“Francisco abrió una alianza inédita entre Iglesia y movimientos populares”

La alianza impulsada por Francisco entre Iglesia y periferias organizadas protagonizó en Madrid la presentación del libro Francisco con los movimientos populares del mundo, editado por el sociólogo Rafael Díaz Salazar
El acto, celebrado este martes en el Ateneo La Maliciosa, reunió a representantes del ámbito eclesial y de distintos movimientos sociales vinculados a las luchas por la vivienda, el trabajo digno, los derechos de las personas migrantes y la defensa de lo público.
Francisco, el Papa “venido del fin del mundo”, no solo supuso un soplo de aire fresco para la Iglesia universal, sino que se convirtió en un referente moral y social de alcance global. Sin embargo, su estrecha vinculación con las comunidades organizadas desde abajo y articuladas en torno a la esperanza colectiva sigue mereciendo tanta atención como sus encíclicas, exhortaciones o grandes gestos públicos.
Y, sin embargo, estos encuentros han permitido incorpora de una manera concreta sus prácticas y anhelos a la Doctrina Social de la Iglesia, desde las periferias, la participación y la organización popular.
La multiplicidad de voces recogidas en esta obra –algunas de ellas surgidas de los propios Encuentros Mundiales de Movimientos Populares (EMMP)– encontró también reflejo en una mesa plural integrada por la activista y teóloga Pepa Torres; la vicepresidenta de Justicia y Paz, Pilar de la Rosa; el director de Noticias Obreras, miembro del equipo de comunicación de los EMMP y editor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo, Abraham Canales; además del propio Díaz Salazar.
Como expresión de las famosas 3T, con las que Jorge Mario Bergoglio sintetizó las aspiraciones universales de tierra, techo y trabajo, participaron también la abogada de la Red de Mujeres de Latinoamérica y el Caribe, Alexandra Vásquez; el integrante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Vallecas, Diego Sanz; y el militante de la HOAC y sindicalista de CCOO, Pedro Grande.
Canales recordó que la nueva evangelización impulsada por Francisco comienza por la inclusión social de los pobres, tras denunciar, en su texto programático Evangelii gaudium, un sistema que “descarta y mata”.
Subrayó que el impulso del Papa a los movimientos populares no ha sido un gesto periférico, sino un verdadero proyecto teológico, político y pastoral que ha situado en el centro los derechos sagrados de tierra, techo y trabajo.
Para el director de este medio, Francisco ha generado un “mecanismo global de búsqueda y encuentro” capaz de articular una agenda compartida entre comunidades cristianas y organizaciones sociales, en clave sinodal y de justicia social.
“Francisco ha convertido las tres T –tierra, techo y, sobre todo, trabajo– en un criterio teológico, pastoral y político”, resumió.
Por su parte, Rafael Díaz Salazar insistió en que la clave para comprender a Francisco es su mirada desde los pueblos empobrecidos y no desde los países enriquecidos.
Esa inserción en la realidad sufriente, afirmó, lo convierte en un “radical que escandaliza”, no por ideología, sino por un realismo extremo que denuncia sin ambages las estructuras que generan exclusión. La radicalidad de Francisco, añadió, se comprende mejor “porque mira el mundo desde la mayoría sufriente”.
Pilar de la Rosa destacó la fuerza del lenguaje popular de Francisco, capaz de nombrar con claridad experiencias cotidianas como el descarte, la degradación de la casa común o la violencia del capitalismo.
La representante de Justicia y Paz subrayó que el trabajo decente se ha convertido en una herida abierta que condiciona el acceso a la vivienda, la salud mental y el futuro de las personas jóvenes.
“Trabajo y vivienda van tan unidos que no se pueden separar”, afirmó. “Trabajo y vivienda son hoy el núcleo del sufrimiento social en nuestro país”.

Las 3T como horizonte compartido
“Los movimientos sociales son una bendición para el mundo”, reconoció Pepa Torres, quien confesó que su “conversión” a Francisco llegó precisamente a través de sus discursos a los movimientos populares.
En ellos encontró una legitimación histórica para el cristianismo de liberación, tantas veces marginado dentro de la propia Iglesia y observado con sospecha.
Torres reivindicó la presencia, minoritaria pero constante, de cristianos y cristianas en luchas por la vivienda, el antirracismo, el sindicalismo social y la defensa de los servicios públicos.
También subrayó que Francisco impulsa una Iglesia que abandona sus espacios cerrados, se mezcla con la sociedad civil y reconoce la capacidad de organización y resistencia de los pobres, que “no esperan, sino que luchan”.
