Una llamada a renovar el compromiso social de las comunidades cristianas en Jaén

Una llamada a renovar el compromiso social de las comunidades cristianas en Jaén
La HOAC ofrece materiales y acompañamiento a las parroquias para impulsar grupos de reflexión, vida y acción

Renovar el compromiso social de las comunidades cristianas, abrirse a la colaboración con otras organizaciones y poner a las personas empobrecidas en el centro de la vida eclesial. Estas fueron las principales llamadas del cursillo sobre Doctrina Social de la Iglesia celebrado en Jaén, donde la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ofreció materiales y acompañamiento a las parroquias para impulsar grupos de reflexión, vida y compromiso social.

El encuentro, organizado por el movimiento de trabajadoras y trabajadores cristianos, reunió a cerca de treinta personas los días 17 y 18 de octubre en la Casa de la Iglesia, en el Seminario Diocesano. Abierto a parroquias, movimientos eclesiales y comunidades, contó con las aportaciones de Pino Trejo, adjunta de Formación de la HOAC y militante de Canarias.

Trejo planteó la necesidad de un “giro social” de la comunidad cristiana, que vincule su renovación con la respuesta al sufrimiento y a las injusticias. Este camino, según indican, requiere avanzar hacia una Iglesia hospitalaria, sinodal y samaritana, que sitúe a las personas empobrecidas en el centro de su mirada y de su compromiso.

La propuesta tuvo una concreción práctica: facilitar espacios comunitarios donde compartir la vida cotidiana, profundizar en la fe y discernir cómo actuar ante los problemas del entorno. Para acompañar ese proceso, la organización presentó fichas pedagógicas y materiales propios orientados a “conectar la vida cotidiana con los principios del Evangelio”.

La dignidad humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la fraternidad solidaria y la caridad política son los principios que articulan estos recursos. El ofrecimiento incluye cercanía y apoyo para dinamizar los grupos que quieran emprender este itinerario en las parroquias y comunidades de la diócesis.

La iniciativa da continuidad al propósito con el que se convocó el cursillo: llevar la enseñanza social de la Iglesia de los documentos a la vida cotidiana. La convocatoria contemplaba una invitación posterior a realizar una revisión de vida obrera, partiendo de situaciones concretas para analizarlas desde la fe y orientar el compromiso cristiano.

Durante las jornadas, la presidenta diocesana, Maru Megina, invitó a fortalecer la presencia cristiana en los pueblos y ciudades. Desde una perspectiva sinodal, se insistió en la necesidad de abrirse al mundo y tejer redes con movimientos, colectivos y personas de buena voluntad, también con quienes no pertenecen a la Iglesia y comparten la preocupación por la justicia social y el sufrimiento de las personas más vulnerables.

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DSI orientada al compromiso

El cursillo reivindicó una vivencia de la Doctrina Social de la Iglesia capaz de cuestionar las propias comodidades, sacudir la indiferencia y orientar el compromiso ante las injusticias. Una enseñanza que interpela la manera de vivir y exige respuestas concretas a las condiciones de vida y al sufrimiento de las personas empobrecidas.

En la apertura, Trejo presentó la enseñanza social como una propuesta viva y en evolución, que ayuda a comprender la realidad y a comprometerse en su transformación. Mediante el método ver, juzgar y actuar, destacó el valor del discernimiento comunitario y de la formación del laicado para intervenir, junto con otras personas y organizaciones, sobre las estructuras que lesionan la vida.

La reflexión abordó asimismo la vocación política como una de las formas más altas de la caridad. La militante hoacista la vinculó con la responsabilidad de cuidar a las personas más frágiles y responder a las situaciones de injusticia. Desde esta perspectiva, la centralidad de quienes sufren la pobreza constituye un criterio fundamental del seguimiento de Jesús y de la renovación de las comunidades.

La oración comunitaria y la celebración de la eucaristía, presidida por el sacerdote Pedro Ortega, acompañaron el trabajo formativo.

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