Las Kellys denuncian cargas de trabajo crecientes mientras las mejoras laborales siguen aplazadas

Las Kellys denuncian cargas de trabajo crecientes mientras las mejoras laborales siguen aplazadas
Las plantillas que limpian las habitaciones de hotel denunciaron esta semana en Barcelona que sus condiciones laborales continúan deteriorándose pese a más de una década de movilizaciones. En su concentración anual, celebrada en la plaza de Sant Jaume, reclamaron mejoras laborales, el reconocimiento de las enfermedades profesionales derivadas de su actividad y medidas que reduzcan la carga física de un trabajo que, aseguran, deja secuelas permanentes en miles de trabajadoras.

Cada 25 de agosto, desde hace doce años, el colectivo de las camareras de piso de hoteles, las Kellys, aprovecha para exigir cambios en un sector que consideran marcado por la sobrecarga de trabajo y la externalización de servicios. Este año han elaborado un Manifiesto Estatal de las Camareras de Piso en el que abogan por un nuevo modelo de organización del trabajo, el reconocimiento de enfermedades profesionales y medidas específicas para adaptar la jubilación a la dureza física de la profesión.

“Yo noquiero que estas mujeres terminen como yo, incapacitada para trabajar”, afirmó María del Mar Jiménez, presidenta de Las Kellys de Madrid, quien acudió al acto para visibilizar las consecuencias que, según explicó, le ha dejado su trayectoria profesional.

A través de la subcontratación, ahora con empresas de servicios, el convenio de aplicación resulta menos favorable que el de hostelería, lo que se traduce en diferencias salariales de entre 600 y 800 euros mensuales.

Las participantes en la protesta alertaron además de las consecuencias físicas y psicológicas de su trabajo. “Comenzamos el día con café, seguimos con paracetamol o Nolotil y acabamos con relajantes musculares y ansiolíticos para poder dormir”, relató Jiménez.

Las trabajadoras aseguraron que la presión para acondicionar las habitaciones en plazos muy ajustados, junto con la supervisión permanente y la exigencia de productividad, contribuye al desgaste físico y emocional. Muchas de ellas, afirmaron, recurren a relajantes musculares o ansiolíticos para poder afrontar la jornada o descansar por la noche.

Por su parte, desde la asociación Kellys Unión Baleares han advertido de que el crecimiento sostenido del turismo en el archipiélago está agravando los problemas laborales y sociales que afectan al sector, en un contexto marcado por la falta de vivienda asequible, la elevada carga de trabajo y el impacto de las enfermedades profesionales derivadas de la actividad.

Sin embargo, alertan, cada vez resulta más difícil cubrir las plantillas. La presidenta de Kellys Unión Baleares, Sara del Mar García, atribuye esta situación a la crisis habitacional que sufren las islas.

“Hay mucha gente que venía de la península a trabajar y que ya no está viniendo. No hay manera humana de pagar el excesivo precio del alquiler”, afirma García, camarera de piso en Mallorca desde hace más de dos décadas.

La organización recuerda que las trabajadoras han conseguido avances en los últimos años, aunque considera que aún quedan pendientes reclamaciones históricas como el reconocimiento de determinadas enfermedades profesionales, mejoras salariales y una regulación efectiva de la carga de trabajo.

“Hemos dejado de ser invisibles. Somos un pilar fundamental para mantener el funcionamiento de los hoteles”, sostiene la representante del colectivo.

Plantillas reducidas y creciente presión laboral

Las Kellys aseguran que la falta de personal está incrementando el volumen de trabajo por empleada. Algunas trabajadoras explican que pueden llegar a limpiar más de veinte habitaciones por jornada, mientras que en determinados establecimientos la cifra supera las treinta.

Marina, camarera de piso en la zona turística de Cala Millor y que utiliza un nombre ficticio para preservar su identidad, denuncia que el aumento de la ocupación hotelera no se ha traducido en mejores condiciones laborales.

“Estoy a fuerza de pastillas para poder trabajar todos los días. Estamos machacadas física y mentalmente por un salario que apenas da para pagar el piso y hacer la compra”, asegura.

La trabajadora relata además que, tras décadas en el sector, ha acumulado distintas lesiones musculares y problemas de salud relacionados con el esfuerzo físico continuado. También denuncia la presión derivada del ritmo de trabajo y de la necesidad de atender habitaciones cada vez más ocupadas.

“Hay días que te dan ganas de llorar y tirar la toalla. Vemos que los hoteles cada vez se llenan más en detrimento de nuestra salud”, añade.

Avances legislativos y reivindicaciones pendientes

Uno de los principales logros reivindicados por la asociación fue la incorporación en 2022, dentro de la normativa turística balear, de la obligación de instalar camas elevables en los hoteles para reducir los sobreesfuerzos físicos de las camareras de piso.

