La extrema derecha y los derechos laborales

La extrema derecha y los derechos laborales
Foto | Anthony Crider (wikimedia commons)
Es muy interesante la lectura del último número de Infor, Boletín del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC), dedicado a analizar lo que supone la extensión de la extrema derecha en muchos lugares del mundo.

Los artículos recogen la experiencia de movimientos de trabajadores cristianos de África, Asia, América Latina y Europa.

Hay un aspecto de las políticas de la extrema derecha que no se destaca suficientemente, cuando es muy importante: sus políticas laborales y su manera de entender los derechos laborales. Aunque quiere aparentar lo contrario, en ese y en otros aspectos la extrema derecha no es sino un neoliberalismo autoritario. Las políticas neoliberales han creado las condiciones para la expansión de las políticas de extrema derecha y estas son, con sus particularidades en cada lugar del mundo, una expresión extrema del neoliberalismo. Hace ya algunos años, en 2019, un recomendable libro colectivo, Neofascismo. La bestia neoliberal (1), lo mostraba con claridad. En el prólogo del libro, Isaac Rosa lo expresaba así: «Los nuevos fascismos mantienen una fuerte vinculación con los mercados, el poder financiero y el capitalismo global. Los estragos causados por el neoliberalismo (…) han preparado el terreno para que emerja un nuevo fascismo que, lejos de combatir el neoliberalismo causante, se ofrece a él para llevar su hegemonía aún más lejos (…) optando por fórmulas autoritarias para asegurar ese dominio».

En las políticas de la extrema derecha es central el discurso de la construcción de enemigos. Los derechos laborales, los derechos sociales y la protección social son uno de esos enemigos. Y particularmente lo son los sindicatos que defienden esos derechos. Las políticas antisindicales son uno de los elementos más comunes a la extrema derecha en todos los lugares del mundo. No es ninguna casualidad que coincidan en ello con las políticas antisindicales de las grandes corporaciones que son las que, en gran medida, financian a la extrema derecha.

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Las políticas laborales de la extrema derecha son un reflejo del autoritarismo del mercado que pretende, a costa de lo que sea, «mano de obra» barata y muy flexible. No quiere personas trabajadoras sino «mano de obra». Se trata de lograr el trabajo sin derechos y con escasa protección social para el mejor sometimiento de las personas a las exigencias de la rentabilidad. Se pretende restringir al máximo el derecho de huelga y la capacidad de la negociación colectiva, reduciéndola al ámbito de las empresas. Y, por contra, «aligerar la carga social» de las empresas, es decir, sus costes sociales y una mayor reducción de sus impuestos. Esas políticas desembocan en un individualismo radical, en la extrema individualización de las relaciones laborales. Se trata de destruir a los trabajadores y trabajadoras como sujeto colectivo, de ahí su profundo antisindicalismo. Y también desembocan en el desprecio y culpabilización de los pobres. Como señala el papa Francisco, «el desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utiliza demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos» (Fratelli tutti, 155). La extrema derecha se caracteriza por ambas cosas.

1 Editorial Siglo XXI, Madrid 2019. Para lo que aquí nos ocupa, es particularmente interesante el capítulo de Joaquín Pérez Rey y Adoración Guamán, Derecho del trabajo del enemigo: aproximaciones histórico-comparadas al discurso laboral neofascista, pp. 137-170.