“El trabajo es para la vida”

“El trabajo es para la vida”

Casi una semana después,
y la noticia vuelve a nacer sin rostro,
como si la muerte aprendiera a escribirse en frío:
hora, lugar, edad…
y después, silencio.
Pero nosotros no sabemos leer así la vida.
No queremos.

Porque no es un número.
Es tu hijo, Señor.
Cincuenta y cinco años de pan amasado despacio,
de manos en la tierra,
de vida sembrada en una granja de San Román-Alava.
Y junto a él,
los dos transportistas de esta semana:
uno bajo el peso del serrín,
otro apagándose en la soledad de su cabina.

Tres nombres que no caben en ninguna estadística.
Tres historias que gritan
que el trabajo no puede ser tumba,
que el trabajo es —y debe ser— para la vida.

Y en esta misma semana,
cuando también nos duelen las despedidas
de dos hermanos militantes,
HOAC en camino:
Diego Márquez
y Fermín Isaac Rodrigo,
que no dejaron que la muerte fuera anónima,
que nos enseñaron a poner rostro,
a organizar la esperanza,
a no callar ante la injusticia.

Ellos nos dejan el testigo,
como quien deja encendida una luz en medio del tajo:
Servir…
aunque no haya aplauso.
Cuidar…
aunque el sistema descarte.
Sostener…
cuando todo empuja a caer.
Caminar juntos…
aunque cueste.
Amar hasta el extremo…
aunque duela.

Y entonces, en vísperas de mesa y toalla,
tu Hijo nos susurra bajito:
“No hace falta una palangana perfecta…
ni una toalla preparada…
hace falta un corazón dispuesto.”

Señor,
¿cómo lavar los pies
cuando la sangre sigue en el suelo del trabajo?
¿Cómo arrodillarnos sin recordar
a quienes no volvieron a casa?

Enséñanos a lavar como Tú:
a tocar las heridas del mundo obrero,
a limpiar el polvo que mata,
a denunciar lo que mata,
a organizarnos para que nadie más falte.

Que estos hermanos no se vayan del todo.
Que si han cruzado la puerta,
nos dejen su sombra:
sombra de lucha,
de conciencia despierta,
de comunidad que no se resigna.

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Y que su memoria nos levante,
como pan partido en la mesa,
como llamada en medio de la noche:
a vivir,
a cuidar,
a pelear la vida.

Por todos los caídos
en el campo del trabajo y de la lucha obrera,
por los que no tuvieron nombre en las noticias,
por los que siguen poniendo el cuerpo cada día:
dales, Señor, descanso.
y a nosotros,
corazón dispuesto.

Amen.