José Ruiz, trabajador de la Economía Popular de Argentina: “Allí donde el Estado se retira o fracasa, los movimientos populares sostienen la comunidad”

José Ruiz, trabajador de la Economía Popular de Argentina: “Allí donde el Estado se retira o fracasa, los movimientos populares sostienen la comunidad”
José Ruiz, actual secretario de Formación Política y Gremial de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), ha visitado España para dar a conocer la experiencia de este movimiento que organiza a personas con trabajo informal y que acoge a personas que dejan atrás la cárcel para integrarse en unidades productivas autogestionadas.

El encuentro con noticiasobreras.es tiene lugar a pocos días de la “Marcha de San Cayetano a Plaza de Mayo”, convocada para este 7 de agosto, junto con otras centrales sindicales, contra el desmantelamiento de las políticas sociales, la eliminación el programa “Volver al Trabajo” y el fin del suministro de alimentos para los comedores comunitarios, junto con la destrucción de los derechos laborales formales.

Desde tu experiencia en defensa del derecho a la educación en las cárceles y como promotor de cooperativas para la inserción social, ¿qué supuso la Ley de Emergencia Social y las políticas dirigidas a las personas vulnerables, ahora concienzudamente desmanteladas por el actual Gobierno de Argentina?

El 7 de agosto de 2016, junto con la CGT, la CTA y distintas organizaciones sociales, logramos una movilización histórica en una fecha tan emblemática (San Cayetano se venera como patrón del pan y el trabajo y la iglesia a él dedicada en Liniers, Buenos Aires, se convirtió en un símbolo contra la dictadura militar), que permitió conquistar la Ley de Emergencia Social. Esa ley reconocía a los trabajadores de la economía popular y garantizaba un ingreso complementario para quienes estaban organizados en cooperativas, unidades productivas y trabajos comunitarios.

Será la forma de expresar el descontento por la ofensiva contra los derechos sociales, la economía popular, los derechos laborales, pero también la puesta en venta de la tierra a inversores extranjeros

¿Qué impacto tuvo la implantación del salario social complementario?

Fue probablemente la conquista más importante de nuestro sector. Logramos que trabajadoras y trabajadores de la economía popular recibieran directamente la mitad de un salario mínimo. La otra mitad debía ser generada por la propia unidad productiva.

Eso permitió reconocer trabajo que hasta entonces permanecía invisible y, además, fortalecer cooperativas mediante la compra de herramientas, maquinaria e infraestructura. Muchos compañeros tuvieron por primera vez una cuenta bancaria. Fue un paso importante hacia el reconocimiento de derechos para millones de personas.

La economía popular no puede pasar de la subsistencia a la transformación sin una intervención activa del Estado. El Estado interviene permanentemente en la economía privada mediante subsidios, beneficios fiscales o programas de apoyo. Nosotros sostenemos que también debe intervenir en favor de quienes trabajan en la economía popular. No se trata de asistencialismo. Se trata de reconocer trabajo existente y de crear condiciones para que pueda desarrollarse, generar ingresos y consolidar proyectos productivos.

La economía popular es la respuesta
de quienes han sido expulsados
y necesitan inventar
una forma de trabajo para sobrevivir

¿Qué supone el concepto de economía popular?

Nadie elige ser descartado. Nadie elige quedar fuera del mercado laboral. Cada vez más sectores de la población están siendo excluidos del empleo formal, por no tener la educación adecuada, vivir en ciertos barrios, tener un determinado color de piel u otras muchas circunstancias. La economía popular es la respuesta de quienes han sido expulsados y necesitan inventar una forma de trabajo para sobrevivir.

En Argentina casi la mitad de la población económicamente activa trabaja en la informalidad. Partimos de que, junto a la economía privada y la economía estatal, existe una economía comunitaria que durante mucho tiempo no ha sido reconocida. Luchamos para que esa economía tenga reconocimiento político, social e institucional.

Llegamos a organizar a un millón de personas con trabajos informales y contamos con nueve ramas de actividad, cinco escuelas de formación y estamos presentes en barrios y villas. Las políticas actuales, con la retirada del Estado de los barrios populares, está golpeándonos muy duro.

