La HOAC celebra 80 años de fe y compromiso con la vida del mundo obrero

La eucaristía celebrada en La Milagrosa de Madrid reúne a distintas generaciones de militantes y representantes eclesiales y sindicales en un profundo reconocimiento a la historia compartida. Vicente Martín vincula la fidelidad a Cristo y a la Iglesia con la defensa de las personas trabajadoras, y Paloma Becerra agradece las vidas que han sostenido esta misión
Ochenta años de historia toman cuerpo en las personas que los han hecho posibles. En quienes siguen compartiendo la vida y las luchas del mundo obrero, en quienes asumieron responsabilidades en otros momentos y en quienes han fallecido dejando una huella que permanece en la comunidad. Ese reconocimiento ha dado sentido a la eucaristía con la que la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ha celebrado este 24 de octubre su 80 aniversario, en la Basílica-parroquia de La Milagrosa de Madrid.
La celebración, iniciada a las 20:00 horas, ha reunido a militantes de las diócesis Madrid y de otras diócesis, antiguos militantes, anteriores presidentes, miembros de la comisión general y de la comisión permanente de este movimiento especializado de la Iglesia y personas de la comunidad parroquial. Han participado el obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín, que ha realizado la homilía, y Santos Montoya, obispo consiliario de la Acción Católica Española, junto con una veintena de sacerdotes.
La eucaristía se ha celebrado en el marco de la comisión general que este fin de semana dinamiza la vida y la misión de la HOAC, dialogando sobre “el sagrado compromiso del acompañamiento y el cuidado de las personas trabajadoras” y sobre diversas cuestiones para la evangelización del mundo del trabajo. La memoria agradecida de estas ocho décadas forma parte de esa responsabilidad por el presente y el futuro.

Una fe encarnada en la vida obrera
“80 años tejiendo fraternidad en el corazón del mundo obrero” ha sido el horizonte de la homilía de Vicente Martín. El obispo ha reconocido ocho décadas de “fidelidad evangélica, de callada siembra” y de presencia en los tajos, los barrios y las encrucijadas del sufrimiento y la esperanza de las personas trabajadoras.
La celebración en La Milagrosa enlaza con los orígenes del movimiento. En este entorno de los Padres Paúles se desarrolló, entre el 26 de octubre y el 3 de noviembre de 1946, la primera Semana Nacional de la HOAC, que reunió a unos doscientos obreros tras el trabajo de difusión impulsado por Guillermo Rovirosa.
Desde esa memoria, Vicente Martín ha situado el mandamiento del amor a Dios y al prójimo como fundamento de la misión hoacista. La relación con Dios y la responsabilidad ante el sufrimiento de los demás forman una misma exigencia evangélica, que ha desarrollado a través de tres dimensiones: sentir con Cristo, sentir con la Iglesia y sentir con el mundo del trabajo.
La primera remite a la raíz espiritual del compromiso. “No podemos ir al mundo del trabajo a llevar un mensaje que no hayamos experimentado primero en la intimidad de la oración, el discernimiento y el encuentro vivo con el Señor”, ha expresado.
Al recordar a Rovirosa, ha presentado al militante obrero cristiano como “un místico de lo cotidiano”. Una espiritualidad que se concreta en la conversión personal y comunitaria, en mirar la realidad con compasión y en asumir un estilo de vida pobre y servicial. La fidelidad a Jesús sostiene, desde esa experiencia, la perseverancia del compromiso.
La segunda dimensión, sentir con la Iglesia, sitúa a la HOAC como Acción Católica para la Pastoral del Trabajo y como presencia eclesial en las periferias obreras. El obispo auxiliar ha vinculado esa pertenencia con la sinodalidad, la comunión y el cuidado mutuo.
Escuchar y dialogar con todos, tender puentes y contribuir a la fraternidad forman parte de esta tarea. En ella, el movimiento aporta a la comunidad eclesial la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia y la mirada de las personas más empobrecidas.

