USO pide subidas salariales acordes al coste de la vida, un pacto por la vivienda y una reforma fiscal que grave al capital

Casi la mitad de las personas trabajadoras ha tenido que recortar en lo más básico: la alimentación. Es la principal conclusión del sondeo demográfico encargado por la Unión Sindical Obrera (USO) para medir el impacto de una inflación que sigue superando a las subidas salariales
“Un 43% de las personas trabajadoras afirma que hoy compra menos alimentos o de peor calidad que hace cinco años. Eso es inconcebible y el peor ejemplo de pobreza salarial”, denuncia Joaquín Pérez, secretario general del sindicato.
La organización de trabajadores y trabajadores ha encargado este estudio como antesala a la celebración de su 13º Congreso Confederal, del 20 al 22 de mayo en Badajoz, que deberá marcar las prioridades políticas y estrategias para el siguiente mandato.
Para la mayoría de las personas encuestadas, la subida salarial es la medida más eficaz para recuperar el equilibrio de su economía familiar. Existe un respaldo amplio a que los sueldos incorporen una actualización automática conforme al IPC: dos de cada tres trabajadores se muestran total o bastante de acuerdo con esta fórmula, y un 39,7% la apoya plenamente.
El rechazo a esta medida es minoritario —un 13%— y no necesariamente implica oposición a la revalorización automática. En muchos casos, puede reflejar la percepción de que el IPC no captura adecuadamente el aumento real del coste de la vida o que resulta insuficiente como referencia.
El sindicato que lidera Joaquín Pérez, que se presenta a la reelección, comparte esta preocupación al notar que los precios de los productos y servicios básicos aumentan por encima del IPC y reclama una ponderación alternativa que mida con mayor precisión el impacto en la compra habitual.
El estudio, realizado por IO Investigación, revela que aunque el 78,5% de los trabajadores ha visto subir su salario en algún momento del último lustro, solo un 32% lo ha hecho al menos tres veces, y un 70% asegura que esas subidas han quedado por debajo de la inflación.
La práctica totalidad de las personas encuestadas identifica la alimentación como el ámbito más golpeado por la inflación (83,4%), seguido de la energía (64,7%). El ajuste del gasto se extiende también al ocio, casi el 60% gasta hoy menos, y uno de cada cuatro lo ha reducido “mucho” desde 2021.
En el caso de la energía, solo un 11% mantiene el mismo consumo que hace cinco años. Más de la mitad ha recortado calefacción o aire acondicionado, y otros han optado por cambiar de tarifa o compañía.
“Los salarios de hoy no permiten mantener lo más básico para vivir”, advierte Pérez, que reclama la actualización automática de los salarios conforme al IPC.
El deterioro del poder adquisitivo ha empujado a la mitad de la población trabajadora a recurrir a financiación externa en los dos últimos años para llegar a fin de mes o afrontar imprevistos. Solo el 24% puede ahorrar de forma periódica y apenas un 31,5% podría asumir un gasto inesperado sin dificultad.
Vivienda: un factor decisivo de riesgo de pobreza
La situación del mercado inmobiliario aparece como un factor de exclusión y empobrecimiento generalizado. Aunque el régimen de acceso marca diferencias abismales. Entre quienes viven de alquiler, el porcentaje de personas que no llega bien a fin de mes asciende al 47,1%, frente al 33,5% de media.
Un 13% de las familias ha tenido que cambiar de vivienda por motivos económicos en los últimos cinco años.
Pérez reclama un pacto de Estado por la vivienda: “Ni con un salario es seguro llegar a fin de mes si dependes de los tipos hipotecarios o del alquiler. Las Administraciones deben poner en el mercado el mayor número posible de viviendas protegidas, y cuanto antes”.
Las mujeres, en peor situación
El sondeo confirma también la persistencia de la brecha de género. Los hombres han recibido más incrementos salariales (85% frente al 71,5%) y casi duplican a las mujeres entre quienes han ganado poder adquisitivo respecto a la inflación. Ellas, además, llegan con más dificultades a fin de mes (74,8%) y tienen menor capacidad de ahorro.
USO vincula esta desigualdad a la parcialidad y la temporalidad, que afectan especialmente a las mujeres. “La mejor medida contra la brecha de género es una legislación laboral que no deje resquicios a la picaresca”, concluye Pérez, reclamando una reforma laboral “de verdad”, escrita desde cero.
Propuestas de mejora
La pérdida de 30 puntos de poder adquisitivo entre salarios y alimentos registrada en el último lustro impulsa a este sindicato a plantear soluciones alternativas que hasta ahora no han sido contempladas suficientemente ni por la legislación laboral ni en el marco del diálogo social.
Una buena parte de la población asalariada del país ha reducido la compra de comida, rebajado la calidad de la alimentación familiar o renunciado a un hogar climáticamente confortable. A ello se añaden las dificultades para llegar a fin de mes y la necesidad, puntual o habitual, de recurrir a ayuda cercana, créditos o aplazamientos para cubrir gastos básicos o afrontar imprevistos.
El 71,5% de las personas consultadas considera que los beneficios empresariales rara vez se trasladan a los salarios, por lo que la organización insiste en una reforma fiscal que grave más las rentas del capital y premie a las empresas que generan empleo de calidad.
Desde el sindicato afirman que muchos bienes esenciales soportan tipos elevados de IVA, mientras que la energía está sometida a un régimen impositivo que requiere una revisión profunda. Desde su punto de vista, la carga fiscal debería gravitar sobre el capital y no sobre el trabajo, por lo que reclama una escala que vincule la tributación empresarial a su retorno en empleo, de modo que las empresas que generen beneficios sin crear puestos de trabajo deberían tributar más.
USO apuesta por introducir cláusulas de revisión salarial ligadas al IPC, como el punto de partida de toda negociación colectiva. Pero también aboga por generar un indicador específico y ponderado del gasto real habitual, que refleje con mayor precisión la evolución de precios de bienes esenciales como alimentación y energía.
Igualmente, plantea la necesidad de alcanzar un pacto de Estado por la vivienda, entre todas las Administraciones, para impulsar un plan de vivienda pública, en alquiler y en venta, que responda a las necesidades actuales de forma inmediata.
También demanda mayor acción pública hacia colectivos de personas más vulnerables, como jóvenes y mujeres, que sufren con mayor intensidad el impacto económico. En el caso de los jóvenes, la aparente mejora del ahorro o incremento del gasto oculta, en realidad, la imposibilidad de emancipación.
“La fuerza de estar juntos”
“La fuerza de estar juntos” será el lema del 13º Congreso Confederal como expresión de que la unidad sindical, el trabajo arraigado en los territorios y el vínculo directo con la clase trabajadora siguen siendo la herramienta más sólida para impulsar los cambios que reflejan los datos del sondeo. USO llega a esta cita confederal respaldada por el trabajo acumulado de sus federaciones y uniones, con Extremadura como ejemplo visible, lo que explica la elección de Badajoz como sede del encuentro sindical.
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Redactor jefe de Noticias Obreras



