Trabajo indigno, vida indecente

Quedamos con Nadia y Jamal*, ya previamente sabíamos parte de su historia, su penosa historia, y por ello nos llamó poderosamente la atención. Ambos son pareja, nacidos en Marruecos y los dos tienen 34 años. Después de los saludos, comenzamos la entrevista.
¿Sois pareja, tenéis más familia?
Sí, los dos tenemos dos hijos de una relación anterior y están en Marruecos, tenemos padres también allí. –Yo no tengo madre– interrumpe Nadia a Jamal, él es de Agadir y ella de Meknes.
¿Cuándo os vinisteis a España?
Primero vine yo solo –dice Jamal–, en 2020 y ella en 2021. Él estaba trabajando en un invernadero en una localidad del poniente y más tarde llega ella. –Yo venía de Huelva, de trabajar en la fresa –nos dice–, y llegué al mismo sitio donde estaba Jamal y comenzamos a trabajar juntos para el mismo jefe en un invernadero, hace ya dos años y medio.
¿Cómo empieza ese trabajo con este jefe?
Nadia empieza trabajar con él y le dice si yo puedo trabajar también para él –comenta Jamal. Nos continúa contando Nadia–. Él nos dice que si queremos trabajar para él nos deja una casa, «os doy un empadronamiento» y también nos comenta que la casa no tiene luz, ni agua, ni nada, pero que luego en dos meses nos daría la luz, el agua y el empadronamiento.
¿Y os puso luz y agua?
Después de dos años, no hay nada –dice Jamal con un gesto de enfado–. Yo llevo cuatro años en España y no he conseguido un empadronamiento, me pedían ochocientos o mil euros.
¿En qué consistía vuestro trabajo?
El trabajo era para los dos igual, yo era el encargado –dice Jamal–, sembramos calabacines, ella igualmente cogía las cajas que más pesan. –Incluso también usaba yo la máquina de sulfatar –añade Nadia.
¿El jefe os pagaba todos los meses?
Sí, cuando llega el mes segundo, nos paga el primero, siempre llevaba un mes de retraso, pero luego se alargaba más y nos pagaba después de cuatro meses y ahora nos debe cinco meses, desde mayo a octubre –explican entre ambos.
¿Cuánto os pagaba al mes?
Las horas que echábamos, mil, mil trescientos, ochocientos…, algún día trabajábamos seis horas, otros nueve, otros once, algún día catorce horas. Un día hasta las doce de la noche, ¡hasta las doce de la noche! –exclama Jamal–, quince horas trabajamos ese día.
Contenido exclusivo para personas o entidades suscritas. Para seguir leyendo introduce tus datos o suscríbete aquí. Si no los recuerdas, haz clic aquí
TÚ CUENTAS
Manda tu historia o danos una pista: redaccion@noticiasobreras.esmigrantes
WhatsApp: 629 862 283

Militante de la HOAC de Almería