Escuchar el clamor y transformar las causas
La tercera dimensión ha llevado la homilía al sufrimiento concreto del mundo del trabajo. A partir de la lectura del Éxodo, Martín ha recordado a un Dios que escucha el grito del desvalido y exige proteger al extranjero y a quienes sufren explotación.
Sentir con el mundo obrero significa, ha explicado, escuchar al trabajador precario, a la persona desempleada, al migrante que se juega la vida buscando un futuro digno, a las familias que no llegan a fin de mes y a quienes padecen la deshumanización de los entornos laborales.
“El mandamiento del amor al prójimo como a uno mismo nos exige no mirar las llagas del mundo laboral desde fuera o con mera asistencia benéfica, sino identificarnos con el sufrimiento de la clase trabajadora”, ha afirmado.
Ese acompañamiento busca sostener la esperanza y la capacidad de las personas para abrir caminos en su propia vida. El obispo ha relacionado esta tarea con la necesidad de reavivar la confianza y las posibilidades de quienes sufren.
La homilía ha abordado también las transformaciones del trabajo vinculadas a la automatización, la robótica y la inteligencia artificial. Con referencias a la encíclica Magnifica humanitas, de León XIV, ha advertido de que las nuevas formas de trabajar pueden relegar a las personas a funciones marginales, descalificarlas profesionalmente o someterlas a vigilancia automatizada.
Para atender estos riesgos, Martín ha defendido sistemas tecnológicos centrados en la persona. La capacidad de liberar de tareas pesadas o repetitivas debe orientarse al bienestar humano, evitando que la reducción de costes y el aumento de beneficios conduzcan al desempleo y a mayores niveles de pobreza y desigualdad.
“Durante 80 años hemos afirmado que el trabajo es para la vida y para la dignidad de las personas”, ha recordado. Continuar ese camino implica “denunciar las estructuras de pecado que mercantilizan al ser humano y proponer prácticas de solidaridad, consumo responsable y defensa activa del trabajo decente”.
Vicente Martín ha concluido invitando a renovar la entrega con alegría: con la vida arraigada en Cristo, caminando juntos en la Iglesia y permaneciendo “encarnados firmemente en el tejido sufriente y esperanzado del mundo del trabajo”.
Agradecer las vidas, renovar la entrega
La acción de gracias de Paloma Becerra, presidenta general de la HOAC, ha recogido esa historia desde la experiencia de quienes la han vivido y continúan construyéndola.
El recuerdo de Guillermo Rovirosa y de los primeros militantes ha abierto el reconocimiento a una fe encarnada en la cercanía de “un Dios cercano, amigo, pobre y trabajador, que comparte y se preocupa por la vida de los más débiles”.
Han cambiado profundamente las circunstancias de estas ocho décadas. Sin embargo, Becerra ha destacado dos rasgos que permanecen como razón de ser del movimiento: “la fidelidad a la Iglesia y la fidelidad al mundo obrero”.
El agradecimiento se ha dirigido a las mujeres y los hombres, laicos y sacerdotes, que se han entregado y siguen haciéndolo junto a quienes padecen las injusticias del mundo del trabajo. También ha habido un recuerdo especial para los militantes fallecidos este año, evocados como “esos luceros que brillan en la historia de nuestra vida apostólica”.

“Para cada uno de nosotros, la militancia ha supuesto una constante llamada a la coherencia entre la fe y la vida”, ha expresado. La formación y el equipo han contribuido a transformar la manera de mirar, discernir y actuar. En ese equipo, “nuestra escuela y taller”, el amor se concreta en servicio, acompañamiento y compromiso transformador.
La celebración ha contado también con Carmen Vidal, de CCOO; Joaquín Sánchez, de USO; Antonio J. Aranda, director del Departamento de Pastoral del Trabajo de la CEE; María Azargui, Nacho Morlanes y Brity Corral, de la JOC, y Emilio J. Gómez, presidente de Justicia y Paz.
Su presencia, junto con la comunidad parroquial y las distintas generaciones de militantes, ha expresado los vínculos que acompañan la trayectoria del movimiento. Becerra ha agradecido a las personas de diversas procedencias, creencias y filiaciones su cercanía: “Con vuestro acompañamiento y cuidado nos sentimos también fortalecidos y llamados a seguir en esta tarea”.
La presidenta ha recuperado las palabras de Francisco en el prólogo de Ahora más que nunca: “Ustedes se saben Iglesia, se saben Acción Católica enviada por la Iglesia a la misión de evangelizar el mundo del trabajo. Sigan siendo esto”.
La memoria de lo recibido ha desembocado así en una renovación de la entrega, mientras la Comisión General continúa trabajando sobre los próximos pasos de esa misión. Becerra lo ha expresado al concluir: “Seguimos diciendo, con el corazón encendido y la mirada puesta en el futuro: ¡Ahora más que nunca!”.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