La medida obliga a los establecimientos a adaptar progresivamente sus instalaciones durante un periodo de seis años, con el objetivo de disminuir los riesgos ergonómicos asociados a las tareas de limpieza.

Las representantes de las trabajadoras también destacan como precedente relevante el acuerdo alcanzado en 2025 en la cadena hotelera Marsenses, que estableció jornadas de 32 horas semanales para las camareras de piso mayores de 58 años.

Pese a estos avances, las organizaciones del sector consideran insuficientes las medidas adoptadas hasta la fecha y reclaman extender las mejoras al conjunto de la hostelería.

Enfermedades laborales y estudios de carga de trabajo

Otro de los principales puntos de conflicto sigue siendo el reconocimiento de las patologías derivadas del trabajo. Las Kellys denuncian que numerosas lesiones musculoesqueléticas y trastornos asociados a la actividad repetitiva y al esfuerzo físico continuado no son reconocidos como enfermedades profesionales.

Ana Ordóñez, técnica de prevención de riesgos laborales de CCOO Baleares, señala que muchas trabajadoras desarrollan problemas de salud a edades relativamente tempranas sin que exista una atribución laboral clara de esas dolencias.

“Ellas empiezan a tener problemas de salud muy jóvenes y muchas de esas lesiones nunca se consideran de origen laboral”, explica.

En paralelo, sindicatos y patronal pusieron en marcha en 2023 una metodología pionera para medir las cargas de trabajo en los hoteles de Baleares, incluida en el convenio colectivo de hostelería que contempló además una subida salarial del 8,5 %.

Sin embargo, las trabajadoras consideran que la implantación de estos estudios está siendo lenta y que sus efectos todavía no se perciben de forma significativa en los centros de trabajo.

Manifiesto estatal

Ante esta situación, las camareras de piso han impulsado recientemente un Manifiesto Estatal de Camareras de Piso, documento en el que reclaman medidas comunes para todo el sector, entre ellas una regulación más estricta de las subcontrataciones, la adaptación de la edad de jubilación a la dureza del trabajo realizado y el establecimiento de ratios máximos de habitaciones por trabajadora.

Las representantes del colectivo sostienen que estas reformas son necesarias para garantizar condiciones laborales dignas en una actividad considerada esencial para el funcionamiento de una industria turística que continúa registrando cifras récord de visitantes y facturación.

La reivindicación de una jubilación adaptada a la dureza del trabajo de las camareras de piso también ha cobrado fuerza en el ámbito sindical. Coincidiendo con las demandas recogidas en el manifiesto, CCOO Servicios ha reclamado la convocatoria de la mesa de diálogo del sector de hostelería para acordar con la patronal la apertura del procedimiento legal que permita implantar coeficientes reductores de la edad de jubilación para este colectivo, al amparo del Real Decreto 402/2025.

El sindicato sostiene que lleva años defendiendo esta medida en distintos espacios institucionales, entre ellos el Congreso de los Diputados, el Ministerio de Trabajo, la Comisión del Pacto de Toledo y diversos parlamentos autonómicos. Según la organización, las condiciones de trabajo de las camareras de piso cumplen los requisitos exigidos por la normativa para acceder a mecanismos que permitan adelantar la edad de retiro.

CCOO argumenta que se trata de una profesión sometida a una elevada exigencia física y psicológica, con una importante incidencia de trastornos musculoesqueléticos, ansiedad, estrés crónico y consumo de medicación asociado a las condiciones laborales.

De acuerdo con datos citados por el sindicato, más del 95% de las camareras de piso presenta síntomas clínicos de ansiedad, el 70% convive con dolor muscular en distintas partes del cuerpo y el 71% recurre a medicamentos para paliar el dolor o el estrés.

“Son cifras incompatibles con cualquier discurso que pretenda negar la excepcional penosidad de esta profesión”, sostiene el responsable de CCOO Servicios Canarias, Borja Suárez, quien considera que el adelanto de la edad de jubilación no constituye un privilegio, sino una medida de protección ligada al desgaste acumulado durante décadas de trabajo.

Suárez afirmó que la aprobación del Real Decreto 402/2025 ha abierto una nueva vía para impulsar el reconocimiento de esta realidad, después de años en los que, según denunció, distintas reticencias empresariales dificultaron el inicio del procedimiento. “Hoy existe un camino administrativo que debe recorrerse con rigor técnico, pero también con voluntad política”, señaló.

El responsable sindical aseguró asimismo que la organización seguirá impulsando iniciativas legislativas, institucionales y de diálogo social para lograr que las camareras de piso puedan acceder a coeficientes reductores de jubilación.

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