Miles de personas marchan para gritar que “Cañada se queda”

Varios miles de personas procedentes de distintos puntos de Madrid recorrieron a pie los 3,3 kilómetros que separan la estación de metro de Valdecarros, en Vallecas, y el sector 6 de la Cañada Real, un acto reivindicativo contra los desalojos forzosos que amenazan a decenas de familias y reivindicó el derecho a permanecer en lo que consideran un barrio más de la ciudad.
La movilización convocada por la asociación Tabadol —integrada por vecinas de este sector—, junto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Vallekas y La Laboratoria, salió el sábado por la mañana para recorrer un camino que días antes, un grupo de personas voluntarias había tratado de allanar y limpia de escombros.
La marcha, encabezada por mujeres de origen magrebí que portaban una pancarta con el lema “Cañada se queda” en árabe, castellano, romaní y caló, estuvo dinamizada en todo momento por Houda Akrikez, portavoz de Tabadol. Durante el recorrido, Akrikez lanzó consignas como “vecina, defiende tu vivienda”, “ni derribos, ni escombros, ni expulsiones” o “Almeida, la autoconstrucción vuelve”.
Tabadol se organiza con especial intensidad desde octubre de 2025, cuando varias familias del sector recibieron cartas de derribo y desalojo, algunas firmadas por un funcionario municipal inhabilitado el mes anterior por un derribo ilegal.
“Cartas que no traían diálogo. Cartas que no traían alternativas. Cartas que traían miedo. Cartas firmadas por Julio César Santos, alto cargo del Ayuntamiento de Madrid, inhabilitado desde septiembre, pero que en octubre seguía firmando órdenes de derribo. No es un nombre aislado. Es una política continuada”, se lee en el manifiesto leído al final de la caminata.
La marcha es parte de la campaña “Cañada se queda”, que también avanza por la vía legal. Hace unas semanas, las entidades convocantes celebraron que un juzgado madrileño suspendiera la orden de demolición de dos viviendas de mujeres del sector 6, considerándose la “irreparabilidad del perjuicio” que provocaría su derribo. Una victoria que esperan que sea la primera de muchas.
Defensa de sus casas
Detrás de las mujeres marchaban los hombres, también en su mayoría de origen magrebí. Uno de los vecinos del sector 5 explicaba que, pese a no tener aún orden de demolición, había acudido para “defender sus casas” y denunciar problemas como la retirada de la recogida de basuras o el corte de luz, que se prolonga desde hace más de cinco años.
“No puedes cambiarte a otro lado, ya tiene uno su casa”, relataba. Vive allí desde 2004 y asegura haber invertido mucho en su vivienda: “Ahora para cambiar de un sitio a otro es complicado”.
El corte de suministro eléctrico sigue siendo uno de los principales factores de desgaste en el día a día, como relataba también Antonio, vecino del sector 6. Su familia, que adquirió el terreno en el año 2000, ha tenido que instalar varios generadores que consumen cerca de 20 euros diarios en gasolina.
“De noche nos metemos dentro de las casitas y no escuchas mucho, pones la tele y vale, ya estamos acostumbrados. Muy mal”, lamentaba. Aunque aún no tienen fecha de derribo, cree que “echarnos nos van a echar”, pero se resiste a abandonar el lugar: “Perdemos lo que es la familia. Queremos estar todos unidos”.
El corte de luz afecta a más de 4.000 personas, la mitad de ellas niñas y niños, lo que representa “una de las mayores violencias institucionales de este país, en un Estado que se define como progresista. La Comunidad de Madrid y los Ayuntamientos de Madrid y de Rivas
son cómplices de este abandono y de esta violencia prolongada”, señalaba el manifiesto de la marcha.
La comitiva avanzó por tramos especialmente complicados, donde personas mayores, familias con niños pequeños y carritos tuvieron que atravesar charcos profundos, montículos de tierra y, finalmente, cruzar una autovía cerrada al tráfico. Con un micrófono en la mano, Akrikez celebró la gran asistencia.
La marcha concluyó en un descampado cercano a la sede de Tabadol, donde las mujeres de la asociación ofrecieron una comida popular con platos y postres árabes, acompañadas por la música de la Charanga de Palomeras Bajas y la Solfónica.
Allí, Akrikez leyó un manifiesto en el que reivindicó las tres décadas de lucha frente al acoso institucional.
“Marchamos por la vivienda. Marchamos por el derecho al territorio. Marchamos por el derecho a tener derechos. Y marchamos también por el derecho a la rabia. Porque la rabia no es violencia. La rabia es una respuesta legítima cuando te quieren expulsar. La rabia es memoria de todo lo perdido. La rabia es defensa del hogar. La rabia es política cuando nace de la injusticia”, dice el texto, en el que se defiende que la Cañada es un barrio vivo, con historia, redes y arraigo, y sus vecinas y vecinos no están dispuestos a desaparecer del mapa.
“La Cañada Real no es un error urbanístico. No es un espacio vacío. No es tierra disponible. La Cañada Real es hogar. Un hogar con más de 60 años de vida, construido por familias trabajadoras, por personas migrantes, por población gitana, por vecinas y vecinos que levantaron vida donde el abandono era la norma”.
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