La experiencia de la HOAC llega a una parroquia de barrio obrero en clave sinodal

La Parroquia de Nuestra Señora del Sagrario, situada en la Colonia de la Prensa de Carabanchel (Madrid), abrió el curso pastoral con una asamblea comunitaria inspirada en el estilo sinodal que propone la Iglesia.
La tarde de sábado comenzó de forma sencilla, alrededor de un café compartido que favoreció las conversaciones espontáneas y la creación de vínculos entre personas de distintas edades, procedencias y trayectorias.
El objetivo del estilo sinodal no es tanto acometer giros inesperados e innovaciones extrañas como revitalizar los vínculos comunitarios, reforzar las actividades ya en marcha y explorar formas nuevas de seguir anunciando y testimoniando, en estos tiempos cambiantes, la Buena Noticia.
Varios integrantes de la comunidad pusieron rostro concreto a cada una de las muchas realidades que acoge la parroquia. Representantes de los ámbitos de Liturgia, Economía, Catequesis, Cáritas,Vida Religiosa y del laicado organizado compartieron su compromiso cotidiano y sus apuestas para sostener y enriquecer la vida parroquial.
Entre ellas una joven migrante procedente de Honduras, que compartió su proceso de integración en la comunidad parroquial, con sus sombras, alguna, y sus luces, muchas.
Intervino también el militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Madrid, José Fernando Almazán, trabajador en la actualidad de una cooperativa de trabajo asociado dedicada a la energía solar.
Una comunidad entrañable
“La parroquia es ya un lugar entrañable para nosotros”, señaló en referencia a su esposa Paloma, actual presidenta de la Comisión Permanente de la HOAC, con quien asiste periódicamente a sus celebraciones y donde ha encontrado una comunidad que celebra la fe, pone en común las preocupaciones de cada semana y reconoce la presencia de un Dios que acompaña la vida cotidiana.
Al abordar los signos de esperanza, subrayó la creciente participación de quienes han llegado más recientemente a la parroquia, especialmente personas jóvenes y procedentes de otros países.
El hecho de que “los más nuevos, los más jóvenes, los que vienen de lejos” se sienten cada vez más cerca del altar expresa, confesó, la capacidad de acogida e integración. Una experiencia vivida por él mismo y su familia.
De paso, invitó a estar atentos a las inercias que pueden dificultar la renovación eclesial: como el manido “siempre se ha hecho así”, la comodidad de lo conocido o la tentación de considerar que la antigüedad en una comunidad otorga una posición de privilegio.
Desde su experiencia en la HOAC, movimiento acostumbrado a leer los cambios sociales y laborales desde la fe, recordó que la Iglesia afronta un contexto muy distinto al de décadas anteriores, lo que exige también actualizar las formas de acompañar, celebrar, relacionarse y anunciar el Evangelio a una realidad cada vez más plural.
“Estamos en un cambio de época”, reconoció, animando a vivir esas transformaciones con esperanza y no desde el miedo o el pesimismo.
En la parte final de su testimonio, Almazán compartió el que considera un reto esencial para la comunidad: fortalecer una cultura de acogida que trascienda los límites del templo y alcance también la vida del barrio.

“Que seamos capaces de ofrecer gestos y espacios para la acogida, el encuentro y la fraternidad”, propuso, recordando que la llamada cristiana pasa por reconocer en cada persona a un “hermano o una hermana”, especialmente en una sociedad donde con frecuencia prevalecen la indiferencia, el individualismo o la búsqueda de espacios cerrados y seguros.
Tras los testimonios, llegaron las conversaciones en el Espíritu, característica del proceso sinodal. Repartidos en pequeños grupos, los participantes compartieron primero los frutos de su reflexión personal, después las resonancias que les habían suscitado las aportaciones de los demás y, finalmente, el discernimiento comunitario sobre los principales desafíos y llamadas para el futuro de la parroquia.
La asamblea sinodal se cerró con un gesto cargado de simbolismo: la plantación de un olivo en el patio parroquial. Después, la comunidad celebró la Eucaristía presidida por el vicario pastoral de la diócesis, José Luis Segovia.
Con ella quedaba inaugurado un nuevo curso en esta parroquia de barrio que sigue poniendo en práctica la escucha, la inclusión y el compromiso con la realidad social que la rodea.
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Redactor jefe de Noticias Obreras



