León XIV llama a ser “refugio para los pobres” frente a una sociedad que descarta y deja sin voz

León XIV llama a ser “refugio para los pobres” frente a una sociedad que descarta y deja sin voz
FOTO | GTRES
En su mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el próximo 15 de noviembre, el Papa advierte de que “el grito de justicia de los pobres” sigue siendo silenciado por nuevas formas de indiferencia y reclama una Iglesia capaz de caminar con las personas empobrecidas y defender su dignidad ante la exclusión, la falta de vivienda, de trabajo y de derechos básicos

El papa León XIV invita a recuperar la centralidad de las personas pobres en la vida de la Iglesia y en la construcción de una sociedad más justa. En su mensaje para la próxima Jornada Mundial de los Pobres, con el lema El Señor es el refugio del pobre (cf. Sal 14, 6), plantea una profunda reflexión sobre las causas de la pobreza, las dinámicas que invisibilizan a quienes la sufren y la llamada cristiana a convertirse en espacio de acogida, reconocimiento y esperanza.

El pontífice parte de la convicción de que la relación con las personas empobrecidas expresa la autenticidad del compromiso cristiano. Por eso considera necesario “volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia”, en sintonía con Evangelii gaudium y Dilexi te. Pues, no se trata solo de responder a una emergencia social, sino de comprender que la dignidad de quienes quedan en los márgenes está en el corazón del Evangelio.

León XIV advierte de que la falta de fraternidad genera relaciones marcadas por la desigualdad y la exclusión. “La ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento”, afirma el papa, denunciando una lógica que termina por marginar y humillar.

Una dinámica que, según señala, adopta hoy formas nuevas y más difíciles de identificar. “El grito de justicia de los pobres hoy es acallado mediante múltiples técnicas, cada vez más sutiles, hasta dejar sin voz todo esfuerzo suyo por hacer oír sus peticiones”, sostiene León XIV.

El Papa pone también la mirada en el entorno digital y advierte de su capacidad para reforzar prejuicios cuando no está orientado al encuentro y al reconocimiento de la dignidad humana. “El ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas”, señala.

Los pobres no son destinatarios, sino protagonistas

En este sentido, León XIV propone cambiar la mirada sobre las personas empobrecidas. No las presenta únicamente como destinatarias de ayuda, sino como sujetos capaces de revelar aquello que resulta verdaderamente importante. “El pobre, sin embargo, sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial”, subraya el pontífice.

En esta línea, el Papa insiste en que la respuesta cristiana no puede reducirse a una acción realizada desde la distancia. La cercanía, la escucha y el reconocimiento personal forman parte de una manera distinta de construir comunidad.

Así lo expresa con una serie de preguntas dirigidas a toda la Iglesia: “¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura divina?”.

Para León XIV, la pobreza no puede convertirse en una categoría abstracta ni en una estadística. Cada persona posee un rostro, una historia y una dignidad que debe ser reconocida. Esta perspectiva enlaza con la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia y con la opción preferencial por los pobres impulsada por sus predecesores.

El Papa recupera expresamente su exhortación apostólica Dilexi te para recordar que “la Iglesia si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres”.

Una Iglesia llamada a ser “refugio para los pobres”

La imagen que atraviesa todo el mensaje es la del refugio. León XIV afirma que “Jesucristo es realmente el refugio de Dios para los pobres” y extrae de esta afirmación una consecuencia directa para la comunidad cristiana: “La Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres”.

Este refugio, explica el Papa, no significa únicamente ofrecer asistencia ante una necesidad inmediata. Implica construir relaciones de fraternidad, abrir espacios de participación y compartir la vida con quienes sufren situaciones de vulnerabilidad.

En este sentido, recuerda que la respuesta cristiana debe alcanzar las condiciones concretas que permiten vivir con dignidad. “Para quienes carecen de una casa, de un trabajo, de educación, de alimento, de salud, se abre un nuevo camino: el compartir como expresión del Reino de Dios”, afirma.

La referencia al trabajo aparece así vinculada al conjunto de derechos y necesidades fundamentales que hacen posible una vida digna, junto a la vivienda, la educación, la alimentación y la atención sanitaria. Desde esta perspectiva, compartir también interpela a la organización del trabajo y al debate sobre cómo repartir mejor un bien necesario para la participación social y el desarrollo de la dignidad humana de toda persona.

En el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, León XIV propone volver a mirar la realidad desde abajo. Recuerda el gesto del santo de Asís, que intercambió sus vestidos con los de un mendigo para compartir su condición, como signo de una fraternidad capaz de transformar la manera de comprender la vida.

“Quien tiene a Dios por refugio es libre de tomar decisiones proféticas (…) todo puede ser repensado desde abajo, en la humildad y en la fraternidad que, sólo ellas, reparan un mundo herido por la prepotencia”, concluye.

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