¿Cuál es el objetivo de este modelo alternativo de economía?, ¿hay posibilidades de extenderlo a otras zonas del mundo?

Entendemos la economía popular como un proceso con tres etapas. La primera es la subsistencia, donde las personas viven al día y compiten por recursos escasos, a menudo, en medio de la inseguridad y la violencia.

La segunda es la organización y resistencia, cuando comienzan a trabajar colectivamente, a construir conciencia y a formar parte de cooperativas o unidades productivas.

La tercera es la transformación, cuando esas organizaciones adquieren la capacidad de disputar mercados, contratar con el Estado y construir alternativas económicas viables con impacto social.

La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) está íntimamente ligada al Movimiento de Trabajadores Excluidos. ¿A qué se debe el peso de este tipo de organización desde abajo en su país?

En Argentina existe una memoria histórica muy fuerte. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo dejaron una huella profunda en la cultura política argentina. Su ejemplo mostró que la organización colectiva puede resistir incluso en las circunstancias más difíciles. Esa memoria sigue alimentando las luchas actuales y explica en parte la capacidad de movilización que todavía conserva la sociedad argentina.

Hoy representan uno de los últimos espacios de contención comunitaria. Allí donde el Estado se retira o fracasa, los movimientos populares sostienen comedores, espacios educativos, cooperativas, actividades culturales y redes solidarias. Son lugares donde las personas encuentran organización, acompañamiento y dignidad.

Si desaparecieran esas estructuras comunitarias, la violencia social sería mucho mayor.

Cada realidad es diferente, pero los problemas de exclusión, precariedad y desigualdad atraviesan a buena parte de América Latina. Lo que puede resultar inspirador es la capacidad de autoorganización de los sectores populares, la construcción comunitaria y la convicción de que las propias personas afectadas deben ser protagonistas de las soluciones.

¿Cómo es posible fomentar la participación en una época de profundo individualismo y auge de la soluciones autoritarias?

Con poder popular que se construye con unidad, organización, coherencia y movilización.

La unidad es esencial, porque nadie puede transformar la realidad en soledad. No hablemos de las cosas en las que no tenemos coincidencias; hablemos de las coincidencias y de aquello que construye unidad La organización permite convertir las necesidades en proyectos colectivos. La vida comunitaria ayuda a que los problemas de unos sean también los problemas de otros. La coherencia genera credibilidad. La cabeza en alto siempre y la moral de no haber hecho macanas. Y la movilización, estar en la calle y en las plazas, mantiene viva la capacidad de expresión del pueblo.

Son elementos inseparables. Cuando se combinan, permiten construir alternativas capaces de transformar la realidad.

La Iglesia, especialmente a través de esas experiencias,
ha estado presente allí donde más se necesitaba

¿Qué papel han desempeñado la Iglesia, los curas villeros y el papa Francisco en el impulso a este ecosistema?

Los curas villeros llevan décadas acompañando a las comunidades más empobrecidas y enfrentando problemas como las adicciones, la exclusión o la violencia. El papa Francisco contribuyó a dar visibilidad internacional a los movimientos populares y a reconocer el papel de quienes trabajan por tierra, techo y trabajo. Para muchos de nosotros fue y sigue siendo una referencia ética y política muy importante. La Iglesia, especialmente a través de esas experiencias, ha estado presente allí donde más se necesitaba.

¿Qué expectativas despierta el pontificado de León XIV desde el punto de vista de los movimientos populares?

La expectativa es que continúe la preocupación por los pobres, el diálogo con los movimientos populares y la construcción de una Iglesia cercana a quienes sufren la exclusión. Esperamos una Iglesia capaz de tender puentes, promover la unidad y mantener viva la defensa de la dignidad humana. Estuve en el último encuentro de los movimientos populares en el Vaticano y cuando escuché su discurso me conmovió y pensé que Francisco había tocado este corazón. Ojalá pueda unificar la Iglesia, no polarizarla, seguir abrazando a los pobres y no callarse. Me gustaría que pudiera visitar Argentina y recorrer una planta cartonera, que son los descamisados del siglo XXI.

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