Trabajadoras y trabajadores cristianos llaman a reconstruir la participación para no dejar a nadie atrás

Trabajadoras y trabajadores cristianos llaman a reconstruir la participación para no dejar a nadie atrás
Las diócesis de Córdoba y Málaga han celebrado el Día de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) como recordatorio de que “no nos salvamos solos”, sino gracias a la participación social y eclesial en medio de las dificultades y avances de cada día.

La cita de este año llama a “participar para transformar”, una dimensión esencial de la vida cristiana, de la acción comunitaria y de la transformación social, capaz de contribuir a “Cuidar el trabajo, cuidar la vida”, como reza la campaña de este movimiento de Acción Católica.

Para ello, se celebran jornadas de encuentro, reflexión y compromiso en los territorios en los que está presente la HOAC.

Con el convencimiento de que frente a las dinámicas que fragmentan la vida comunitaria, solo desde el trabajo en red es posible transformar la realidad social, la organización de Córdoba celebró el pasado sábado 16 de mayo su Día de la HOAC en el Santuario de la Virgen de Linares.

Desde primera hora, el encuentro se configuró como un espacio de fe compartida, reflexión comunitaria y compromiso con el mundo del trabajo y con las personas más vulnerables.

El momento central fue la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández González, acompañado por el consiliario diocesano, Fernando Lavirgen Castro, y el sacerdote hoacista Domingo Ruiz Leiva.

En su homilía, el obispo insistió en la urgencia de una participación activa frente al individualismo creciente, recordando que “no nos salvamos solos” y que solo desde el trabajo en red es posible transformar la realidad social.

Sostener la acción en la oración confiada

También señaló los desafíos del mundo laboral —precariedad, siniestralidad, bajos salarios— e invitó a los cristianos a comprometerse en su transformación, destacando el papel de los laicos, la importancia de la formación y la necesidad de sostener toda acción en la oración confiada.

Tras la Eucaristía, la jornada continuó con una reflexión inspirada en el Cuaderno HOAC “Participar para transformar”, que plantea la participación como una necesidad fundamental para “sentirse parte”, construir comunidad y pasar de la pasividad al compromiso activo.

Este espacio se enriqueció con testimonios de organizaciones que encarnan esa participación transformadora de integrantes de la Asociación de Víctimas de Accidentes y Enfermedades Laborales de Andalucía (AVAELA); la Plataforma Stop Desahucios y la Asociación de Barrios Ignorados de Andalucía (ABBI).

Las experiencias compartidas mostraron la fuerza del protagonismo de las personas, la organización colectiva y el trabajo comunitario como caminos reales de transformación social.

La jornada incluyó también momentos de convivencia, como la comida en torno al tradicional perol cordobés, y espacios de diálogo que fortalecieron los vínculos comunitarios, además de alentar la esperanza y el compromiso militante.

Por su parte, la HOAC de Málaga celebró el domingo 10 de mayo el Día de la HOAC, en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, con la atención puesta en uno de los problemas más acuciantes para la clase trabajadora malagueña: el acceso a una vivienda digna.

“Si el trabajo es un elemento fundamental de nuestra vida, unas condiciones indignas de trabajo terminan generando también condiciones indignas de vida”, recordó el presidente diocesano José Luis Fernández.

La jornada comenzó con la Eucaristía presidida por Juan Manuel Ortiz Palomo, que invitó a la comunidad a vivir la fe desde la implicación concreta en las realidades que más sufren.

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Familias trabajadoras sin alternativas ante la crisis de la vivienda

Tras la celebración, el encuentro se convirtió en un espacio de escucha y diálogo sobre la crisis habitacional que atraviesa Málaga, una ciudad donde la especulación, los alquileres desorbitados y la falta de alternativas golpean con especial dureza a las familias trabajadoras.

La mesa redonda que puso rostro a la emergencia habitacional a través de voces diversas y complementarias, como las de Rosa Galindo, de Un Techo por Derecho, Ana Valeria Abularach, de la Juventud Obrera Cristiana, Cheikh Mbacke, trabajador migrante y Ramón Aguadero, militante de la HOAC.

Sus testimonios dibujaron un panorama de precariedad, exclusión y resistencia que atraviesa a miles de personas en Málaga.

Rosa Galindo habló desde la memoria de los desahucios y desde las heridas que dejan. Recordó cómo, siendo adolescente, vio a su madre expulsada de casa y cómo esa experiencia marcó su compromiso.

Su intervención subrayó la importancia de las redes de apoyo mutuo:

“Hacemos red”, afirmó, reivindicando una resistencia basada en los cuidados.

Ana Valeria Abularach denunció la imposibilidad de emanciparse para la mayoría de jóvenes andaluces —solo el 12% puede hacerlo— y cómo la precariedad habitacional condiciona la salud mental, los proyectos de vida y la esperanza.

“Nos están robando el derecho a vivir plenamente y lo sustituyen por sobrevivir”, lamentó.

El testimonio de Cheikh Mbacke conmovió a las personas asistentes. A pesar de trabajar y tener su documentación en regla, relató cómo se le niega una vivienda por su origen:

“Cuando dije que era de Senegal, me respondieron que el piso ya no se alquilaba”.

Ramón Aguadero situó la crisis en un marco estructural: la mercantilización de la vivienda, la concentración en manos de grandes tenedores y la falta de voluntad política.

“La vivienda no es para especular”, insistió, recordando que en Málaga existen 8.600 viviendas turísticas y 24.000 viviendas cerradas.

La jornada concluyó con una paella compartida y un tiempo de convivencia que reforzó los lazos comunitarios. El encuentro fue, en definitiva, una expresión viva de la llamada a participar para transformar, recordando que solo desde la organización comunitaria y la fraternidad es posible avanzar hacia una sociedad más justa, humana y digna para todas las personas.

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