Pastoral del Trabajo de Burgos alerta del deterioro de la salud mental y llama a atender el sufrimiento oculto

Pastoral del Trabajo de Burgos alerta del deterioro de la salud mental y llama a atender el sufrimiento oculto
En su último Encuentro de cristianos comprometidos con el mundo sindical, la Delegación de Pastoral del Trabajo de Burgos abrió un espacio de diálogo tan necesario como urgente: el deterioro de la salud mental provocado por un sistema laboral que desborda, precariza y hiere.

Ya son cinco los encuentros organizados por la delegación diocesana para la pastoral del trabajo de Burgos, que desde los años 90 se venían produciendo entre sindicalistas cristianos y el equipo de trabajo de la delegación de pastoral obrera. Con esta refundación se pretende acercar a la gente de las parroquias el trabajo y reflexión de los cristianos afiliados a sindicatos de diferentes ramas y sectores y conocer de primera mano ese compromiso militante y el conocimiento de la realidad laboral de nuestra provincia.

En esta ocasión el tema que nos ocupaba era el del deterioro de la salud mental por causas atribuibles al sistema de trabajo y su influencia en personas, familias, empresas y la sociedad en general. Vaya de antemano que se quedó corto el espacio y que hemos convenido en buscar otro momento para seguir profundizando en el tema.

El encuentro tenía lugar en los salones del Centro Comunitario del Espíritu Santo en Burgos, cercanos a la parroquia del mismo nombre y situada en el corazón obrero del barrio de Gamonal.

Participaron alrededor de veinte personas de diferentes procedencias y experiencias laborales, sindicales y parroquiales, y profesionales del mundo de la salud laboral, pero a las que les une la preocupación por el desarrollo y extensión del malestar psicológico del que somos testigos. Una problemática muchas veces invisible o invisibilizada que trunca los proyectos personales y familiares de muchas personas.

Aunque comenzábamos aportando una serie de cifras relacionadas con las bajas por enfermedades de este tipo, que superan las 600.000 anuales, las relacionadas con el suicidio (3.953 en el año 2024) o graves problemas físicos y mentales derivados de esos episodios, el diálogo quiso comenzar desde la experiencia.

Tras un breve silencio donde se nos invitaba a poner rostro y nombre de personas que en nuestro entorno habían sufrido esta situación, empezamos a compartir, con total libertad, esas situaciones.

Se fueron venciendo poco a poco los recelos y aparecieron dolorosos relatos de compañeros de trabajo que no han vuelto a ser los mismos, bajas por estrés y ansiedad en el sector educativo y en la industria, el acoso y presión empresarial sobre ciertos trabajadores buscando su salida de la empresa, hijos que buscan refugio en profesionales para expresar su frustración, ansiedad que se extiende hasta en los periodos de vacaciones que impide la desconexión laboral…

Al escuchar cada intervención se intuían las causas que llevan a estas situaciones: la presión en el trabajo, la inestabilidad, la búsqueda de la eficiencia y el beneficio económico, las malas condiciones de trabajo y la precariedad. Pero también elementos de tipo social como la pérdida como sociedad del sentido subjetivo del trabajo como elemento que dignifica y construye humanidad, la falta de recursos y herramientas personales y sociales para afrontar el fracaso, las dificultades, el miedo…

Un fracaso social que duele

Con cada aportación se enriquecía el diálogo y se iba construyendo una imagen mucho más fiel y real de la situación, y a la vez, mucho más dramática, intensa y amplia que origina una sensación compartida de fracaso social ante quienes sufren estas situaciones.

Una parte del diálogo se centró en la situación del mundo juvenil, de los problemas para su acceso al trabajo y la diferencia generacional que supone al contrastar con las formas de afrontar el empleo con las generaciones anteriores. Sobre la mesa la necesidad de entender estos cambios de actitud ante el trabajo, buscando otros fines y priorizando otras experiencias vitales como respuesta, en muchas ocasiones, a la experiencia de ver como sus padres sufrían unas condiciones de trabajo que no les satisfacían, lo que genera tensión en la propia vida familiar.

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En otro momento del diálogo derivamos hacia lo que el trabajo supuso para los trabajadores y que se veía reflejado en experiencias de gran satisfacción por el trabajo bien hecho, por la unión entre los propios trabajadores, las luchas que recuperaban derechos para todos.

Muchas de esas experiencias se han perdido para muchos trabajadores por el sistema de producción, las condiciones laborales, la flexibilidad, la pérdida de la vocación…

Hoy, para una buena parte de los trabajadores, el empleo solo es un medio para conseguir bienestar a través del salario. Hoy la cultura neoliberal precisa de mano de obra que perpetúe el sistema de producción y consumo sin preguntas, sin esperanza, sin más ilusión que un salario más o menos justo a final de mes.

¿Qué podemos hacer ante esto? Es la pregunta que surgía en los postreros momentos del encuentro. Una difícil cuestión para un tema tan oscuro y siniestro como lo es la salud mental. Pero fueron surgiendo algunos retos, cuestiones pequeñas, de aparente facilidad para quienes allí estábamos y para compartir con otros.

Lo principal es no esconder la realidad, visibilizar y tomar conciencia de lo que supone esta situación en nuestras familias, en los barrios y parroquias, en el seno de nuestra propia Iglesia. El acompañamiento se consensuaba como la mejor estrategia que podíamos abordar desde nuestra realidad. Mostrar empatía y cercanía, encarnarnos en la realidad sufriente de estas personas. La denuncia profética es un elemento que comunitariamente debemos aceptar y asumir. Aquí, desde la delegación de la pastoral del trabajo recogemos el reto de ser altavoz que visibiliza, denuncia y acompaña esta realidad y trabajar por que la Iglesia sea un baluarte social que primerea a las víctimas y se hace evangelio en sus realidades.

La gozosa experiencia del encuentro y el diálogo compartido, acompañada de un zumo y unas pastas sirvió para concluir este encuentro con una llamada a no abandonar esta reflexión.

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