”, mientras la mujer mayor del tercero acaba teniendo que abandonar su casa por no poder salir a la calle y, paradójicamente, quienes se oponían a dicho gasto estaban reformando la cocina o comprando un coche nuevo. Este tipo de decisiones muestran qué lugar ocupa realmente el bien común en nuestra escala de valores.
La lógica individualista clasifica a las personas según su utilidad o conveniencia. Todo gira en torno al beneficio propio. Y, sin embargo, la buena noticia de Jesús apunta justo en la dirección contraria: el servicio, la fraternidad y la construcción de una vida compartida, poniendo en el centro a quienes más sufren. El Evangelio propone una comunidad donde “quien quiera ser el primero, que se ponga el último”, es decir, un estilo de vida basado en tener una actitud de servicio y en compartir bienes, tiempo, cuidados y responsabilidades.
Frente al mito de la autosuficiencia, autoras como Yayo Herrero recuerdan que los seres humanos somos ecodependientes e interdependientes. Dependemos de la naturaleza, de los cuidados y del trabajo de otras personas para sostener la vida. Nadie sale adelante en soledad. Sin embargo, el sistema económico dominante alimenta continuamente el individualismo en todas sus facetas y formatos, quedando nuestra vida, al parecer, reducida a una transacción de dinero o beneficio individual.
Por otro lado, ahora parece que se escucha mucho la frase de “la gente vive de las paguitas”, mientras se olvidan de las grandes empresas que también dependen constantemente de ayudas públicas, subvenciones, contratos y recursos del Estado. Es decir, quienes no viven directamente de lo público, dependen igualmente de ello, volviendo a la premisa de interdependencia.
Algo parecido ocurre con los impuestos. Muchas veces no molesta contribuir al sostenimiento común, sino más bien a la sensación de que los recursos se gestionan injustamente. Pero esa indignación debería llevarnos también a preguntarnos: ¿qué hacemos nosotras y nosotros para mejorar la vida pública?, ¿participamos, nos organizamos, exigimos transparencia y justicia social?
La sanidad pública es un ejemplo claro de lo que significa el bien común. Incluso quienes utilizan seguros privados necesitan que exista un sistema público consolidado y universal. Cuando lo público se debilita y se normaliza una sanidad para quienes pueden pagar y otra para quienes no pueden, terminamos construyendo ciudadanía de primera y de segunda.
Por lo tanto, defender los servicios públicos no es una cuestión ideológica abstracta; es apostar por una sociedad donde todas las personas, independientemente de sus recursos, puedan vivir con dignidad, favoreciendo así que nadie quede fuera.
Sin duda, el gran reto de nuestro tiempo quizá sea recuperar el sentido de comunidad. Volver a mirar a quienes tenemos al lado no como competidores o personas aprovechadas, sino como hermanas y hermanos. Y hacerlo también en nuestras conversaciones cotidianas, aprendiendo a dialogar con asertividad y no con tanta agresividad, generando conciencia y promoviendo una cultura de solidaridad.
Porque frente al individualismo que fragmenta y enfrenta, necesitamos reconstruir vínculos que sostengan la vida.
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El Equipo de militantes Las Pipiolas de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Córdoba, está compuesto por Raquel Lara, Félix Bernet, Rosario Pérez, Francisco José Gea, Adrián Montaño, Eva María Luque y Carlos Molina



