Juan José García, sociólogo: “La polarización crece cuando la desigualdad, la precariedad y la falta de futuro se convierten en norma”

Juan José García, sociólogo: “La polarización crece cuando la desigualdad, la precariedad y la falta de futuro se convierten en norma”
La precariedad laboral, la desigualdad y la falta de horizontes vitales están detrás del clima de confrontación que atraviesa nuestras sociedades. El sociólogo Juan José García Escribano, profesor de la Universidad de Murcia, codirector del Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública (CEMOP) y uno de los responsables de la V Encuesta Nacional de Polarización Política 2025, analiza en esta entrevista las causas profundas de la polarización, su impacto en el mundo del trabajo y los riesgos que supone para la convivencia democrática, al tiempo que señala la educación, los derechos sociales y el bien común como claves para reconstruir esperanza y cohesión social.

García Escribano participa el próximo miércoles, 18 de febrero, en el ciclo Líneas Rojas 2026, organizado por las Comunidades Cristianas de Base de la Región de Murcia y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de la Diócesis de Cartagena, junto con el también sociólogo y ex secretario general de Cáritas Española, Sebastián Mora. El acto tendrá lugar en la Cámara de Comercio de Murcia (Plaza de San Bartolomé), a las 19:30 horas.

La polarización se ha instalado en el debate público y en la vida cotidiana. ¿Qué está ocurriendo realmente en nuestra sociedad?

La polarización no es un fenómeno nuevo si la entendemos como discrepancia política o ideológica. El problema es que hoy ha dado un salto cualitativo: ha dejado de estar circunscrita al ámbito político para instalarse en las relaciones personales y sociales. Ya no hablamos solo de ideas distintas, sino de una ruptura del reconocimiento del otro. Cuando el que piensa diferente deja de ser un adversario legítimo y pasa a ser un enemigo, la convivencia democrática se resiente gravemente.

¿Qué factores están empujando a la sociedad hacia ese escenario de confrontación?

Las causas son múltiples, pero hay una que es fundamental: la inseguridad vital. Vivimos en una sociedad donde amplias capas de la población trabajan y, aun así, no pueden vivir con dignidad. La precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda, el deterioro de los servicios públicos y la imposibilidad de planificar el futuro generan frustración, miedo y desconfianza. Cuando las condiciones materiales se deterioran, el conflicto social encuentra terreno abonado.

Cuando el que piensa diferente deja de ser un adversario legítimo
y pasa a ser un enemigo, la convivencia democrática se resiente gravemente

Desde Noticias Obreras observamos que el mundo del trabajo está en el centro de este malestar. ¿Comparte ese diagnóstico?

Totalmente. Durante mucho tiempo se pensó que el trabajo era un factor de integración social y de progreso. Hoy eso está en cuestión. Hay personas que encadenan contratos precarios, salarios insuficientes y condiciones laborales inestables. Esa realidad no solo afecta a lo económico, sino también a la autoestima, a la participación social y a la confianza en las instituciones. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de dignidad, la cohesión social se rompe.

¿Por qué la juventud aparece especialmente golpeada por esta situación?

Porque a los jóvenes les estamos negando el futuro. Con empleos precarios y precios de la vivienda desorbitados, es prácticamente imposible que puedan emanciparse y construir un proyecto de vida. Viven en un presente continuo, sin horizonte. Esa falta de expectativas genera desilusión y enfado, y convierte a muchos jóvenes en un colectivo especialmente vulnerable a discursos que prometen soluciones rápidas, aunque sean falsas o injustas.

Vivimos en una sociedad donde amplias capas de la población
trabajan y, aun así, no pueden vivir con dignidad.
Cuando las condiciones materiales se deterioran,
el conflicto social encuentra terreno abonado

En ese contexto, ¿cómo se explica el avance de la extrema derecha entre sectores populares y jóvenes trabajadores?

Muchas personas sienten que la política tradicional no les ha dado respuestas y buscan una vía de ruptura. La extrema derecha se presenta como esa alternativa, simplificando la realidad y señalando culpables. Su discurso no apela a la solidaridad ni a la justicia social, sino al miedo y a la exclusión. Es un discurso emocional, muy eficaz en contextos de frustración, pero profundamente peligroso porque rompe los lazos comunitarios y degrada la democracia.

¿Qué papel juegan las redes sociales y las nuevas tecnologías en este proceso?

Las redes sociales funcionan muchas veces como cámaras de eco que refuerzan prejuicios y dificultan el diálogo. No son neutras: los algoritmos priorizan los mensajes más emocionales y polarizantes. Esto empobrece el debate público y favorece la desinformación. Las tecnologías tienen un enorme potencial positivo, pero si no se regulan y no se acompañan de educación crítica, pueden convertirse en un factor de aislamiento y enfrentamiento.

Desde una perspectiva social y cristiana del trabajo, ¿qué papel puede jugar la educación?

La educación es clave. Necesitamos una educación que forme personas críticas, solidarias y comprometidas con el bien común. No basta con transmitir conocimientos técnicos; hay que educar en valores democráticos, en participación, en convivencia y en justicia social. Sin pensamiento crítico y sin conciencia social, la democracia se vacía de contenido.

¿Es posible revertir esta dinámica de polarización y desencanto?

Sí, pero exige decisiones valientes. No se puede combatir la polarización sin afrontar las causas estructurales que la alimentan. Es imprescindible garantizar trabajo digno, acceso a la vivienda, servicios públicos fuertes y protección social. La seguridad no es solo policial; es la posibilidad de vivir sin miedo al mañana. Cuando las personas recuperan la capacidad de proyectar su vida, también recuperan la confianza en los demás y en la sociedad.

No se puede combatir la polarización sin afrontar
las causas estructurales que la alimentan.
Es imprescindible garantizar trabajo digno,
acceso a la vivienda, servicios públicos fuertes y protección social

Desde la Región de Murcia, ¿se observa alguna singularidad en este proceso?

La Región de Murcia no es una excepción. Refleja bastante bien lo que ocurre en el conjunto del país. Quizá aquí exista un cierto optimismo cultural que suaviza la percepción de los problemas, pero la realidad es que también hay precariedad, desigualdad y conflictos no resueltos. Mirar la realidad con honestidad crítica es el primer paso para transformarla.

Para terminar, ¿qué mensaje considera importante trasladar a quienes leen Noticias Obreras?

Que la polarización no es inevitable. Es el resultado de decisiones políticas, económicas y sociales concretas. Frente a la lógica del enfrentamiento, hay que reivindicar la centralidad de la dignidad humana, del trabajo decente, de la solidaridad y del compromiso colectivo. Solo desde ahí se puede reconstruir una convivencia democrática justa y fraterna.

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