Una reforma necesaria de la prevención… en un diálogo social roto y un Parlamento fragmentado

Una reforma necesaria de la prevención… en un diálogo social roto y un Parlamento fragmentado
Foto | Titiwoot Weerawong (vecteezy)
Treinta años después de la aprobación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), el debate sobre su reforma llega por desfase histórico.

Fuentes sindicales subrayan que la ley «es buena» y que «contiene las responsabilidades y garantías para evitar los riesgos en el trabajo», pero reconocen que resulta insuficiente ante un mundo laboral profundamente transformado, en el que «aparecen nuevas formas de afectación por las condiciones de trabajo».

La prevención, que se pensó para un empleo más industrial, estable y presencial, convive hoy con plataformas digitales, trabajo a distancia, cadenas logísticas intensivas, envejecimiento de las plantillas y un impacto creciente del cambio climático sobre las condiciones laborales. No actualizar la norma sería aceptar que la siniestralidad laboral –que desde el ámbito sindical se califica sin rodeos de «inaceptable», como no podría ser de otra manera– siga siendo un daño colateral del sistema productivo.

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