La financiación para responder a El Niño sigue siendo insuficiente pese a su potencial devastador

Oxfam Intermón alerta de que la financiación internacional destinada a preparar y responder a los efectos del fenómeno climático de El Niño resulta “gravemente insuficiente”, pese a que millones de personas en todo el mundo ya sufren sus consecuencias y a que los científicos advierten de que podría tratarse del episodio más intenso registrado hasta la fecha.
La organización humanitaria señala que El Niño ya está provocando incendios forestales, pérdidas masivas de cosechas y un agravamiento de la inseguridad alimentaria e hídrica en numerosas regiones del planeta. Según las previsiones, el fenómeno alcanzará su máxima intensidad entre este mes y abril de 2027.
Actualmente, la financiación global movilizada para la preparación y la respuesta humanitaria asciende a unos 450 millones de dólares, una cifra que Oxfam considera muy alejada de las necesidades previstas.
De ese total, el Fondo Central de Respuesta a Emergencias de Naciones Unidas ha comprometido hasta 100 millones de dólares, aunque solo 20 millones han sido desembolsados hasta ahora para seis países.
La ONG recuerda que durante el episodio de El Niño de 2015-2016, considerado hasta ahora uno de los más severos y que afectó a más de 60 millones de personas, se lanzó un llamamiento internacional por valor de 5.000 millones de dólares, del que llegaron a recaudarse cerca de 2.000 millones.
Pese a que durante la última Asamblea General de Naciones Unidas el secretario general, Antonio Guterres, junto a países como Vanuatu, India y Barbados, advirtió del agravamiento de la situación, no ha habido aún una resolución específica de la ONU sobre El Niño, una medida que en crisis anteriores contribuyó a movilizar recursos y apoyo político internacional.
“Este fenómeno de El Niño está afectando a un clima ya sobrecalentado por las desmesuradas emisiones de carbono de los países más ricos y contaminantes del mundo”, afirma la directora humanitaria de Oxfam, Marta Valdés García.
Según explica, la emergencia llega además en un momento especialmente delicado para el sistema internacional de ayuda. “La financiación disponible es insignificante comparada con la magnitud de esta amenaza sin precedentes y los daños que puede causar. Los preparativos ya llegan tarde”, advierte.
Valdés sostuvo que millones de personas afrontan el riesgo de perder sus cosechas, sufrir escasez de agua, inundaciones devastadoras y un aumento de la mortalidad, si no se incrementa con urgencia la ayuda internacional.
África, Asia y América Latina entre las regiones más afectadas
La organización indica que los países con menores ingresos llegan a esta crisis en una situación de especial vulnerabilidad, marcada por la deuda, la pobreza, la fragilidad de los servicios públicos y los conflictos armados.
A ello se sum, una reducción de aproximadamente un tercio de la ayuda internacional y de la financiación climática en los últimos tres años.
En África oriental y austral, alrededor de 62 millones de personas afrontan una creciente inseguridad alimentaria debido a las inundaciones y la sequía, sin olvidar el riesgo de hambruna en países como Sudán, Sudán del Sur y Somalia.
En la región del Sahel, los niveles de agua están disminuyendo en cerca del 80 % de los puntos de abastecimiento, con una situación especialmente preocupante en Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso y Chad.
La falta de precipitaciones también afecta ya a millones de personas en Asia y el Pacífico. Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Vanuatu, Fiyi y Tonga registran sequías, escasez de agua y un mayor riesgo de incendios forestales, mientras que Sri Lanka atraviesa su peor sequía de la última década.
En América Latina, la organización prevé que otros 16 millones de personas puedan verse afectadas por la inseguridad alimentaria durante los próximos meses. En Guatemala, Honduras y El Salvador, más de 70.000 hogares agrícolas han comunicado pérdidas en los cultivos de maíz y casi cuatro de cada cinco aseguran haber perdido entre el 75 % y el 100 % de sus cosechas.
Por su parte, en el suroeste de Asia y el norte de África, más de ocho millones de personas en Siria y Palestina sufren ya inseguridad alimentaria aguda, mientras Argelia, Marruecos y Túnez encadenan episodios recurrentes de sequía.
La directora de Oxfam en Sudán del Sur, Shabnam Baloch, señala de que el país se aproxima a “un punto de inflexión crítico”. Según explicó, cerca de ocho millones de personas, más de la mitad de la población, padecen inseguridad alimentaria aguda, mientras casi dos millones de niños sufren desnutrición aguda.
Un fenómeno que multiplica los riesgos
La ONG indica también de que la crisis podría impulsar aún más el encarecimiento de los alimentos, los combustibles y los fertilizantes, ya tensionados por el conflicto en Irán. En su opinión, ello provocará nuevas interrupciones en las cadenas de suministro y una mayor volatilidad de los mercados internacionales.
“El Niño es un fenómeno multiplicador. Siempre resulta más rentable actuar antes de que se produzca una crisis que intentar recomponer la situación después”, sostuvo Valdés García, quien instó a los gobiernos donantes a abandonar la “complacencia” y aumentar de forma urgente los fondos destinados a prevención y respuesta.
Ante la dimensión de la amenaza, Oxfam reclamó a los gobiernos un incremento inmediato de la financiación humanitaria basada en sistemas de alerta temprana y planes de actuación acordados localmente. Asimismo, pidió la condonación de las deudas insostenibles que limitan la capacidad de respuesta de numerosos países vulnerables.
La organización también defendió un aumento sustancial de las inversiones en adaptación climática, sistemas alimentarios resilientes, seguridad hídrica y mecanismos de respuesta liderados por las propias comunidades afectadas.
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