El mundo se aleja de la meta del trabajo decente

El progreso hacia el trabajo decente se estanca. La tasa de desempleo global se mantiene estable en torno al 4,9%, lo que implica que 186 millones de personas no encuentran un empleo, mientras el 60% de la fuerza laboral del mundo trabaja en la informalidad, sin protección social, sin derechos y sin estabilidad.
“El crecimiento resiliente y las cifras estables de desempleo no deben distraernos de una realidad más profunda: cientos de millones de trabajadores siguen atrapados en la pobreza, la informalidad y la exclusión”, afirmó el director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo.
La radiografía del panorama laboral del mundo, según el informe Tendencias Sociales y del Empleo 2026 que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) acaba de presentar, no parece muy halagüeño.
La pobreza laboral que atrapa a personas con empleo que no logran suficientes ingresos para alcanzar el nivel de vida medio en cada país, afectaba 284 millones de personas, en 2025. La proporción de personas trabajadoras con ingresos inferiores a tres dólares diarios se situó en el 7,9%.
El porcentaje de trabajadores pobres apenas ha disminuido 3,1 puntos porcentuales en la última década, un avance muy inferior al registrado en periodos anteriores, cuando se lograron reducciones significativas. En la década anterior el descenso de la pobreza laboral fue de 15 puntos porcentuales.
En los países de ingresos bajos, la situación es aún más grave: el 68 % de los trabajadores se encuentra en condiciones de pobreza extrema o moderada.
Seis de cada diez trabajadores carece de protección, derechos o estabilidad
A esta realidad se suma la persistencia de la informalidad, que es un concepto más amplio aunque tenga relación que la economía sumergida, sigue siendo el principal obstáculo para garantizar trabajo decente.
En 2026, según las previsiones, habrá 2.100 millones de personas trabajando en la economía informal, lo que equivale a cerca del 60% del empleo mundial.
Esta tendencia se concentra especialmente en África y Asia Meridional, donde la falta de transición hacia sectores de mayor productividad frena cualquier mejora sustancial en la calidad del trabajo.
El informe advierte que la movilidad de los trabajadores hacia actividades económicas más productivas se ha reducido a la mitad en los últimos veinte años, lo que limita el crecimiento de la productividad y perpetúa los déficits de trabajo decente.
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Mujeres y jóvenes salen peor parados
La situación se complica aún más por las desigualdades de género y las dificultades que enfrentan los jóvenes.
Las mujeres representan solo dos quintas partes del empleo mundial y tienen 24 puntos menos de probabilidad de participar en la fuerza laboral que los hombres.
Esta brecha no se explica por diferencias en las tasas de desempleo, que son similares entre ambos sexos, sino por barreras estructurales vinculadas a normas sociales y estereotipos que restringen el acceso de las mujeres al mercado laboral.
Además, la incidencia del déficit de empleo es más alta entre ellas, lo que refleja una mayor vulnerabilidad frente a la informalidad y la pobreza laboral.
Por su parte, los jóvenes se enfrentan a un panorama igualmente preocupante. El desempleo juvenil alcanza el 12,4%, mientras que 257 millones de jóvenes se encuentran en situación de inactividad total, sin estudiar, trabajar ni recibir formación.
En los países de bajos ingresos, esta proporción llega al 27%, lo que supone una pérdida masiva de capital humano y una amenaza para el desarrollo futuro.
El impacto de la inteligencia artificial
La adopción acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial añade incertidumbre, ya que podría agravar las dificultades para los jóvenes con educación superior que buscan empleos cualificados, especialmente en economías avanzadas.
“Si bien el impacto total de la Inteligencia Artificial en el empleo juvenil sigue siendo incierto, su magnitud potencial justifica un seguimiento estrecho”, señala el informe.
Según el informe, los jóvenes con mayor nivel educativo son también los más expuestos al riesgo de automatización en ocupaciones de alta calificación, lo que plantea interrogantes sobre la adecuación de los sistemas educativos y la capacidad de las economías para generar empleos de calidad en un contexto de transformación tecnológica.
El informe también advierte sobre el estancamiento del crecimiento de la productividad y de los salarios reales. En los países de ingresos bajos, el débil aumento de la productividad impide la convergencia con las economías más desarrolladas, mientras que los salarios no han recuperado los niveles previos a la inflación.
La participación de la renta del trabajo en el ingreso mundial se mantiene en el 52,6%, por debajo del 53% registrado en 2019, lo que evidencia que los incrementos salariales no acompañan el ritmo de la productividad.
Esta situación refleja que incluso en contextos de crecimiento económico moderado, los beneficios no se distribuyen de manera equitativa entre los trabajadores, lo que contribuye a la persistencia de la desigualdad.
La incertidumbre en el comercio
El comercio internacional, tradicionalmente un motor de empleo, muestra señales ambiguas. Actualmente, sostiene 465 millones de puestos de trabajo, equivalentes al 15,3% del empleo mundial, con más de la mitad concentrados en Asia y el Pacífico. Los servicios digitales representan ya el 14,5% de las exportaciones globales, muestra de la creciente importancia de la economía digital en los intercambios internacionales.
Sin embargo, la incertidumbre comercial y los cuellos de botella en las cadenas de suministro están reduciendo los salarios, con pérdidas estimadas de hasta el 0,45% en Asia Sudoriental y el 0,3% en Europa.
Esta situación amenaza con frenar el potencial del comercio para generar empleo de calidad, especialmente en los países más pobres que permanecen al margen de los flujos globales.
Aunque el comercio puede ser un motor poderoso del trabajo decente, la falta de integración de las economías de ingresos bajos en las cadenas globales limita su capacidad para beneficiarse de los intercambios internacionales.
Ante este panorama, la OIT subraya la necesidad de una acción coordinada entre gobiernos, empleadores y trabajadores para revertir los déficits de trabajo decente.
Las recomendaciones incluyen impulsar la productividad mediante inversiones en educación, competencias e infraestructura, reducir las brechas de género y juventud eliminando barreras estructurales, aprovechar la tecnología de manera responsable para que la automatización no se traduzca en exclusión, y fortalecer los vínculos entre comercio y empleo digno para que los beneficios del comercio global lleguen a todas las regiones.
La necesidad de cooperación internacional
También se requiere una mayor cooperación internacional para mitigar los riesgos derivados de la deuda, la inteligencia artificial y la incertidumbre comercial, mediante políticas coherentes y coordinadas que refuercen las instituciones laborales y promuevan la justicia social.
“A menos que gobiernos, empleadores y trabajadores actúen conjuntamente para aprovechar la tecnología de manera responsable y ampliar las oportunidades de empleo de calidad para mujeres y jóvenes, los déficits de trabajo decente persistirán y la cohesión social estará en riesgo”, señala Houngbo.
El informe concluye que el mundo se encuentra en una encrucijada. La estabilidad aparente del desempleo no debe ocultar la realidad de millones de trabajadores atrapados en la pobreza y la informalidad.
La falta de avances en la calidad del empleo, combinada con los desafíos demográficos, tecnológicos y comerciales, exige respuestas urgentes y sostenidas. El trabajo decente no es solo una aspiración justa, sino una condición indispensable para garantizar sociedades más equitativas y economías más resilientes.

Redactor jefe de Noticias Obreras



