“Hablar hoy de cultura obrera es un acto de resistencia”

María José Rodríguez, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), llama a reconstruir “islas de humanidad” frente al individualismo y el descarte, reivindicando la sinodalidad y la cultura obrera como caminos para recuperar solidaridad y conciencia colectiva en el mundo del trabajo
La fragmentación del mundo del trabajo, la precariedad y el individualismo impulsado por la lógica neoliberal están debilitando los vínculos colectivos y deshumanizando la vida social. Ante esta realidad, la sinodalidad puede convertirse en un camino para reconstruir comunidad, solidaridad y conciencia compartida en el mundo obrero. Esta ha sido una de las principales ideas defendidas por María José Rodríguez, militante hoacista, durante la conferencia “Cultura obrera y sinodalidad”, celebrada este jueves en el Aula Rovirosa-Malagón.
Rodríguez advirtió de que hablar hoy de cultura obrera “parece algo caduco”, mientras la sinodalidad se ha convertido en una de las grandes cuestiones eclesiales desde la convocatoria del Sínodo impulsado por el papa Francisco. Sin embargo, sostuvo que ambas realidades comparten elementos esenciales: “nacen de la experiencia de caminar juntos y cuidarse para sostener la vida”, además de situar en el centro la dignidad humana, la justicia social y la construcción colectiva.
Durante su intervención en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid, defendió que el mundo obrero no ha desaparecido, aunque haya cambiado profundamente. “Sigue habiendo personas que han de vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario y que siguen siendo víctimas de un sistema que ha puesto en el centro de la vida social al economicismo”, afirmó.
En ese sentido, puso rostro a esa realidad a través de situaciones de precariedad y explotación que afectan hoy a repartidores, personas migrantes, trabajadoras del hogar o jóvenes con salarios insuficientes y condiciones laborales indecentes. Una realidad que, a su juicio, recuerda “mucho a lo vivido al inicio de la Revolución Industrial”, aunque hoy existan condiciones suficientes para evitar esas situaciones.

La precariedad rompe los vínculos colectivos
Durante su intervención, la militante hoacista trazó un recorrido sobre la evolución del capitalismo industrial hacia el actual modelo neoliberal, marcado por la financiarización de la economía, la deslocalización productiva, la precarización laboral y la fragmentación social.
Según Rodríguez, la cultura obrera tradicional se construyó históricamente sobre pilares como la solidaridad, la organización colectiva, la identidad compartida y la conciencia de un destino común. Sin embargo, el individualismo y la lógica economicista han ido debilitando esos elementos hasta erosionar el propio sujeto colectivo.
“La precariedad no solo afecta al bolsillo sino que también dificulta construir una identidad común”, señaló. A su opinión, el miedo al desempleo, la competencia entre trabajadores y la fragmentación de las relaciones laborales han sustituido la experiencia compartida por dinámicas individualistas que dificultan la organización colectiva.
También alertó sobre el impacto cultural de las nuevas tecnologías y de la digitalización cuando se ponen exclusivamente al servicio de la rentabilidad. “La humanidad requiere presencia física, algo que la pantalla nos está robando”, afirmó, denunciando la fragilidad de los vínculos sociales en una sociedad cada vez más mediada por dispositivos digitales.
Asimismo, criticó igualmente la reducción del trabajo a mera mercancía y la invisibilización de los cuidados, denunciando una lógica social que convierte en producto de consumo “la vivienda, la salud, la solidaridad, la educación, los derechos sociales y laborales, el medio ambiente e incluso a las personas”.
En este contexto, reivindicó la cultura obrera como una experiencia profundamente humanizadora frente a una lógica que “usa a las personas cuando le son necesarias y las descarta cuando dejan de ser rentables”.
Reconstruir y promover el “nosotros”
Para atender esta realidad, Rodríguez propuso la sinodalidad como un camino capaz de ayudar a reconstruir y promover comunidad y sujeto colectivo en el mundo del trabajo.
“La sinodalidad es un proceso que va desde la vivencia de una fe individualista a la conciencia de caminar juntos como pueblo”, explicó. Un horizonte que, más allá del ámbito eclesial, puede ofrecer claves para fortalecer vínculos, recuperar la participación y sostener procesos colectivos.
En este sentido, defendió que la sinodalidad no busca uniformidad, sino integrar diferencias y diversidades en proyectos compartidos basados en la escucha, el diálogo, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo.
La militante granadina insistió en que el mundo obrero necesita “recuperar la confianza en lo colectivo” y reconstruir espacios de encuentro donde las personas vuelvan a reconocerse como compañeras y no como competidoras.
También puso en valor experiencias que ya están tratando de abrir caminos alternativos desde la economía solidaria, el cooperativismo, las finanzas éticas, las redes vecinales o distintas iniciativas sindicales y comunitarias.
Entre ellas citó redes de economía solidaria, proyectos cooperativos, programas de empleo inclusivo o experiencias de organización colectiva vinculadas a la vivienda, la ecología integral o los derechos de las personas migrantes.
“La sinodalidad empieza en pequeño”, señaló, reivindicando la importancia de escuchar a los compañeros y compañeras de trabajo, compartir problemas, buscar soluciones comunes y sostener vínculos de solidaridad en la vida cotidiana.
Finalmente, Rodríguez realizó un llamamiento a reconstruir “islas de humanidad” en medio de una cultura marcada por el individualismo y el descarte. “Si se van construyendo islas de humanidad en el mundo laboral, en el sindicato, en el barrio o en nuestro pequeño mundo, tarde o temprano esas islas formarán un continente”, concluyó.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