La teóloga profundizó además en cómo las palabras del pontífice alimentan la esperanza en un contexto marcado por la precariedad y la exclusión. Francisco, dijo, pone en valor iniciativas populares que “agujerean el sistema” y sitúan la vida en el centro: trabajadoras del hogar, manteros, redes comunitarias o experiencias de apoyo mutuo.
“No es posible vivir indiferentes ante el dolor”, recordó Torres al evocar la insistencia del pontífice argentino en indignarse frente al sufrimiento humano.
Desde una espiritualidad del cuidado unida a la justicia, defendió la necesidad de cuestionar privilegios y construir relaciones sociales más humanas y solidarias.
Alexandra Vásquez puso voz a las mujeres migrantes, muchas veces invisibilizadas incluso dentro de los propios discursos de acogida.
Defendió la fuerza de las redes comunitarias de mujeres, capaces de acompañar violencias extremas y exclusiones cotidianas que las instituciones no alcanzan a atender.
Desde una perspectiva feminista, interseccional y decolonial, reivindicó el cuidado, la ternura y la organización entre iguales como herramientas políticas capaces de salvar vidas.
Desde la PAH de Vallecas, Diego Sanz recordó que la lucha por la vivienda nace de la experiencia compartida y del apoyo mutuo, no de expertos ni de instituciones que “llegan tarde o no llegan”.
En una “democracia de propietarios”, donde la crisis ya no es solo de asequibilidad sino de imposibilidad de acceso, defendió que los movimientos populares ofrecen un horizonte para recuperar el protagonismo colectivo.
Por último, Pedro Grande señaló tres aprendizajes que Francisco aporta a los movimientos sociales: la cultura del encuentro, la denuncia estructural del capitalismo y la mirada hacia las periferias, esos espacios donde los sindicatos tradicionales apenas logran presencia.
Reconocer esas ausencias, afirmó, resulta imprescindible para construir nuevas alianzas y complicidades sociales.
Una página que sigue escribiéndose
En España, esta relación entre Iglesia y movimientos populares tampoco ha sido ajena al compromiso sostenido de distintas realidades eclesiales vinculadas al mundo del trabajo y la acción social.
La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), junto a la pastoral del trabajo, ha participado y acompañado durante todos estos años el recorrido de los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares (EMMP), impulsando espacios de reflexión, publicaciones, compromisos y cultura del diálogo.
En el caso de la HOAC, este camino se ha articulado también a través de su participación en el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) y en la colaboración con movimientos sociales presentes en luchas relacionadas con el trabajo digno y seguro, la vivienda, los barrios obreros, etc. o la crítica a un sistema económico que, como denunció Francisco, “explota, descarta y mata”.
Una perspectiva estrechamente vinculada a la dimensión social de la evangelización planteada en Evangelii gaudium, donde el pontífice defendió la importancia de un trabajo “libre, creativo, participativo y solidario” como condición fundamental para la inclusión social de los pobres y para una vida verdaderamente humana.
Por su parte, la pastoral del trabajo de numerosas diócesis ha ido incorporando progresivamente esta mirada en encuentros y jornadas, ayudando a extender, como una “lluvia fina“, el pensamiento social de Francisco.
Aunque Robert Prevost, hoy León XIV, conoce de cerca la experiencia de los movimientos populares –con los que coincidió tanto en Perú como en Estados Unidos–, el nuevo pontificado ha comenzado ya a abrir una nueva etapa en esta relación entre Iglesia y organizaciones sociales.
Ese camino tuvo un primer hito significativo en octubre de 2025, durante el quinto encuentro –primero de su pontificado– mantenido con movimientos sociales y populares, ampliamente participado y contado en Noticias Obreras, en el que el Papa renovó el compromiso de la Iglesia de acompañar a las periferias que organizan esperanza frente a la exclusión.
León XIV apuntó entonces a la necesidad de fortalecer procesos comunitarios capaces de reconstruir vínculos sociales, defender la dignidad humana y sostener alternativas frente a una cultura de la impotencia cada vez más extendida.
El legado de Francisco entra ahora en una nueva etapa, que ya no es exactamente la misma. Con León XIV comienza a escribirse nuevas páginas de la relación entre Iglesia y movimientos sociales desde los ámbitos locales —un proceso que ya está en marcha–, con nuevos desafíos, otros lenguajes y una afirmación de fondo: sostener dignidad y esperanza en medio de un mundo marcado por la exclusión.
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Redacción de Noticias Obreras.



