Mirar más allá

Que vivimos en una cultura que nos envuelve, nos dirige, nos posiciona y nos individualiza es un hecho para muchas personas, también para mí. A poco que te pares a mirar con una mirada crítica, puedes visualizar que se nos invita constantemente a ver, juzgar y vivir desde perspectivas casi exclusivamente individualistas.
No hablaré de dónde se pone el acento a la hora de la búsqueda de la felicidad, porque no viene al caso. Pero sí quiero detenerme en un tema importante: el trabajo y el derecho a la seguridad y la salud laboral.
El Papa, en su discurso ante la Asociación de Consultores Laborales de Italia, ha hecho un nuevo llamamiento para reforzar las medidas de prevención de accidentes laborales, con el fin de evitar que “aquellos que deberían ser siempre espacios de vida –donde las personas pasan cada día gran parte de su tiempo y emplean una gran porción de sus energías– con frecuencia se transformen en lugares de muerte y desolación”.
El año 2026 ha sido declarado en España como el “Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo” por el Gobierno, para reforzar la cultura preventiva en el 30 aniversario de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
En este contexto, me entrevistaron la semana pasada en una tertulia televisiva y el diálogo llevó el tema hacia la responsabilidad individual. Todo depende de las personas que están al frente de las empresas, según sean mejores o peores personas y se ocupen mejor o peor de sus trabajadores, y, por otro lado, de los trabajadores que cumplan o no con las medidas adecuadas. Sin más análisis. La prevención depende exclusivamente de las fuerzas del bien y del mal que nos atraviesan.
No discuto que la responsabilidad personal siempre está presente, pero es necesario abrir la mirada y contemplar más allá: cómo se organiza el trabajo, dónde se pone el centro de la actividad laboral (el beneficio económico, la productividad, la calidad del producto y del proceso, la dignidad de las personas trabajadoras, el cuidado de la vida…). Claramente, no depende solo de la persona concreta que está al frente, sino de la estructura empresarial y también de las leyes que rigen en ese país y de las estructuras que permiten que esas leyes se cumplan. No es indiferente que haya un buen servicio de prevención dentro de la empresa o una eficaz Inspección de Trabajo.
En este momento hay muchas carencias en la prevención y en la inspección, y por eso hay demasiadas personas que cada año pierden su vida o sufren enfermedades físicas y mentales que no siempre son contempladas y atendidas como enfermedades profesionales.
Recordemos que lo fundamental es que el trabajo es para la vida: un espacio para la realización personal, para las relaciones humanas, para la mejora de la sociedad y del planeta. Debe ser un espacio de cuidados. Y estamos aún muy lejos. Si el trabajo ha de cuidar a la persona y a la vida, no puede ser inseguro ni puede producir riesgos que atenten contra la persona. La seguridad y la salud en el trabajo son un derecho fundamental para todos.
Si solo contemplamos la dimensión individualista del tema y lo justificamos todo con las personas que hacen o no hacen… ¿quién sale perdiendo? ¿Quién ganando?
Es necesario mirar más allá.
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Presidenta general de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC)



