Los obispos europeos piden una directiva que vincule clima, trabajo decente y justicia social

Los obispos europeos piden una directiva que vincule clima, trabajo decente y justicia social
FOTO | Parlamento Europeo
La Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) reclama que la transformación ecológica vaya acompañada de diálogo social, anticipación de los cambios industriales y apoyo concreto a los territorios y a las personas trabajadoras

Los obispos europeos han instado a los eurodiputados a respaldar el informe sobre la futura Directiva sobre una transición justa en el mundo del trabajo: garantizar la creación de empleo y revitalizar las economías locales, en vísperas de su votación en el Parlamento Europeo, prevista para el próximo 20 de enero, subrayando que la respuesta climática de la Unión no puede desligarse de la justicia social ni de la protección de las personas trabajadoras y sus comunidades.

En su documento de posición, titulado Una transición justa que proteja la dignidad humana, el trabajo y las comunidades, la COMECE advierte de que el compromiso europeo con la transformación ecológica, aunque “necesario y urgente”, plantea “profundas cuestiones sociales, económicas y éticas”, especialmente en las regiones industriales donde persiste el temor a quedar atrás o a que “sus hijos se vean obligados a abandonar sus regiones de origen en busca de un trabajo digno”.

“No como una amenaza, sino como un empeño compartido”

La organización eclesial europea pone el acento en la dimensión democrática del proceso de cambio. A su juicio, la transición solo será viable si la ciudadanía la percibe como justa y participada. “Para que la transición ecológica tenga éxito, debe ser vivida por la ciudadanía no como una amenaza, sino como un empeño compartido y esperanzador”, afirma el texto, que añade que el cambio “debe configurarse con quienes se ven afectados por él, no imponerse sobre ellos”.

Desde esta perspectiva, la organización eclesial europea alerta de los riesgos políticos y sociales de una transformación percibida como injusta. “Una transición percibida como injusta corre el riesgo de debilitar aún más una confianza democrática ya frágil y de socavar el apoyo público a largo plazo a la acción climática”, subraya.

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El trabajo como eje de dignidad y cohesión social

El documento conecta explícitamente la agenda climática con la Doctrina Social de la Iglesia, a la luz de la encíclica Laudato si’ recuerdan que “la responsabilidad ecológica y la justicia social son inseparables” y que valores como “la dignidad humana, el valor del trabajo, la solidaridad entre generaciones y territorios, y el cuidado del bien común deben permanecer en el centro de la respuesta de Europa”.

En esta línea, el episcopado europeo reivindica una comprensión amplia del empleo, más allá de su dimensión económica. “El trabajo no es solo una actividad económica. Es una fuente de dignidad, realización personal, estabilidad familiar y participación social”, afirma el texto. Por ello, advierte de los efectos de los procesos industriales mal planificados: “Las reestructuraciones industriales abruptas y mal anticipadas […] pueden perjudicar profundamente a los trabajadores, a las familias y a comunidades enteras”.

“Planificar el cambio antes de que se convierta en una crisis”

La voz de la Iglesia en la Unión Europea considera que la transición justa debe basarse en políticas públicas que se adelanten a los impactos sociales de la transformación productiva. “Planificar el cambio antes de que se convierta en una crisis es una expresión de prudencia y responsabilidad”, sostiene el documento.

Entre las medidas concretas, reclama “la evaluación temprana de las necesidades de competencias, el acceso a la formación y a la recualificación profesional, así como la participación significativa de los trabajadores en la configuración de su futuro profesional”. En este punto, insiste en que “la anticipación no es una carga administrativa, sino una salvaguarda frente a la desarticulación social y la pérdida económica a largo plazo”.

Diálogo social frente a la fragmentación

El texto dedica un apartado específico al papel del diálogo social como base de la cohesión y la estabilidad democrática. “La paz social no se alcanza por casualidad, sino mediante la justicia, el diálogo y la responsabilidad compartida”, afirma, reclamando la implicación de autoridades públicas, empleadores y representantes de los trabajadores en los procesos de cambio.

La COMECE advierte de las consecuencias de excluir a las comunidades afectadas: “Las transiciones llevadas a cabo sin una consulta adecuada corren el riesgo de alimentar el miedo, la resistencia y la fragmentación social”, abriendo la puerta a discursos que buscan “detener por completo la transición en lugar de mejorarla”.

Empleo de calidad y cohesión territorial

En un contexto marcado por la competencia global y la incertidumbre geopolítica, los obispos europeos subraya que la agenda climática debe ir de la mano de una estrategia industrial y social sólida. “La pérdida de empleos de calidad y de conocimiento industrial no solo debilita la competitividad, sino también la cohesión regional y la resiliencia social”, advierte.

Por ello, llama a “apoyar el empleo de calidad, retener las competencias dentro de Europa, fortalecer las cadenas de valor y acompañar a las regiones y comunidades que afrontan transformaciones estructurales”, en coherencia con la visión de la “ecología integral” de Laudato si’, que promueve “transiciones que no dejen a nadie atrás”.

“No solo un desafío técnico, sino moral”

El posicionamiento realiza una apelación ética a los responsables políticos europeos. Para la Comisión Episcopal de la UE, la transición justa “no es solo un desafío técnico o económico, sino también moral”, que exige “solidaridad entre generaciones, territorios y grupos sociales, y una atención especial a quienes están más expuestos al cambio”.

Finalmente, invita a evaluar las futuras iniciativas legislativas a la luz de criterios concretos: “si realmente protegen la dignidad del trabajo, fortalecen el diálogo social, respetan la subsidiariedad y apoyan a quienes se ven más afectados por la transformación”.

Solo así, sostiene, “una transición humana, inclusiva y socialmente justa podrá unir a Europa y asegurar un apoyo duradero a la transformación ecológica necesaria para el bien común”, concluyen.