Kika, presidenta en la comunidad de las 60 viviendas en Jaén: «A mí no me importa que sean ocupas, me importa que colaboremos todos»

Kika es mujer, gitana y sin empleo. En la actualidad cobra el ingreso mínimo vital (IMV)
Vive con su marido y sus cuatro hijos en una vivienda de protección social de la Junta de Andalucía en el polígono del Valle, tras volver de Almería donde vivían y trabajaban. Allí sufrieron un desahucio por impago de la hipoteca tras perder el trabajo durante la crisis. Al llegar a Jaén ocuparon la vivienda donde viven, regularizando después su situación por adjudicación extraordinaria. Aquí, la convivencia no es fácil llegándose a vivir momentos tensos y peligrosos con la llegada de algunas familias conflictivas. Kika es la presidenta de las dos comunidades de vecinos y vecinas que componen el grupo de «las 60 viviendas».
¿Cuánto tiempo hace que vives aquí y qué te llevó a solicitar una de estas viviendas?
Soy de Jaén, pero me casé, me fui a Almería y estuve allí 17 años trabajando hasta que me quitaron mi vivienda y decidí venirme aquí. Entonces ocupé mi casa actual y conseguí una adjudicación excepcional tras dos años de pelea con la Junta de Andalucía.
En estas viviendas hay muchas familias trabajadoras, familias vulnerables. ¿Cuáles son las principales dificultades que viven estas familias de las 60?
La mayoría son trabajadores y otros cobran el IMV, entre ellas la mía, porque tampoco tengo trabajo. No hay problemas de dependencia entre los vecinos, pero se vende droga. La dificultad principal es la convivencia con algunas familias que no trabajan, meten ruido por las noches, hacen fiestas en el patio y no hay respeto hacia los demás vecinos. Estos son los que trapichean y amenazan a los más vulnerables. Los intimidan para quitarles la vivienda.
¿Qué otras problemáticas dificultan la convivencia?
La suciedad. Cuesta muchísimo que los vecinos se impliquen y cumplan sus obligaciones de limpieza. Algunos tiran basura orgánica y enseres en zonas comunes. Esta última vez que limpiamos ha sido tremendo. También rompen los interruptores de los pasillos. A esas mismas familias conflictivas no les gusta tener las cosas bien para molestar al resto y demostrar que son ellos los que mandan. Te amenazan y no te atreves a más porque puedes perder tu casa o alguno de tu familia, si vive ahí.
Estas viviendas pertenecen a la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA). ¿Qué seguimiento se está haciendo desde la administración?
Ninguno, aunque sí saben lo que pasa. Yo, como presidenta, traslado también información. De vez en cuando bajan a inspeccionar o hacen una reunión anual, pero la mayoría de los vecinos no acude porque no hacen nada por nosotros y están hartos. La trabajadora social dice que ella no toma decisiones y no puede hacer más. La administración debe cobrar un alquiler del adjudicatario, pero cuando no pagan no reclama ni llama la atención a la gente. Además, saben que hay trapicheos y gente que venden pisos de la Junta, cogen la vivienda que está vacía y la venden a alguien como si fuera suya a un precio bajo, sin garantías y de aquí no la echa nadie.
Los vecinos tienen que pagar luz, agua, pero los que ocupan una vivienda no pagan. Cuando yo empecé de presidenta se hizo una revisión de los contadores porque hubo un incendio. Hablé con todos, dije: el que esté enganchado a la luz, seguís enganchados. Se arregló porque corríamos mucho peligro. Ahí pagaron todos y confiaron en mí. Desde entonces un bloque paga siempre la luz, aunque el otro aún no. A veces tengo que enfrentarme con estas familias, pero prefiero dialogar para que no tenga consecuencias sobre mi familia.
¿Por qué decidiste asumir la presidencia de ambas comunidades y cuál era la realidad de la comunidad en aquel momento? ¿De qué te encargas en lo concreto?
La convivencia aquí es dura. La que entra de presidenta intenta hacer lo mejor para las 60. Nadie quería ser presidente. Llevábamos tres años sin ascensor y la gente que vive arriba son mayores; me daba pena. Les pregunté a varios y estuvieron de acuerdo con que me presentara. Se consiguió poner en marcha el ascensor y que la mayoría pague porque el que no paga no lo usa. Asumí el cargo porque nadie de fuera nos apoya. También la presidenta anterior a la que amenazaron es un referente para mí. Ahora intento lo mismo en el otro bloque. No veo justo que gente que esté pagando tenga los mismos derechos que los que no pagan. A mí no me importa que sean ocupas, me importa que colaboremos todos porque vivimos aquí y hay gastos que debemos asumir. Intento que haya mejor convivencia entre los vecinos.
En este tiempo los vecinos ¿han avanzado en asumir responsabilidades, en cuidar las instalaciones, en limpieza y mantenimiento de la misma?
Algunos sí porque han visto que desde que yo estoy, intento hacer lo mejor posible, que no me rindo. No hay que desistir porque si no, el abandono que tenemos sería total. No quiero eso para mi barrio.
Intento hacer lo mejor posible,
no me rindo. No hay que desistir
porque si no, el abandono
que tenemos sería total
¿Has pedido ayuda a otros vecinos y vecinas para que colaboren en las tareas de organización y llevanza de la comunidad?
Alguna gente ayuda, pero a la hora la verdad, no te apoyan. Para limpiar bajamos siempre las mismas. Si yo tuviera el respaldo de mis vecinos no me importaría dar la cara tanto en administraciones como con los vecinos, pero sola no puedo. Hay un grupo que está conmigo, pero tienen miedo a dar la cara.
¿Encuentras alguna dificultad en esta tarea por el hecho de ser mujer y gitana?
En algunos sitios sí, pero aquí no. Tengo mucho temperamento y si tengo que cortar por lo sano, corto. Soy muy directa. A veces, el hecho de ser mujer y encima gitana te cierra puertas porque no me sé expresar como otra que tenga más estudios. Intento juntarme con gente de la que aprender, la que merece la pena y te puede aportar algo.
Además, participas en la asociación de la PAH, ¿por qué? ¿Qué supone esto para ti?
Me aporta satisfacción. Me gusta ayudar a la gente porque conmigo lo han hecho. Me ayudaron a conseguir mi casa y yo decidí participar. Hay gente que sabe que estoy ahí y me piden consejo. Sé darlo gracias a la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH). Intento aprender para ayudarlas.
¿Cómo te planteas seguir animando a los vecinos para que cambien actitudes y comportamientos que hagan el entorno más habitable? ¿Qué necesitarías para eso?
Se necesita mucha perseverancia y constancia, porque si desistes, estás perdida. Necesitamos que la administración se implique en regularizar las viviendas, que hagan seguimiento de cada familia, porque todos tenemos derecho a una vivienda, pero hay normas que cumplir. Deben ayudar a que no haya miedo y poder convivir como vecinos, con tranquilidad. •
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Militante de la diócesis de Jaén
Presidenta general de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), 2021-2025



